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El Comercio Justo está dividido por dos visiones económico-comerciales, según una tesis de la UPNA

Hay diferencias en temas como la venta en canales convencionales o la producción a gran escala, tal como ha investigado Miguel Rodríguez de Vera.

Miguel Rodríguez de Vera Mouliaá, nuevo doctor por la UPNA.
Miguel Rodríguez de Vera Mouliaá, nuevo doctor por la UPNA.

El Comercio Justo es un movimiento social surgido a finales de la década de 1960 y principios de 1970 como “una vía de la sociedad civil para hacer frente a los desequilibrios económicos existentes”. Consolidado ya como “un modelo comercial viable y ampliamente reconocido”, presenta, sin embargo, dos visiones que han causado su división interna: la reformista dominante, que defiende estrategias como la venta de productos a través de canales convencionales o la producción a gran escala; y la rupturista, en minoría, que las rechaza y va más allá al buscar abolir y sustituir “desde fuera” el sistema económico y comercial existente.

Así lo recoge la tesis doctoral en Sociología defendida en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) por Miguel Rodríguez de Vera Mouliaá (Lorca, Región de Murcia, 1984). Su investigación, con la que ha obtenido sobresaliente “cum laude”, es un estudio multidisciplinar del Comercio Justo, recogiendo aportaciones de, entre otras disciplinas, la sociología, la historia y la economía.

El nuevo doctor considera en términos generales que el Comercio Justo, con letras iniciales mayúsculas, representa “un conjunto de normas y principios para el desarrollo de una relación comercial basada en criterios éticos, como justicia, equidad, respeto o cooperación”. Esto significa que este concepto hace referencia a una realidad específica, a un marco de relaciones sociales y comerciales concreto, mientras que “comercio justo” (en minúsculas) simplemente alude a la idea de “comerciar con justicia”, en su sentido semántico.

El Comercio Justo surgió, según el autor, como un movimiento social entre finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, “fuertemente influido por el clima sociocultural de la incipiente posmodernidad”. “Esta supuso una revisión crítica de las consecuencias de la modernidad en aspectos como la desigualdad social, el consumismo o el deterioro medioambiental”, apunta.

La creación de la primera importadora de Comercio Justo (S.O.S. Wereldhandel, en 1967), el inicio de la venta de azúcar “solidario” en Europa por grupos holandeses y la apertura de la primera tienda en 1969 dieron impulso a un movimiento, cuyo origen está vinculado a la Europa noroccidental, sobre todo, a los Países Bajos, tal como recoge la tesis, dirigida por los profesores Celso Sánchez Capdequí (UPNA) y Óscar Mateos Martín (Universidad Ramón Llull, de Barcelona).

GRAN EXPANSIÓN INTERNACIONAL

“El movimiento de Comercio Justo internacional ha experimentado una fuerte expansión desde sus orígenes, acentuada desde finales de la década de 1980, cuando comienzan a configurarse las grandes redes internacionales —la Asociación Europea de Comercio Justo, EFTA, en 1987; y la Federación Internacional para el Comercio Alternativo, IFAT, en 1989— y hace su aparición el primer sello de garantía de producto Max Havelaar en 1988. Esta evolución ha llevado al movimiento a consolidarse definitivamente a nivel social e institucional durante el transcurso de las últimas décadas”, afirma Miguel Rodríguez de Vera.

A día de hoy, la facturación por productos de Comercio Justo se cifra en miles de millones de euros a nivel global y mantiene un crecimiento de ventas anual medio superior al 10% en los últimos lustros, según el nuevo doctor. “Este movimiento implica a más de 2,5 millones de trabajadores y productores, más de 100.000 voluntarios, al menos 4.000 tiendas y más de 500 importadoras especializadas”, añade.

Desde la década de 1990, el movimiento ha recibido el apoyo de diversos organismos e instituciones internacionales, estatales y locales. “Este se ha traducido en diversas leyes, declaraciones, proposiciones y resoluciones a favor del Comercio Justo, realizadas por instituciones como el Parlamento Europeo o el Congreso de los Diputados”, indica.

Sin embargo, hay “dos visiones sustancialmente diferentes que dan lugar a una doble identidad dentro del movimiento de Comercio Justo”. Un primer polo, reflejado por las organizaciones integrantes de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo (CECJ), se muestra favorable “al uso de sellos de garantía de productos de Comercio Justo, a empresas de comercio convencional, a la venta a través de canales convencionales, a la entrada en el movimiento de grandes plantaciones y a la producción empresarial a gran escala mediante trabajo asalariado”. Un segundo polo, representado por los colectivos que integran el Espacio por un Comercio Justo (EpCJ), rechaza estos planteamientos.

La primera visión, la reformista, que es la dominante, defiende una revisión y transformación del sistema económico y comercial existente “desde su interior”, a diferencia de la otra, rupturista, que pretende abolirlo “desde fuera”. “El Comercio Justo se configura como un único movimiento que articula en su interior dos concepciones bien diferenciadas, agrupadas en torno a dos polos de referencia discursiva, y que construyen una doble identidad subyacente”, concluye.

BREVE CURRÍCULUM

Miguel Rodríguez de Vera Mouliaá se licenció en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, en la especialidad de Psicología Clínica para, posteriormente, cursar el doctorado en Sociología en la Universidad Pública de Navarra.

Durante la realización de su tesis doctoral, realizó estancias de investigación en dos centros británicos: la Universidad de Cardiff, en Gales, y la Biblioteca Nacional de Escocia, en Edimburgo.


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