SALUD

"Sé que me voy a coger el coronavirus": una enfermera navarra relata cómo combaten esta "pesadilla"

"Estoy todo el día llorando", asegura una enfermera que compara la lucha contra el Covid-19 con "una guerra" y al personal sanitario con "soldados".

Personal sanitario en el Complejo Hospitalario de Navarra tras el homenaje de las policías para agradecer su labor contra el coronavirus. MIGUEL OSÉS
Personal sanitario en el Complejo Hospitalario de Navarra tras el homenaje de las policías para agradecer su labor contra el coronavirus. MIGUEL OSÉS  

Las enfermeras navarras que integran las unidades encargadas de la hospitalización a domicilio de pacientes infectados del COVID-19 están viviendo situaciones "muy duras", pero intentan mantener "una actitud positiva" en el trabajo, ha comentado a Efe una estas profesionales sanitarias.

"Cuando esto empezó, estábamos todas en alerta. Ahora intentamos tener una actitud muy positiva. En la unidad en la que yo estoy hay gente joven, muy trabajadora, muy positiva; intentamos estar de buen humor, pero es muy duro. Estamos afectadas, pero intentamos darle la vuelta", ha afirmado una enfermera llamada Charo.

Estas unidades, ocho en total, integradas por personal médico y de enfermería, atienden la hospitalización en el domicilio de pacientes de menos de 60 años con una gravedad moderada, que pueden volver al hospital cuando lo deseen.

Cada grupo lleva unos doce pacientes que suelen visitar en días alternos, seis o siete por jornada, dependiendo de la evolución de los enfermos, a algunos de los cuales se visita todos los días.

Estos equipos facilitan a los pacientes la medicación para unos cuatro días. Se están recetando antiinflamatorios, antivíricos, analgésicos y eparina, esta última debido a la escasa movilidad de los enfermos.

Durante la visita, se extrae sangre a los pacientes para hacer los correspondientes análisis y en algún caso se les deja puesta una vía intravenosa si necesitan medicamentos que no se administren por vía oral.

Además, a algunos pacientes se les deja un pulsioxímetro para medir la saturación de oxígeno, pero ya se han agotado los que había disponibles en el hospital. En algunos casos, se pregunta a los familiares si pueden comprar en la farmacia uno de estos aparatos, cuyo coste es de unos 20 euros, para que devuelvan el que se les dio y entregarlo a personas con menos recursos o que no puedan salir a la calle para adquirir uno.

Los pulsioxímetros, ha explicado la enfermera, son muy importantes porque "hay pacientes que pueden dessaturar en muy poco tiempo y hay que entubarlos" cuanto antes.

La enfermera ha destacado lo "incómodas" que van con el EPI: "Tenemos que llevar las gafas y la mascarilla todo el día, que es superincómoda y deja marcas, no nos las quitamos en todo el turno. Cuando llegamos a la casa del paciente, en la puerta de su casa ya nos ponemos la bata y los guantes. Incomoda mucho trabajar en esas condiciones".

En ese sentido, Charo ha indicado que, de material de protección individual, "andamos muy justos. Las batas no son las adecuadas, porque estamos muy cerca de los pacientes; deberíamos utilizar batas impermeables y tenemos muy pocas de esas, la gran mayoría son de tela".

El miércoles de la semana pasada, ha apuntado, "nos dieron a cada una tres mascarillas FP2, que sí que protegen, pero estas mascarillas son para todo el tiempo, porque no hay más". Así, ha asegurado, como se ha calculado que este coronavirus solo vive 72 horas como máximo sobre una superficie, el personal de estas unidades va rotando las mismas mascarillas en periodos de tres días.

Gorros, ha señalado la enfermera, "hay poquísimos, y guantes sí que tenemos". Y las pantallas faciales antisalpicaduras "de momento a nosotras no nos han dado".

"SÉ QUE ME LO VOY A COGER"

Charo ha destacado que, al estar todos los días atendiendo a pacientes infectados, "ya sé que me voy a coger el coronavirus, pero soy una persona joven y sana, y espero que sea de la mejor manera posible".

Todos los días, ha manifestado, "estamos viendo a pacientes de 20 a 25 años muy mal, que lo están pasando fatal. Lo que más me ha sorprendido es que hay gente superjoven, y pienso que yo podría estar en su situación".

"Estamos en la guerra, somos soldados y esto es muy duro. Yo estoy todo el día llorando. Cuando me levanto, pienso: 'venga, Charo, es un día más y un día que ha pasado para que acabe esta pesadilla', porque esto es una pesadilla, ya no es el trabajo", ha resaltado.

Aparte del apoyo moral incondicional de su familia, pareja y amigos, ha dicho, "en estos momentos es muy importante el desahogarme con mis compañeras y comentar cómo estamos viviendo esta situación".

La enfermera ha afirmado que en su unidad están viendo a diario "situaciones muy duras" de algunos pacientes, como inmigrantes que no dominan el idioma y que no tienen apoyo social o familias confinadas en casa con abuelos en el hospital "muriendo de coronavirus pero que no pueden visitar".

"La gente no se puede despedir de sus seres queridos. Te entran ganas de llorar, pero te tienes que contener", ha comentado la enfermera, quien ha asegurado que, en todo caso, los profesionales sanitarios "intentamos poner nuestro granito de arena para que estas personas puedan seguir adelante".


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