• jueves, 23 de septiembre de 2021
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SOCIEDAD

De militar a religioso: 500 años desde que Ignacio de Loyola cayó herido en Pamplona

Fundada por San Ignacio de Loyola, la Compañía de Jesús estuvo animada desde el principio por el celo misionero y a día de hoy cuenta con alrededor de 17.000 miembros en todo el mundo.

Estatua de Ignacio de Loyola en la avenida de San Ignacio de Pamplona. PABLO LASAOSA
Estatua de Ignacio de Loyola en la avenida de San Ignacio de Pamplona. PABLO LASAOSA

Hace exactamente 500 años, el 20 de mayo de 1521, San Ignacio de Loyola cayó herido en Pamplona

Íñigo López de Loyola nació en 1491 en Azpeitia, Guipúzcoa. Pronto se quedó huérfano junto a sus diez hermanos que provenían de una familia de renombre, aunque sin pertenecer a la alta nobleza.

Su infancia la pasó en el valle de Loyola criado por una campesina cuyo marido trabajaba en la herrería de su padre, quien quiso conducirle hacia el clero. Sin embargo, Íñigo lo rechazó por el atractivo que sentía hacía la vida caballeresca

Para perseguir su sueño de convertirse en caballero, se fue a Castilla junto al ministro del rey Fernando el Católico, Juan Velázquez de Cuéllar y pasó de vivir en una casa-torre a un palacio, el mismo en el que se criaría el nieto de Fernando el Católico. Fue allí, en la corte, donde se formó el carácter y los modales de Íñigo de Loyola.

Sin embargo, al morir Velázquez de Cuéllar, Íñigo se trasladó a la corte del duque de Nájera y virrey de Navarra, Antonio Manrique

Bajo sus órdenes, participó en la defensa de la ciudad de Pamplona del ejército francés. Durante la batalla, una bala de cañón le fracturó una pierna y le lesionó la otra al posicionarse en primera línea con lo que consiguió mantener el baluarte en pie.

Tras caer herido en Pamplona, fue conducido a la casa fuerte de Loyola para que falleciera con su familia. Sin embargo, Íñigo estuvo transitando durante más de un mes entre la vida y la muerte, pero sobrevivó.

DE CABALLERO A FERVIENTE RELIGIOSO

Durante su larga convalecencia, pudo leer multitud de libros religiosos sobre vidas de santos, donde encontró una paz desmedida. Decía que cuando contemplaba sus hazañas se tranquilizaba y se sentía animado a imitarlos.

Tras recuperarse de las heridas de la batalla, viajó a Cataluña para velar las armas ante la virgen de Montserrat. Desde el puerto de Barcelona iba a embarcarse hacia Italia; sin embargo, la actual capital de Cataluña padecía una epidemia de peste, e Íñigo tuvo que detenerse en Manresa, donde vivió un largo periodo de aislamiento.

Posteriormente, logró llegar a Jerusalén, en Tierra Santa, donde recorrió los santos lugares y demostró su fervor religioso.

En enero de 1524 volvió a Venecia, para después instalarse en Barcelona para estudiar. Después se fue a Alcalá de Henares, donde vivió en la pobreza en el Hospital de Antezana. Allí comenzó a predicar por las calles consiguiendo los primeros compañeros y seguidores de su doctrina. 

Más tarde, se fue a la Universidad de Salamanca, donde empezó estudios de gramática, filosofía y teología, para terminarlos en París, donde adoptó el nombre de Ignacio, como homenaje al santo de Antioquía, a quien admiraba por su amor a Cristo y su obediencia a la Iglesia. Estos dos rasgos serían más tarde los pilares fundamentales de la Compañía de Jesús. 

LA COMPAÑÍA DE JESÚS

Para 1534, tenía seis seguidores: el navarro Francisco Javier, Pedro Fabro, Alfonso Salmerón, Diego Laínez, Nicolás Bobedilla y Simón Rodrigues. Fue en agosto de ese mismo año cuando los siete miembros de esta nueva orden realizaron la profesión de fe en la iglesia de Sant Pierre de Montmartre.

Tras fundar la Sociedad de Jesús, como era inicialmente conocida, viajaron a Roma para ponerse a las órdenes del papa Pablo II, quien les dio la aprobación y les permitió ordenarse sacerdotes.

San Ignacio de Loyola permaneció en la capital de Italia para coordinar las actividades de la Compañía y ocuparse de los pobres, los huérfanos y los enfermos, hasta el punto de que se le conoce como “el apóstol de Roma”.

Falleció el 31 de julio de 1556 y fue canonizado en mayo de 1622 por el papa Gregorio XV. Sus restos se conservan en la iglesia de Jesús en Roma.

La Compañía de Jesús estuvo animada desde el principio por el celo misionero y a día de hoy cuenta con alrededor de 17.000 miembros en todo el mundo.


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