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"El dolor no es para siempre si yo decido que no sea para siempre": las claves para afrontar el duelo

La Asociación Goizargi, ubicada en Pamplona, lleva acompañando a personas que sufren por la muerte de algún ser querido desde hace 16 años. 

Rakel Mateo y Sara Pérez, psicólogas de la Asociación de familias y amigos en duelo Goizargi. IÑIGO ALZUGARAY
Rakel Mateo y Sara Pérez, psicólogas de la Asociación de familias y amigos en duelo Goizargi. IÑIGO ALZUGARAY  

No se llama María, pero su historia es real. Hace un tiempo su marido y ella acudieron como invitados a un cumpleaños y, aunque estaban disfrutando de la fiesta, él se sintió repentinamente indispuesto y decidió marcharse a casa. Fue la última vez que se vieron. Cuando María llegó, su marido yacía en el suelo. Un ataque fulminante al corazón lo había arrancado de su lado.

María experimentó de forma multiplicada ese sentimiento de incredulidad que rodea a todas las muertes. Aunque esta afirmación no es del todo cierta, ya que, según aclara Rakel Mateo, directora de la Asociación Goizargi, “una muerte inesperada no conlleva un duelo mayor o menor que otros”.

Desmitificar esta y otras creencias irracionales que rodean a la muerte centra el trabajo de esta organización ubicada en Pamplona y puesta en pie hace 16 años. Desde entonces, decenas de personas han pedido ayuda al equipo de profesionales que la integran para superar el dolor por la pérdida de algún ser querido.

“Cuando una persona despierta después de una operación no siente dolor, porque está anestesiada, pero conforme el efecto se diluye, el dolor regresa. Se siente peor, aunque su cuerpo se está sanando”, ejemplifica Mateo para explicar el proceso de duelo.

A su juicio, por tanto, la mejor manera de afrontar el dolor es “no resistirse ante lo que hay”. “Las personas que hemos perdido a alguien necesitamos ‘sentir’ el dolor, ser escuchadas”, señala.

Y Rakel sabe de lo que se habla, porque ella misma experimentó la muerte de su hermana cuando ambas eran muy jóvenes. Con el tiempo, sin embargo, logró dotar de sentido a lo ocurrido y contribuir a la puesta en marcha de lo que hoy es Goizargi. “Nuestros muertos nos ayudan a acompañar a los vivos”, añade con una sonrisa.

EL SUICIDIO, DOBLE ESTIGMA

Sara, trabajadora de Goizargi presente también en la entrevista, sufrió al igual que Rakel la repentina partida de su padre. En su caso, fue él mismo quien decidió poner fin a su vida. “Cuando hablamos de suicido el estigma es doble, porque se trata de la muerte, y la muerte elegida”, explica.

A ese sentimiento de incredulidad inicial que experimentan los familiares y amigos del fallecido se suma entonces, en ocasiones, la culpa.  

Sara recomienda a quienes sufren por esta circunstancia “comprobar en la realidad mi responsabilidad”. Algo que también ayudó a María (nombre ficticio de una de las personas con las que trabaja Sara) a superar la muerte de su marido.

“Cuando María habló con el médico y este le dijo que su marido habría sufrido el infarto de todas formas, se sintió más tranquila. El hecho de que ella decidiera quedarse en la fiesta en lugar de volverse a casa con su marido la atormentaba”, recuerda Sara.

En el caso de la terapeuta, comprender las razones de su padre la ayudaron a seguir adelante. “El problema de mi padre era la vida, y mi padre acabó con su problema”, señala.

Cuenta que ella necesitó ayuda para afrontar lo ocurrido, pero lo consiguió. “Mi mundo se rompió y me costó mucho recomponerlo para que volviera a tener sentido para mí. Pero lo logré". 

EL DUELO

El proceso del duelo, aunque es común a todas las personas, a veces puede complicarse. “Yo distingo entre tres tipos de duelo: el normal, el que se complica y el patológico”, refiere Raquel.

La diferencia fundamental entre unos y otros es el movimiento. “El duelo es algo que hay que recorrer, pero no hay un tiempo establecido. Siempre que haya movimiento”.

Aunque el concepto no es complicado en sí, a la hora de llevarlo a la práctica choca con un enemigo habitual de nuestro tiempo. “La prisa”, señala Sara. “El dolor no es compatible con el ritmo social de hoy en día; es difícil acompañar en la prisa”.

Otra 'zancadilla' al dolor son los “límites” que existen en torno al duelo. “Se oye muchas veces hablar a la gente de un año como el periodo habitual de dolor por la pérdida de un ser querido. Pero hemos convertido ese límite en norma y, cuando alguien lo sobrepasa, entra en ansiedad”.

A su lado, Rakel, comparte sus palabras. “Hay una evitación social en torno a la muerte. Hasta cuesta nombrarla. Pero no debería ser así; me gustaría que hubiera más espacios para el dolor”.

La tónica general, no obstante, nos habla de una filosofía diferente. “El tiempo cura todas las heridas; tienes que ser fuerte; reemplaza la pérdida… Son los mensajes que lanzamos a las personas en duelo. Es algo meramente cultural; en Oriente la muerte se vive de otra manera”, apostilla.

Aprender a acompañar a las personas en duelo, por tanto, es tarea pendiente en la sociedad actual. “Tenemos que aprender a acompañar lo que hay, sin juicio. Porque en nuestra mirada y en nuestra forma de relacionarnos con el que sufre hay siempre una intención. Al final, la gente aprende a no llorar”.

En el caso de Sara, recuerda que hablar sobre lo ocurrido con su padre fue fundamental para avanzar en el dolor. “Cuando has vivido algo así la imaginación se dispara. Estás trabajando y, sin previo aviso, un recuerdo doloroso te atraviesa de repente. El hecho de poder hablarlo con alguien hizo que perdiera intensidad”, explica.

La terapeuta culmina la entrevista con un mensaje de aliento a todas las personas que sufren en estos momentos por la muerte de un ser querido. Siente cada palabra que pronuncia y trata de acompañarlas con gestos para evidenciar lo que durante tanto tiempo le costó “entender de cabeza y sentir de corazón”. “El dolor no es para siempre, si yo decido que no sea para siempre”, resume.


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"El dolor no es para siempre si yo decido que no sea para siempre": las claves para afrontar el duelo