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Los siete rincones de Pamplona con más historia sobre los Sanfermines

La historia de la fiesta está ligada a la de la ciudad y, en cualquier momento del año, se puede revivir San Fermín.

Chupinazo visto desde la Plaza del castillo de Pamplona. CRISTINA NÚÑEZ BAQUEDANO
Chupinazo visto desde la Plaza del castillo de Pamplona. CRISTINA NÚÑEZ BAQUEDANO  

Pamplona, la ciudad de los Sanfermines, tiene una larguísima e interesante historia. Desde su formación en torno al primer milenio antes de Cristo como un asentamiento vascón de nombre Iruña, Pamplona ha crecido y evolucionado de manera considerable. En este artículo os descubriremos algunos de los lugares pamploneses con más historia de nuestra ciudad ligados a la historia de los Sanfermines.

EL POZO: DOS SANTOS Y UNA DIOSA

Justo detrás de la plaza del Ayuntamiento, en el punto en el que convergen las calles Mayor y Jarauta, podemos encontrar un extraño lugar, crucial para la historia de los Sanfermines. Se trata de una placa redonda de hierro que da fe de que ahí se citaron en un momento determinado los dos santos patrones de Pamplona: Saturnino y Fermín. “Aquí está el pozo con cuya agua, según tradición, bautizó San Saturnino a los primeros cristianos en esta ciudad”, reza el pozo en letras de oro. Sobra decir que uno de esos “primeros cristianos” de Pamplona era San Fermín.

La tradición asegura que, siendo San Saturnino obispo de Tolouse, vino a Pamplona (por aquel entonces Pompaelo, nombre que le habían dado los romanos a la ciudad tras su llegada) a predicar el cristianismo. Para bautizar a los nuevos fieles, se sirvió de un pozo emplazado en una zona de bosque, frente a un templo dedicado a Diana, la diosa romana de la caza y la naturaleza salvaje. Parece ser que entre esos primeros cristianos pamploneses estaba el hijo del senador Firmo, un tal Ferminus al que le debemos esta fiesta. La tradición también cuenta que sobre aquel templo a Diana se edificaría más tarde la primera iglesia cristiana de Pamplona, la que hoy está dedicada a San Saturnino y cuyo campanario marca cada 6 de julio el inicio de las fiestas.

Como última curiosidad, la diosa sobre cuyo recinto fue erigida la iglesia de San Saturnino no desapareció del todo. La farmacia que está frente al pozo tiene pintada en su fachada una enorme imagen de Diana tal y como la representaban los clásicos, en una hermosa convivencia entre cristianismo y paganismo.

HOTEL LA PERLA: GRANDES PERSONAJES EN SUS HABITACIONES

En pleno corazón de Pamplona, el Gran Hotel La Perla se erige como uno de los testigos más importantes de la historia de los Sanfermines en los siglos XIX, XX y XXI. Fundada en 1881 por el matrimonio de Miguel Erro y Teresa Graz, la Fonda La Perla pasaría a ser reconocida como Hotel en 1888. Durante muchos años, su restaurante abasteció al Teatro Gayarre y al balneario Betelu.

La Perla puede presumir de haber albergado a toreros, artistas, políticos de renombre y otras muchas celebridades. Diestros como Juan Belmonte y Manolete se hospedaban siempre en la misma habitación. El segundo diestro, muy aclamado en su lidia de 1947, no quería ver a los toros correr el encierro, por lo que pedía una habitación alejada de la Estafeta.

Algunas de estas personalidades, como el actor Paco Martínez Soria o la soprano Maria Callas, se hospedaron aquí durante los días en los que actuaban en el Teatro Gayarre. Pero probablemente, el huésped más célebre de este hotel fue Ernest Hemingway, quien dio a conocer los Sanfermines al mundo entero con su novela 'The sun also rises'. Hay incluso quien cree que el Hotel Montoya de la novela podría estar inspirado en La Perla. Este importante hotel sigue conservando la habitación número 217 (la actual 201) intacta, igual que como la conoció el escritor norteamericano.

