• viernes, 21 de enero de 2022
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SOCIEDAD

Droguería López, en Pamplona: "Somos dinosaurios que aguantamos por ahora"

Situado en la esquina entre la calle San Miguel y San Antón, tiene más de cien años de historia en el Casco Viejo.

Droguería López, en la esquina de la calle San Antón y la calle San Miguel del Casco Viejo de Pamplona. PABLO LASAOSA
José Ignacio Esteban, Patxi Robles y Antonio Irizíbar en la Droguería López. PABLO LASAOSA

La droguería Emilio López de Pamplona es uno de esos comercios 'de toda la vida' situado en una de las esquinas más concurridas del Casco Viejo, entre los portales 11, 13 y 15 de la calle San Antón y el número 2 de la calle San Miguel.

Ya desde fuera de la tienda se puede observar su antigüedad con la decoración tradicional en madera, con las puertas de acceso estrechas también de madera, así como en su interior, que le dan un ambiente cálido como si estuvieras de visita en una casa.

Por dentro ha cambiado poco con las estanterías de siempre y el suelo de madera como los pisos del casco viejo. La única novedad es que hay que coger el número para que te atiendan, como en las carnicerías o en las pescaderías.

Como curiosidad, del techo de la tienda cuelga una pequeña placa. Es un recuerdo de las peñas de Pamplona con un pañuelico rojo dedicado a los comercios centenarios del casco viejo.

Son doscientos metros cuadrados de tienda después de la remodelación que sufrió en 1999. Hay todo tipo de artículos a la venta. Como asegura el dicho popular "lo encontrarás en la droguería López", en referencia a que vas a encontrar seguro lo que buscas.

Desde detergentes a insecticidas, todo tipo de pinturas y barnices, raticidas, productos químicos, disolventes, además de los consejos de los empleados y la nueva zona de bellas artes y restauración de muebles y metales. También hay una zona dedicada a los productos de perfumería.

"AGUANTAMOS POR AHORA"

Antonio Irizíbar Martínez es uno de los socios de la droguería, junto a su padre Santos que ya no trabaja por jubilación y José Ignacio Esteban. Nos ha explicado el secreto de la tienda: "Supongo que tiene que ver con que tenemos cosas que necesita la gente, y luego con ir introduciendo poco a poco cosas que dentro de un enclave como el Casco Viejo pueden funcionar".

"Esa versión de habernos hemos separado de lo que era una droguería de antes con volumen de pintura y elementos de perfumería que no se mueven mucho aquí y buscar cosas que encajan dentro del Casco Antiguo, productos que se puedan ver, manejar", afirma Antonio.

Sus 200 metros cuadrados de superficie engloban de todo "Es un poco lo que era el concepto de droguería clásica que engloba demasiadas cosas para poder mantenerse bien ahora. Mete limpieza, químicos, pintura, belleza, higiene personal..."

"Son muchas cosas con un 'stock' terrible donde necesitas muchas ventas para salir adelante. Estas droguerías desaparecen en casi todos los sitios y en algunos sitios quedan. Nosotros supongo que somos unos dinosaurios que vamos aguantando por ahora".

Una de las claves ha sido "abrir la sección de bellas artes, con cosas de detalle, de trabajo, algo más complicado y nos decidimos por eso. Acertamos y eso te va alargando la vida del negocio", asegura Antonio.

La atención personal a los clientes "es una de las pocas armas que nos quedan porque competir contra los grandes no podemos. Somos capaces de aconsejar porque están todos los productos probados antes. Tenemos vendedores de siempre, de mucha confianza, y vas probando los productos hasta que llega a tienda lo que consideramos que funciona".

También hacen productos propios como todas las droguerías antiguas: "Algunos líquidos de limpieza, cera y pulimentos. No muchos pero como las formulaciones siguen arriba los seguimos haciendo". Antonio destaca un cambio en la clientela: "Me alegro porque empezamos a ver que entran clientes más jóvenes y no solo gente mayor".

En cuanto a cómo han vivido la crisis de la Covid-19, asegura: "Nosotros nos mantuvimos abiertos en la Covid al vender productos de necesidad. Estuvimos José Ignacio y yo solos atendiendo y lo mantuvimos abierto cerrando una parte de la tienda. No nos contagiamos ninguno de los dos aunque entonces estábamos sin mascarilla. Así pasamos el tema. Otros compañeros lo han cogido".

En cuanto a las ventas, se han llevado un chasco en Navidad: "Había expectativas para navidades y cuando no se cumplen tienes sensación de más bajón. Eran las navidades en las que podíamos vender normalmente, pero con la nueva variante de la Covid-19 la gente no ha salido. A nivel de ventas, y aunque no son unas fechas fundamentales para nosotros, han sido las peores navidades de toda la historia en los 38 años que llevo trabajando".

Sobre todo, afirma Antonio: "Había desánimo y se notó los días 4 y 5 de enero cuando se compraron cosas de correr, de detalles. Teníamos unas expectativas y no ha habido movimiento. Creo que ha habido desánimo en general", asegura Antonio.

"Un gran problema es que detrás nuestra no hay relevo. En principio está la gente que está aquí trabajando. Yo tengo 62 y José 63. Estamos en puertas y calculamos que a los 65 años lo podremos dejar. ¿Quién sucede?. Es el gran problema que tenemos ahora. Este oficio es trabajar mucho y sacar un sueldo. Nada más. El término negocio ya no existe", asegura Antonio Irizíbar.

100 AÑOS EN LA ZONA COMERCIAL

Álvaro López fue el fundador del negocio en 1905 cuando abrió una botica en la calle San Miguel y estuvo al frente del mismo hasta su fallecimiento. Fue en los años 20 del siglo pasado cuando la droguería pasó a ocupar su ubicación actual, en el chaflán de las calles San Antón y San Miguel

Su hermano Emilio López siguió adelante y posteriormente continuó su hijo Joaquín López hasta su jubilación. Los cinco trabajadores de la droguería tomaron las riendas de la tienda en el mes de abril de 1985.

Ahora ya solo quedan tres socios de los cinco iniciales: Antonio Irizíbar Martínez, su padre Santos Irizibar, de 90 años ya jubilado, y José Ignacio Esteban. Los empleados son Patxi Robles, Manuel Sánchez, Mari Carmen Irizíbar y Loli García.

El local comercial está protegido en el catálogo del Plan Municipal de Pamplona con un grado 3 y recientemente fue objeto de una restauración que ha sabido mantener su originalidad.

"La fachada de tabla tradicional se desarrolla con gran amplitud en la esquina de las calles San Miguel y San Antón, integrando en su conjunto el acceso al portal. Un bastidor sencillo constituye la estructura general que, rematada en ménsulas, soporta un entablamento con rotulación comercial", asegura la descripción del catálogo.

"Los empanelados presentan molduras y recercados decorativos. La esquina se significa ornamentalmente mediante un potente apilastrado a dos caras. Los fustes son estriados y los capiteles de orden compuesto aparecen invertidos. Resulta interesante el rótulo curvo de la esquina en letras doradas sobre cristal negro", indica acerca de la decoración exterior del local.


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