CIENCIA

Cómo los físicos usaron la ciencia para vencer las probabilidades en la ruleta

Albert Einstein sostenía que “Dios no juega a los dados”. El físico alemán de origen judío no se refería a Dios en un sentido religioso, sino que, Dios era una metáfora de la naturaleza, ya que, para él, las leyes de la naturaleza no podían tener una aleatoriedad intrínseca.

Ruleta de un casino. CEDIDA.
Ruleta de un casino. CEDIDA.

Einstein tenía la creencia de que la física cuántica es fundamentalmente determinista. Según su pensamiento, al conocer el estado inicial de un sistema cuántico con absoluta precisión, así como todas sus fuerzas relevantes, permitía el cálculo de todos sus estados futuros. De esta forma, el mundo de la física cuántica sería similar a la ruleta del casino, ya que si se conoce cómo funciona, se puede predecir dónde va a ir a parar la pelotita.

Quizás Dios no juegue a los dados, pero los científicos sí se han sentido en ocasiones atraídos por el encanto de los casinos a lo largo de la historia. Al fin y al cabo, un simple lanzamiento de dados en sí mismo es más determinista que la medición cuántica típica, ya que se rige por las leyes mecanicistas del movimiento de Newton. De esta forma, si se pudiera registrar con precisión, la orientación, la velocidad y la posición inicial de un par de dados lanzados al aire, y trazar un mapa de las condiciones ambientales que actúan sobre él (como las corrientes de aire), se podría decir antes de que golpee la mesa si un lanzamiento produciría un par de unos, seises dobles, o cualquier otro resultado entre ellos.  

Según la visión de Einstein, la ruleta sería otro juego de azar absolutamente predecible, dado el conocimiento de las condiciones iniciales y las fuerzas involucradas. Teniendo en cuenta esta teoría, en el momento en el que el crupier hace girar la ruleta y pone en movimiento la bola a lo largo de la rueda en la dirección opuesta, el destino de la ranura en la que caerá la bolita queda sellado. Sin embargo, en la práctica, esta modalidad de juego tan popular no permite prácticamente ningún tiempo para que los jugadores puedan aplicar conocimientos de física para apostar con éxito en la partida, debido a que tienen que realizar sus apuestas antes de que el crupier ponga en movimiento la bola. Además, una pequeña variación en las condiciones iniciales, ya sea la trayectoria de la bola o la velocidad, puede alterar drásticamente el resultado.

Hay que tener en cuenta que cada rueda de ruleta es ligeramente diferente. Además, las condiciones atmosféricas cambian continuamente y la rueda en sí tiene características, como el tamaño de los huecos entre los números, que fomentan la aleatoriedad. Esto hace que sea muy complicado predecir el número exacto donde caerá la bola. Sin embargo, los jugadores sólo necesitan saber en qué área de la rueda caerá la bola para obtener una pequeña ventaja sobre el casino y vencer las probabilidades en la ruleta. Los casinos estadounidenses tienen una ventaja sobre el jugador del 5,26%, mientras que esa ventaja en los casinos europeos es solo del 2,7%, ya que la rueda tiene un solo cero (una rueda de Estados Unidos tiene dos ceros).

De las ruletas sesgadas a los ordenadores de zapato

Miles de científicos han intentado usar la ciencia para vencer las probabilidades en la ruleta en distintas épocas. A finales de la década de 1940, dos jóvenes científicos, el estudiante graduado en matemáticas Albert “Al” Higgs y el estudiante graduado en medicina Roy Walford, intentaron superar las probabilidades de esta modalidad de juego en los casinos de Nevada, el único estado de Estados Unidos donde el juego era legal. Ambos científicos se trasladaron hasta la ciudad de Reno, conocida por sus casinos, donde estudiaron cuidadosamente las características de las ruedas de ruleta para buscar debilidades que explotar. Unas ruedas que nada tenían que ver con las de hoy en día, ya que tenían pequeños defectos físicos que fueron claves para conseguir una predicción exitosa. Al estudiar las particulares mecánicas de varias ruletas, desarrollaron modelos predictivos y realizaron apuestas con las que ganaron miles de dólares.

Higgs y Walford hablaron abiertamente de sus métodos para vencer a los casinos del estado de Nevada. De hecho, en diciembre de 1949, ambos científicos aparecieron en un reportaje de la revista Life. Esta exposición pública hizo que muchos establecimientos de juego actualizaran sus ruletas, reemplazando las ruedas sesgadas para que nadie pudiera repetir la hazaña de estos dos jóvenes científicos. A pesar de ello, una década más tarde, un estudiante graduado en física de segundo año en la UCLA, Edward Oakley Thorp decidió seguir los pasos de Higgs y Walford. Dado que las ruedas de la ruleta ya no tenían defectos físicos, tuvo que desarrollar una nueva estrategia para vencer a los casinos.

Un pequeño ordenador se convirtió en la clave de su estrategia. Este ordenador era usado por una persona que observaba cómo el crupier hacía girar la rueda y lanzaba la pelota, ya que era lo suficientemente rápido y potente como para calcular sus trayectorias y hacer una predicción. Posteriormente, el observador transmitía el pronóstico por radio a un segundo jugador encargado de hacer las apuestas en la ruleta. Años más tarde, Thorp asumió un cargo en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, donde conoció a Claude Shannon, el "padre de la teoría de la información". Thorp le contó sus ideas de predicción de la ruleta, y Shannon comenzó a trabajar en la construcción de modelos de ruedas de ruleta y pequeños ordenadores para rastrear las trayectorias.

Thorp y Shannon construyeron el primer ordenador portátil del mundo en 1961, que tenía el tamaño de un paquete de cigarrillos y podía caber en la parte inferior de un zapato especialmente diseñado para esta tarea. Gracias a los interruptores de los dedos del pie podían activar el ordenador una vez la rueda y la bola de la ruleta se pusieran en movimiento, recopilando datos de sincronización para ambos. Una vez el ordenador había calculado el resultado más probable, transmitía ese valor como tonos musicales a un pequeño altavoz alojado en un auricular. Ambos probaron este método en Las Vegas con un elevado porcentaje de aciertos. En 1966, Thorp publicó su sistema de predicción de ruleta, que fue imitado por otros jugadores para ganar dinero en los establecimientos de juego.

Todos estos métodos científicos diseñados para vencer las probabilidades en la ruleta han quedado en un segundo plano con la irrupción de los casinos online, como 888casino. La aparición de las plataformas de juego online hace que superar a la ruleta sea cada vez más complicado para la ciencia, especialmente por el sistema RNG, o Generador de Números Aleatorios. Este sistema matemático es el responsable de la aparición de un número en lugar de otros en el resultado de la ruleta online. De esta forma, el software garantiza que cada giro de la ruleta sea completamente aleatorio y, por lo tanto, impredecible. 


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