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SOCIEDAD

San Francisco Javier, patrón de Navarra: la historia de un santo universal que viajó por medio mundo

Su apostolado se extendió por el sur de la India, Ceilán, Malaca, las Islas Molucas y Japón. Falleció con 46 años.

Imagen de San Francisco Javier en el interior de la parroquia que lleva su nombre en Pamplona. Navarra.com
Imagen de San Francisco Javier en el interior de la parroquia que lleva su nombre en Pamplona. Navarra.com

Este viernes 3 de diciembre se celebra en Navarra el día de San Francisco Javier, patrón de la Comunidad foral y santo universal por su legado misionero. 

San Francisco Javier nació en el Castillo de Javier (Navarra) el año 1506. Estudió filosofía y teología en París hacia mediados de la década de 1520. Mientras se formaba conoció a Ignacio de Loyola, quien lo tomó como ayudante para la fundación de su nueva orden. Fue ordenado sacerdote en Roma el año 1537, y se dedicó a obras de caridad.

En el año 1541 se fue a Oriente. Evangelizó incansablemente en la India y en Japón durante diez años. Murió el año 1552 en la isla de Sanchón Sancián, a las puertas de China con solo 46 años. En 1621 fue proclamado patrono de Navarra, aunque la declaración fue ratificada por las Cortes del Reino en 1624.

Es el Patrono universal de las misiones católicas

Los últimos diez años de su vida los pasó en las misiones, por primera vez, las Indias portuguesas y Japón. Se calcula que recorrió cien mil kilómetros en su vida de misionero. Cuando intentaba entrar en China, cayó enfermo, probablemente una pulmonía, y murió el 3 de Diciembre de 1552.  "De todos los milagros que se le atribuyen, el mayor es el de su vida de apóstol, que fue de un heroísmo continuo: comía muy poco, pasaba largos ratos de la noche orando y siempre se le encontraba alegre en medio de las dificultades", aseguraron quienes le conocieron.

¿Cuál fue la causa de su muerte?

Su apostolado se extendió por el sur de la India, Ceilán, Malaca, las Islas Molucas y Japón. Cuando se disponía a entrar en China para continuar su labor, murió de pulmonía a las puertas de Cantón. Tras varias peripecias y problemas, viajó a China con la idea de evangelizar. Esta isla era el lugar de encuentro entre los mercaderes chinos y portugueses. Permanecía a la espera de la llegada de un barco chino que debía introducirles, clandestinamente, en el continente. El 3 de diciembre de ese año murió Francisco Javier cuando contaba 46 años de edad. Su cuerpo fue llevado a a Goa, donde llegó en la primavera de 1554, siendo enterrado en esa ciudad.

¿Cuándo le declararon Santo?

Fue canonizado por el papa Gregorio XV en 1622 junto a San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús, San Isidro Labrador y San Felipe Neri. Ha sido nombrado patrono de varios sitios y obras: en 1748 es nombrado patrono de todas las tierras al este del cabo de Buena Esperanza. En 1904 es nombrado patrono de la Obra de la Propagación de la Fe.

En 1927 el papa Pío XI le nombra Patrono de las Misiones junto a santa Teresita del Niño Jesús. En 1952 el papa Pío XII lo proclama patrono del turismo. Es también patrono de la Rama Caminantes dentro del Movimiento Scout católico. Es copatrón de Navarra junto con San Fermín de Amiens. Su festividad se celebra el 3 de diciembre en coincidencia con el día de su muerte.

Fue el primer misionero Jesuita en la India

El santo participó de la primera expedición misionera de la Compañía de Jesús a la India. Su misión era partir de Goa, colonia portuguesa en Asia, hacia tierras desconocidas de la India. En 1549 logró llegar al Japón gracias a sus hermanos misioneros y a dos japoneses que se habían convertido al cristianismo. Le bastó un año para convertir a 100 japoneses a la fe católica y por eso las autoridades de Japón lo expulsaron y le prohibieron volver.

La primera Javierada tuvo lugar en 1886

Situada en el exterior de la iglesia de San Agustín en Pamplona, hay una placa que conmemora la primera Javierada. Está colgada en la parte del santuario que da hacia la calle Javier, enfrente de la chapa amarilla que le da nombre a esa vía, conocida como “bajada de Javier”. En la placa, sujeta por cuatro escarpias oxidadas, se desvela la fecha de la primera peregrinación a Javier, el 5 de marzo de 1886. Este fin de semana, 126 años más tarde, los navarros continúan con la peregrinación.

La Javierada se realiza desde el siglo XIX como una forma de agradecerle a San Francisco Javier su protección frente al cólera. En 1885, según recoge la Enciclopedia General de Navarra, la Diputación foral le prometió al santo que “el pueblo entero de Navarra iría en peregrinación a su castillo con el deseo de quedar libres de esta enfermedad”. En esa primera caminata, se reunieron 20.000 navarros.

