SOCIEDAD

El cura navarro que salvó en Alemania a una familia española desesperada: un agradecimiento que es eterno

José Antonio Arzoz Martínez ayudó a la familia de José Mateos Mariscal cuando acudió al país alemán en busca de trabajo. 

De izquierda a derecha, Coral Hernández Prieto, Leandro Mateos Hernández, José Mateos Mariscal, y Yhasmin Mateos Hernández junto a una imagen del sacerdote navarro José Antonio Arzoz Martínez. CEDIDA
De izquierda a derecha, Coral Hernández Prieto, Leandro Mateos Hernández, José Mateos Mariscal, y Yhasmin Mateos Hernández junto a una imagen del sacerdote navarro José Antonio Arzoz Martínez. CEDIDA

El sacerdote navarro José Antonio Arzoz Martínez ejercía en Alemania cuando ayudó a muchas familias, pero esta es la historia de una en concreto, que con el paso de los años aún se siente agradecida. 

Entre 2008 y 2014, cuando la crisis azotaba a España, miles de personas se vieron obligadas a abandonar su país tras ver sus vidas frustradas.

Francia y Alemania fueron los destinos favoritos de estas personas que tuvieron que huir, en muchos casos, para poder sobrevivir, porque contaban con una baja tasa de paro y oportunidades de progreso imposibles de alcanzar en España.

Cada historia es distinta. En algunos casos, quienes se fueron buscando algo mejor, regresaron a España solo con desilusiones. Sin embargo, también hay relatos de esfuerzo, valentía, resiliencia y éxito de quienes tuvieron que dejar todo.

Han pasado algo más de siete años desde que José Mateos Mariscal, zamorano de 49 años, tuvo que abandonar su casa para “buscar un futuro mejor”. Junto con su mujer, Coral Hernández Prieto, de 48 años, y sus dos hijos, Yhasmin, ahora de 20, y Leandro, ahora de 17, hicieron las maletas en 2013 y se marcharon a Alemania sin nada.

En el año 2008, José era autónomo y tenía una empresa de estructuras metálicas para grandes superficies que con la crisis quebró: “Con 39 años no asimilaba estar en el paro, tenía un título y había trabajado toda mi vida. Estuvimos cuatro años malviviendo con 360 euros de subsidio que no nos daban para nada y con problemas con los asistentes sociales. Tuvimos que vivir dos desahucios”, recuerda.

Ante la incertidumbre y el miedo que la situación provocó a la familia, José buscó ofertas de empleo por internet hasta que encontró una en Alemania “que a simple vista parecía irrechazable ya que ofrecía trabajo en una fábrica y una habitación por 300 euros”.

Tras vender el coche y comprar los billetes de avión, la familia llegó a la ciudad alemana de Wuppertal donde se encontraron con que en la dirección que les habían facilitado, y en la que supuestamente se encontraría su nuevo hogar, no había nada: “Era un descampado, nos vimos perdidos. Ante esa situación, y sin poder hacer nada, decidimos coger un tren para regresar a España”.

Sin embargo, un corte en las vías del tren les obligó a cambiar sus planes y tener que pasar una noche en Remscheid, donde acudieron a la Coordinadora Federal del Movimiento Asociativo de Alemania, “una especie de consulado que ayuda a la gente gratis”.

EL BAR ANDALUCÍA

Pero el verdadero giro de los acontecimientos se dio cuando, al entrar en el bar Andalucía, situado en esa misma ciudad, conocieron a un cocinero que trabajaba para las Misiones Católicas de lengua española en Alemania: “El objetivo de esta organización era ayudar a los emigrantes y por aquel entonces el sacerdote navarro José Antonio Arzoz Martínez era el delegado nacional. Un hombre con el que años después nos sentimos agradecidos”.

Este sacerdote diocesano ha completado una vida dedicada a ayudar a los emigrantes españoles en Alemania y, actualmente, disfruta de la jubilación en Acedo, el mismo pueblo donde nació hace 76 años.

Cuando se encontró con esta familia, no dudó en acogerles y ofrecerles comida y cama durante dos semanas, el tiempo que tardó José en encontrar su primer trabajo como soldador: “Nos ayudó como un padre y le queremos agradecer todo lo que ha hecho por nosotros. Es una persona solidaria e implicada de la que guardamos un recuerdo impresionante”.

“Quiero hacerle un homenaje porque se lo merece y es una persona maravillosa”, apunta el zamorano.

Siete años después, la familia se encuentra totalmente asentada en Alemania. José trabaja para el Ayuntamiento recogiendo basura con un contrato indefinido; Yhasmin estudia Traductora Jurado en la Escuela de Idiomas de Colonia y Leandro sigue en el instituto.

“No me arrepiento de haber tomado la decisión de abandonar mi país natal en busca de un futuro. Ahora tenemos una vida digna, cosa que no teníamos en España, que es una máquina de hacer indigentes. Antes no podía pagar la luz y el agua, ahora sí. Si vuelvo a mi país de origen será solo de vacaciones”, concluye.

EL SACERDOTE NAVARRO JOSÉ ANTONIO ARZOZ

Tras cursar los estudios eclesiásticos en el Seminario de Pamplona, José Antonio Arzoz se marchó en 1967 a Alemania como capellán de emigrantes españoles, labor que ejerció en las diócesis de Aquisgrán, Munich y Colonia.

Dirigió la sección de enseñanza escolar y formación de adultos de la Misión Católica Española, y desde 1990 coordinó desde Bonn, como delegado nacional, el trabajo desarrollado en estas materias, por las 39 diócesis del territorio alemán.

Impulsó la creación, de la Academia Española de Formación, que presidió durante 10 años, colaboró en temas de emigración con la Conferencia Episcopal Alemana y dirigió la revista 'Ventana Europea'.

En su actividad destaca el apoyo a las asociaciones españolas de padres de familia, a fin de conseguir una buena formación escolar y profesional para los hijos de los emigrantes españoles, promoviendo la educación bilingüe y bicultural.

El Gobierno alemán reconoció su labor nombrándole en 2006 'Embajador de Tolerancia'. Asimismo, la Iglesia Católica le otorgó en 2010 el título de Monseñor.

En 2015, el Gobierno de Navarra le impuso la Cruz de Carlos III el Noble junto a otras siete personalidades navarras


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
El cura navarro que salvó en Alemania a una familia española desesperada: un agradecimiento que es eterno