SOCIEDAD

Abuela, hija y nieto viven en una habitación de 8 metros en Pamplona: "Necesitamos un empleo para mudarnos"

Sony Ovalle Bueno es venezolana y comparte la estancia con su hija Daniella, de 18 años, que acaba de dar a luz a un bebé en Pamplona. 

Sony Ovalle Bueno, su hija Daniella y su nieto Mathias, viven en una habitación de Pamplona. PABLO LASAOSA
Sony Ovalle Bueno, su hija Daniella y su nieto Mathias, viven en una habitación de Pamplona. PABLO LASAOSA

La habitación está en el Ensanche de Pamplona. Tiene alrededor de 8 metros cuadrados, dos de ancho por cuatro de largo. A la derecha, una cama de 90 y un armario vertical. A la izquierda, una cuna y una mesa de color blanco.

En este espacio, Sony Ovalle Bueno (Caracas, 41 años) y su hija Daniella Ovalle Bueno (Caracas, 18 años) han pasado todo el confinamiento. Dormían las dos en la misma cama, madre e hija embarazada. “Una hacia arriba y otra hacia abajo, con la tripa por fuera del colchón”.  

Hace un mes, Daniella dio a luz a su hijo Mathias. Ahora son tres los que conviven en ese minúsculo espacio. Pagan 250 euros al mes y tienen acceso a baño y cocina. Sony, desempleada desde que su hija volase embarazada de cinco meses desde Vanezuela, pide ayuda para poder salir “aunque sea a una habitación con dos camas”.

Era 2016 cuando Sony llegó a Pamplona huyendo de la crisis económica y política que azota a Venezuela. El dinero que ganaba trabajando en una oficina del gobierno no alcanzaba para mantener a sus padres y su hija. Además, sus ideales, diferentes a los del régimen, le causaban problemas continuados “Me mandaban a marchas o a participar en actos con los que no estaba de acuerdo. Si trabajas en una oficina del gobierno tienes que estar a capa y espada con ellos o lo vas a pasar mal".

Una conocida lejana de su madre la acogió en su casa de Pamplona durante los dos primeros meses. Sony caminaba por la calle colgando papeles en los que se ofrecía para trabajar. Le habían dicho que en España se encontraba empleo fácil. Se dio cuenta de que esto era mentira, cuando tuvo que esperar cuatro meses para tener una oferta.

Ocurrió de la siguiente manera. Un día sentada en una plaza, Sony comenzó a llorar. Había venido a España con 500 dólares, no conseguía empleo y se planteaba la idea de regresar. En un momento dado, dos chicas jóvenes se acercaron a ver qué le ocurría. Resultaron ser cuidadoras que conocían a una señora que necesitaba una persona interna en casa.

Habitación en la que conviven los tres miembros de la familia en el Ensanche de Pamplona. A la izquierda, la cuna donde descansa Mathias. En el lado derecho, la cama de 90 centímetros en la que duermen cada noche Daniella y Sony. PABLO LASAOSA

Sony estuvo trabajando tres años cuidando a la señora en Ochagavía. Durante ese tiempo, alquiló la habitación en la que a día de hoy vive con su hija y nieto. Trabajaba durante 15 días y los días libres bajaba a Pamplona a descansar. El resto del dinero, lo enviaba a Venezuela.

“Me fue fabuloso, estuve muy bien con esa persona. Pero cuando me enteré de que iba a ser abuela tomé la decisión de dejar el trabajo”.

La situación actual en Venezuela es terrible. El sueldo mínimo se sitúa en 6 dólares americanos y existe escasez de alimentos y productos de primera necesidad. Por ello, al quedarse Daniella embarazada tuvieron que tomar una decisión: o que Daniella se quedara con los abuelos e interrumpir el embarazo o venir aquí y tener el bebé. Ahora están cien por cien seguras de que fue la mejor decisión.

Pero no ha sido un camino fácil. Daniella cumplió dieciocho años hace una semana, por lo que voló a España siendo menor de edad. Venezuela intenta que los menores de edad no puedan salir del país. A ellas, les rechazaban trámites por tan solo un error en todo el documento "y eso que son carísimos, porque hay que enviar por correo el documento original”.

Tanto Sony como Daniella son madres solteras. “Ahora se ve más. Las cosas cambian, el modo de pensar cambia, los valores, los principios…”  Sony reconoce que en su momento tuvo muchísimo miedo pero que la situación que se vivía en Venezuela era mucho mejor de la de ahora.

Dos figuras religiosas decoran la habitación de los Ovalle Bueno en el Ensanche de Pamplona. PABLO LASAOSA

Los meses de confinamiento han sido “un poco duritos" para esta familia. Madre e hija dormían juntas en la misma cama, una para arriba y otra para abajo. Sony, sin moverse mucho para no molestar. La poca movilidad y la falta de hierro le han provocado a la ya abuela un síndrome de piernas inquietas, causándole una fuerte quemazón en los huesos.

Cuando certificó que llevaba tres años empadronada, Sony obtuvo la nacionalidad. Su día más feliz desde que está en España. Su hija deberá esperar el mismo tiempo para dejar de ser una indocumentada. Su nieto Mathias, sí tiene la posibilidad de conseguir un NIE por haber nacido en España. No así la nacionalidad.  Los hijos de padres venezolanos al nacer aquí son padres de hijos venezolanos, no nacionales.

Reflejo en un cristal de Daniella Ovalle Bueno, venezolana de 18 años que sostiene a su hijo recién nacido entre sus brazos. PABLO LASAOSA

Sony está más que agradecida al Gobierno de Navarra y a toda Pamplona. Instituciones como Cáritas o Cruz Roja le han facilitado silletas o la cuna para el bebé. También agradece la labor de los sanitarios que en Virgen del Camino atendieron a su hija. 

Lo único que pide es ayuda para conseguir "un empleo con el que ir tirando". Trabajar para alquilar un espacio en el que "por lo menos podamos tener otra cama, o una cama mas grande".


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