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TERRORISMO

José Javier Múgica y el reportaje fotográfico que nunca existió por una bomba de ETA en Leiza

Tan solo una bomba pudo, hace hoy 20 años, comprar el silencio de un hombre indispuesto a replegarse contra la barbarie y el terror.

Imagen del atentado contra José Javier Múgica en Leiza el 14 de julio de 2001
Imagen del atentado contra José Javier Múgica en Leiza el 14 de julio de 2001

José Javier Múgica tenía 59 años cuando fue asesinado por la banda terrorista ETA. La detonación de una bomba lapa bajo su furgoneta dejó huérfanos a sus tres hijos y viuda a su mujer. Tres letales kilogramos de explosivo terminaban con la vida del concejal de UPN en Leiza el 14 de julio de 2001. Han pasado veinte años desde entonces.

Concejal, fotógrafo y conductor de autobús, él siempre controló el miedo. Ocurrió un años antes de ser quemado vivo. Los violentos sobrepasaron las amenazas e incendiaron su furgoneta delante de su tienda de fotografía. "Cada vez que me hacen algo de esto, me crezco. El miedo en nuestra casa ha desaparecido. Nos han vacunado totalmente", declaró entonces Múgica, que no correría la misma suerte en el segundo atentado.

"Fue asesinado cobardemente por defender sus ideas, por defender la libertad, la democracia y la identidad de Navarra, y por no plegarse", declaró su hija Raquel dos días después de la muerte de su padre. La mayor de los tres hermanos reprochó el "silencio y miedo" de muchos vecinos. Sin embargo, aquel 16 de julio de 2001 el repudio a la amenaza terrorista venció al temor y 40.000 personas marcharon en Pamplona contra ETA. 

En una crónica de El País, se recogió que Múgica se sentía dolido cuando lo llamaban "antivasco" y orgulloso cuando lo tildaban de español. Por su trabajo como fotógrafo iba y venía del pueblo en su furgoneta. Había estado trabajando en Fitero pero una pareja de novios le contrató para un reportaje fotográfico lo que le hizo volver a Leiza.

Llegó por la noche, dejó el vehículo junto al portal y subió a casa, al número 30 de la calle Amazabal. Múgica se fue a dormir, desayunó por la mañana y se despidió de su esposa Reyes Zubeldia y de sus tres hijos.

Posiblemente los cuatro vieron, a las 09.55 horas, cómo una bomba lapa de dinamita Titadyne robada por ETA en Grenoble explosionó y puso fin a la vida de José Javier. Ni su familia, ni vecinos, ni Cruz Roja pudieron hacer algo por salvarle la vida. El edil de UPN salió despedido del coche, entre fuego, y murió en el acto. Estaría hasta las 12.55 tendido sobre el asfalto.

"Es una imagen que prefiero olvidar y recordar los buenos momentos del resto del año", declaró su hijo Daniel en el décimo aniversario del fallecimiento. Los cuatro apoyaban firmemente a su padre y ni siquiera el primer atentado fallido les hizo cambiar de postura. Él mismo, sustituyó a su progenitor en el cargo político. "Algo ha cambiado en la sociedad", recitó entonces. 

Entre primer y segundo (y último) atentado José Javier Múgica recibió bastantes pintadas llamándome fascista, asesino, y "todas estas cosas que nos dicen a los que somos un poco éticos, a los que estamos por la libertad y por los derechos de la vida", comentó refiriéndose a la amenazas que le proferían.

Tan solo una bomba pudo comprar el silencio de un hombre indispuesto a replegarse contra la barbarie y el terror.


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José Javier Múgica y el reportaje fotográfico que nunca existió por una bomba de ETA en Leiza