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Lágrimas, gritos y silencio sepulcral: así fue el concierto de Operación Triunfo en Pamplona

La artista navarra Amaia Romero fue la gran protagonista de la noche para un público extasiado al ver en directo a todos sus ídolos.

Varias jóvenes cantan una canción durante el concierto de Operación Triunfo en Pamplona. MIGUEL OSÉS
Varias jóvenes cantan una canción durante el concierto de Operación Triunfo en Pamplona. MIGUEL OSÉS  

¿Cómo se consigue el silencio sepulcral de una Plaza de Toros llena hasta rebosar con miles de personas? Muy sencillo. Poniendo a Amaia Romero en el escenario. Eso sí, sola. Y con un piano.

La noche de este pasado sábado tuvo lugar en la capital navarra un evento que miles, sí, miles de pamploneses llevaban meses esperando: el concierto de la gira de Operación Triunfo 2017.

En su día, las entradas se agotaron en cuestión de minutos, algo sin precedentes en los conciertos de la gira. ¿La razón? Todo el mundo quería ver cantar en vivo y en directo a cierta navarrica que ha conseguido poner a Pamplona en el mapa, no solo de España, sino de Europa.

Amaia Romero fue la ganadora de Operación Triunfo en su pasada edición y junto con su pareja, Alfred García, representó a España en Eurovisión 2018 celebrada en Lisboa con Tu canción.

Es por esa razón por la que es lógico deducir que el ambiente del sábado por la noche, antes del concierto, era de expectación total. La gente hacía cola a las puertas de la Plaza de Toros de Pamplona desde hasta 36 horas antes de que empezara el evento. Todos, absolutamente todos, querían conseguir el mejor sitio para ver a sus ídolos.

Las puertas se abrieron por fin a las 20 horas, y la gente fue entrando con cuentagotas. Una vez dentro, el ambiente era de emoción e impaciencia. Quedaban dos horas largas para que diera comienzo el concierto. Muchos (los que tenían sus localidades en pista) debían esperar de pie, pero no les importaba. Todo era poco para verlos.

CON LOS NERVIOS A FLOR DE PIEL

El público amenizaba la espera como podía. Cantaba canciones de San Fermín, típicas de Pamplona (entre ellas, el Riau Riau), temas para animar a Osasuna, canciones de sus nuevos ídolos, a los que pronto verían en vivo. Hacían la ola.

Los asistentes gritaban y saludaban a los padres de Amaia y Alfred, que estaban sentados a un lado del tendido de la plaza. Incluso saltaban y aplaudían al son de la música de un anuncio de productos de peluquería que la organización puso varias veces en las pantallas antes del concierto.

Fueron dos horas, sí. Había impaciencia, sí. Pero todo pasó muy rápido. A las 22 horas en punto dio comienzo el concierto. Una sucesión de 38 canciones, casi sin parar, como un disco. La primera canción, una grupal: I’m Still Standing, de Elton John.

El público, armado con pancartas y pañuelicos rojos de San Fermín atados a las muñecas, gritaba a más no poder. Hubo momentos en los que prácticamente no se oía a los artistas, ni hablar ni cantar, porque los gritos del público los eclipsaban.

EL CENTRO DE TODAS LAS MIRADAS

Sin embargo, todas las miradas iban dirigidas a ella. Siempre que salía al escenario, el público se volvía loco. Todos la buscaban. La pamplonesa Amaia Romero, la reina de España, fue, sin lugar a dudas, la gran protagonista de la noche.

Cuando cantó su primera canción en solitario al piano, Miedo, de M Clan, ocurrió algo muy especial. Algo sin precedentes. El público al completo enmudeció para escucharla. No se oía ni una sola voz entre las miles de personas que el sábado por la noche llenaron la plaza de toros.

Antes de que empezara a tocar, la gente chistó y pidió silencio. Una vez comenzó, nada. Solo se escuchaba la dulce voz de Amaia acompañada del sonido del piano. Una persona con los ojos vendados hubiera dicho que la Plaza de Toros estaba vacía. Fue increíble. Sin precedentes. Fue una señal de respeto y admiración, y de agradecimiento por parte del público a una pamplonesa que ya es todo un icono para Navarra.

Otro momento crucial que nos dejó la pamplonesa fue cuando cantó su espectacular Shake It Out, de Florence and the Machine. En ese momento, todas las personas del público, que se habían puesto de acuerdo previamente, levantaron sus pañuelos de San Fermín y tiñeron de rojo la Plaza de Toros de Pamplona. El ambiente era increíble. En señal de agradecimiento, Amaia, al acabar su canción, cantó un trozo del Riau Riau, haciendo un guiño a lo mucho que le gustan las fiestas de su tierra.

EL BESO MÁS ESPERADO

También el público se emocionó cuando Amaia y Alfred cantaron City of Stars, de La La Land, y estallaron en aplausos ante un -muy esperado- beso final por parte de los dos artistas.

Sin duda, Pamplona fue otra de las protagonistas del concierto. Todos los artistas hicieron guiños a lo bonita que es “la casa de la reina de España”. Muchos se animaban y salían a cantar con pañuelos de San Fermín.

Fue una noche larga. Muchas canciones. Todos interpretaron alguna. Fueron 38 temas en total, pero pasó muy rápido. Había mucha emoción en el ambiente. Mucha ilusión por ver a aquellos por los que tanto habían esperado. La gente lloraba en algunos momentos. Aplaudía extasiada en otros.

Hubo hasta un momento feminista, un instante crucial. Fue cuando Miriam cantó su single Hay algo en mí. Para presentarlo, hizo un pequeño guiño a la sentencia de La Manada y a su puesta en libertad. “No es no”, dijo. La gente se volvió loca. Todos aplaudieron e hicieron de su canción un himno feminista.

LAS SENSACIONES FINALES

Cuando terminó el concierto, la sensación general era de ilusión, alegría y una cierta melancolía mezclada con agotamiento. Una joven del público lloraba con una amiga: “Que se ha acabado ya. No me lo puedo creer. Ya no hay más OT”.

Sí lo habrá, sí, en la próxima edición, pero todos coincidían en que nada volverá a ser igual. Estos 16 chicos generan algo muy especial. El sábado, miles de personas manifestaron esa pasión por la música -y por ellos- que han desarrollado en estos pocos meses. Y que dure.


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