Envió una carta de protesta al Rey de Portugal

En 1545, el santo escribió desde Cochín al rey de Portugal, en la que le daba cuenta del estado de la misión. En ella habla del peligro en que estaban los neófitos de volver al paganismo, "escandalizados y desalentados por las injusticias y vejaciones que les imponen los propios oficiales de Vuestra Majestad... Cuando nuestro Señor llame a Vuestra Majestad a juicio, oirá tal vez Vuestra Majestad las palabras airadas del Señor:  '¿Por qué no castigaste a aquellos de tus súbitos sobre los que tenías autoridad y que me hicieron la guerra en la India? ' ". 

San Francisco Javier repite sus alabanzas sobre el vicario general en una carta al P. Simón Rodríguez, en donde habla todavía con mayor franqueza acerca de los europeos: "No titubean en hacer el mal, porque piensan que no puede ser malo lo que se hace sin dificultad y para su beneficio. Estoy aterrado ante el número de inflexiones nuevas que se dan aquí a la conjugación del verbo 'robar'.

Fue Misionero con la casta baja de los Paravas

Se enteró Javier de que en las costas de la Pesquería, que se extienden frente a Ceilán desde el Cabo de Comorín hasta la isla de Manar, habitaba la tribu de los paravas.  Estos habían aceptado el bautismo para obtener la protección de los portugueses contra los árabes y otros enemigos; pero, por falta de instrucción, conservaban aún las supersticiones del paganismo y practicaban sus errores...

Javier partió en auxilio de esa tribu que "sólo sabía que era cristiana y nada más".  El santo hizo trece veces aquel viaje tan peligroso, bajo el tórrido calor del sur de Asia. A pesar de la dificultad, aprendió el idioma nativo y se dedicó a instruir y confirmar a los ya bautizados. Particular atención consagró a la enseñanza del catecismo a los niños.

Los paravas, que hasta entonces no conocían siquiera el nombre de Cristo, recibieron el bautismo en grandes multitudes. A este propósito, Javier informaba a sus hermanos de Europa que, algunas veces, tenía los brazos tan fatigados por administrar el bautismo, que apenas podía moverlos. Los generosos paravas, que eran considerados de casta baja, extendieron a San Francisco Javier una acogida calurosa.

Tradujo al japonés la doctrina cristiana

San Francisco Javier se dedicó a aprender el Tagalo lo cual no era nada fácil para él. Sin embargo logró traducir al japonés una exposición muy sencilla de la doctrina cristiana que repetía a cuantos se mostraban dispuestos a escucharle. Al cabo de un año de trabajo, había logrado unas cien conversiones.  Ello provocó las sospechas de las autoridades, las cuales le prohibieron que siguiese predicando. 

Entonces, el santo decidió trasladarse a otro sitio con sus compañeros, dejando a Pablo al cuidado de los neófitos.  Antes de partir de Kagashima, fue a visitar la fortaleza de Ichku; ahí convirtió a la esposa del jefe de la fortaleza, al criado de ésta, a algunas personas más y dejó la nueva cristiandad al cargo del criado.  Diez años más tarde, Luis de Almeida, médico y hermano coadjutor de la Compañía de Jesús, encontró en pleno fervor a esa cristiandad aislada.

Los colonos europeos recuperaron la fe perdida

Goa era colonia portuguesa desde 1510. Había ahí un número considerable de cristianos, con obispo, clero y varias iglesias.  Desgraciadamente, muchos de los portugueses se habían dejado arrastrar por la ambición, la usura y los vicios, hasta el extremo de que muchos abandonaban la fe. Los sacramentos habían caído en desuso; se usaba el rosario para contar el número de azotes que mandaban dar a sus esclavos. La escandalosa conducta los cristianos alejaba de la fe a los infieles. Esto fue un reto para San Francisco Javier. 

El misionero comenzó por instruir a los portugueses en los principios de la religión y a formar a los jóvenes en la práctica de la virtud.  Después de pasar la mañana en asistir y consolar a los enfermos y a los presos, en hospitales y prisiones miserables, recorría las calles tocando una campanita para llamar a los niños y a los esclavos al catecismo.  Estos acudían en gran cantidad y el santo les enseñaba el Credo, las oraciones y la práctica de la vida cristiana. 

Todos los domingos celebraba la misa a los leprosos, predicaba a los cristianos y a los hindúes y visitaba las casas.  Su amabilidad y su caridad con el prójimo le ganaron muchas almas. Uno de los pecados más comunes era el concubinato de los portugueses de todas las clases sociales con las mujeres del país, dado que en Goa había muy pocas portuguesas.

Su cuerpo se conserva incorrupto

Uno de los tripulantes del navío había aconsejado que se llenase de barro el féretro para poder trasladar más tarde los restos. Diez semanas después, se procedió a abrir la tumba. Al quitar el barro del rostro, los presentes descubrieron que se conservaba perfectamente fresco y que no había perdido el color; también el resto del cuerpo estaba incorrupto y sólo olía a barro.

El cuerpo fue trasladado a Malaca, donde todos salieron a recibirlo con gran gozo, excepto Don Álvaro de Ataide.  Al fin del año, fue trasladado a Goa, donde los médicos comprobaron que se hallaba incorrupto. Ahí reposa todavía, en la iglesia del Buen Jesús.


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