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La Iglesia pone en marcha su campaña por el Trabajo Decente para "poner fin a la lacra de la precariedad laboral"

Han denunciado una "economía donde la persona es un mero instrumento utilizado en función de los intereses que marca el mercado".

Imagen de un trabajador forestal ascendiendo a un árbol para proceder a talar una de sus ramas ARCHIVO
Imagen de un trabajador forestal ascendiendo a un árbol para proceder a talar una de sus ramas ARCHIVO  

Este sábado se celebra la Jornada Mundial por el Trabajo Decente impulsada por la Organización Internacional del Trabajo, el movimiento sindical mundial y el movimiento mundial de trabajadores cristianos.

Por ello Cáritas, CONFER, HOAC, Justicia y Paz, JEC y JOC, apoyan la iniciativa 'Iglesia por el Trabajo Decente' con el objetivo de "poner fin a la lacra de la precariedad laboral que caracteriza el actual mercado de trabajo". Así, durante este mes, se convocarán en las diócesis del país, gestos y actividades públicas para sensibilizar y visibilizar la importancia de extender en la sociedad y en la Iglesia la defensa de unas mejores condiciones laborales.

Estas asociaciones han dejado claro que la lucha por el trabajo decente no es algo ajeno en la Iglesia y, en el manifiesto difundido con motivo de la Jornada, han recordado que forma parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible definidos en la Agenda 2030 aprobada hace dos años por las Naciones Unidas.

LOS PILARES DEL 'TRABAJO DECENTE'

Un trabajo decente, afirman, “garantiza", entre otros, "un salario mínimo vital, la libertad de asociación sindical, la participación de quienes trabajan en los asuntos de la empresa o el respeto de la negociación colectiva". También han recalcado que, “en España estamos asistiendo a un crecimiento del trabajo precario, que se presenta bajo las formas de la contratación temporal, la contratación a tiempo parcial y el empleo autónomo ficticio”.

Esta situación afecta principalmente a las personas más vulnerables, que corren riesgo de discriminación, pobreza y exclusión, entre las que han mencionado a personas con capacidad funcional diversa; personas con un origen étnico, religión o creencia minoritaria; mujeres, personas jóvenes -un buen número de jóvenes está abandonando España en busca de mejores oportunidades- y "actualmente" a mayores de 45.

UN MERCADO QUE NO PONE A LAS PERSONAS EN E CENTRO

Han denunciado una "economía al servicio del capital, donde la persona es un mero instrumento que sirve y es utilizada en función de los intereses que marca el mercado", citando como ejemplos las remuneraciones insuficientes para una "vida digna", la falta de perspectivas o la vulnerabilidad de la persona ante un retroceso en derechos laborales.

“Esta concepción, en cuanto no pone a la persona y su dignidad en el centro, es contraria al proyecto del Reino de Dios y no puede ser, en ningún caso, aceptada desde una mirada cristiana de la vida”, han concluido.

MEDIDAS DE LUCHA

Las organizaciones impulsoras de 'Iglesia por el Trabajo Decente' también proponen una serie de medidas encaminadas a luchar contra la precariedad y defender el trabajo decente, como son luchar contra el trabajo no declarado, la economía informal, el fraude fiscal y los paraísos fiscales o establecer una sólida base jurídica de derechos laborales, implicar a los interlocutores sociales y los comités de empresa en el lugar de trabajo y reforzar la inspección laboral y la jurisdicción social.

También velan por la creación de empleo de calidad, garantizar los derechos en el trabajo, la protección social y el diálogo social así como la igualdad. Por otro lado apuestan por fijar salarios e ingresos "dignos y suficientes" señalando que quienes trabajan deberían poder acumular, con sus cotizaciones, ingresos que garanticen una seguridad en situaciones como el desempleo, la enfermedad, la edad avanzada o las pausas en la vida laboral para el cuidado de hijos u otras personas o para la formación.

Otro frente de lucha lo han situado en establecer una Garantía de Capacidades que permita apoyar trayectorias profesionales que posibiliten la adaptación a las diferentes situaciones que una persona puede verse obligada a afrontar durante su vida a través, en particular, de la formación profesional permanente.

También defienden garantizar la igualdad de remuneración entre hombres y mujeres mediante una "respuesta global" dirigida a reducir el trabajo precario y una cobertura adecuada de seguridad social. Han afirmado que "se debe combatir la discriminación contra la mujer, la brecha salarial, el techo de cristal, el acoso psicológico y el acoso a las empleadas embarazadas".

Por otro lado, han defendido condiciones de trabajo dignas para "todas las primeras oportunidades" de experiencia laboral de jóvenes, como períodos de prácticas, de aprendizaje o cualquier oportunidad en el marco de la Garantía Juvenil.

Han concluido con la necesidad de incrementar la inversión pública y privada que conecte los mercados financieros con los mercados productivos y de acompañar a las personas en situaciones donde la ausencia del trabajo decente provoca "inestabilidad, sufrimiento y falta de horizontes vitales", propiciando respuestas individuales y colectivas "que alumbren caminos de esperanza".


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