Pero no solo de artistas extranjeros se ha beneficiado La Perla durante los Sanfermines. Pablo Sarasate, el famoso violinista pamplonés que vivió durante el siglo XIX y principios del XX, también frecuentaba este hotel. Y Julián Gayarre, el famoso tenor roncalés. Muestra del carácter afable y cercano de estos dos artistas navarros fue el concierto que en una ocasión durante los Sanfermines dieron desde el salón principal del hotel, con los balcones abiertos, para que quienes no podían permitírselo.

Incluso han pasado por sus habitaciones algunos de los Aga Khan, es decir, los líderes espirituales de los ismaelitas nizaríes (una corriente inscrita dentro del chiísmo, el cual es a su vez una importante rama de la religión islámica). Destaca entre ellos Karim Aga Khan, denominado Aga Khan IV. Solía acudir con un enorme séquito, llegando a ocupar en ocasiones todo el segundo piso del hotel. Una de las grandes aficiones del Aga Khan IV era correr en el encierro.

Habitación donde se hospedaba 'Manolete' en el hotel La Perla. NATALIA ROUZAUT

LA PLAZA DEL CASTILLO: LA EVOLUCIÓN DE UN LUGAR ICÓNICO

Ubicada entre los antiguos burgos medievales de San Nicolás y la Navarrería, al sur del Casco Antiguo, la plaza del Castillo supone un nexo de unión entre la parte más antigua de Pamplona y la parte más nueva. Esta plaza, que cada 6 de julio se llena para presenciar el chupinazo frente a una pantalla gigante, no siempre ha sido como la conocemos. Actualmente su principal cometido es el de escenario de los conciertos nocturnos y verbenas durante los Sanfermines.

Antes del siglo XIX, la plaza era uno de los lugares más importantes de toda ciudad. Solía ser una construcción de planta cuadrada o rectangular y allí se celebraban los grandes eventos y festejos. Por ello no es de extrañar que las corridas de toros tan típicos de los Sanfermines, también se celebrasen en esta misma plaza cuando Pamplona no tenía una plaza de toros específica. Esto significa que el recorrido de nuestro famoso encierro no era tal y como lo conocemos hoy: al llegar a la plaza de Mercaderes, las reses no subían por la Estafeta, sino por la calle hoy conocida como Chapitela. La plaza del Castillo era el final de su recorrido, siendo la zona del portal 37 la Casa de Toriles. Esta situación se dio por lo menos desde 1616, y finalizó en 1844, cuando se construyó una plaza de toros fija.

EL NUEVO CASINO: UN BAILE CONVERTIDO EN TRADICIÓN

Muchas veces las costumbres más simples acaban convertidas en auténticas tradiciones. Los Sanfermines no son ajenos a esto, y tal vez el ya conocido Baile de la Alpargata sea el ejemplo que mejor resume esta realidad.

El Nuevo Casino nació en 1856, por iniciativa de un grupo de personas que pertenecían a una sociedad anterior llamada 'los Doce Pares'. Pasaron unos cuantos años hasta que se fijase su sede en el número 44 de la plaza del Castillo, lugar en el que hoy sigue asentado el Casino. 

Fue en este Casino donde poco a poco se configuró esta tradición sanferminera. Después de cada encierro, los socios acudían ahí para tomar un chocolate con churros como desayuno. Con el paso de los años, este desayuno comenzó a ser amenizado con música, de modo que no resulta raro que acabara convertido en un baile. La normativa del Casino subrayaba la necesidad de asistir bien vestidos, pero hay que tener en cuenta que muchos de los socios del Casino venían de correr el encierro, calzados con alpargatas. Obviamente, si querían ir a desayunar y bailar tras correr delante del toro, no iban a parar en sus casas para cambiarse de atuendo. Este pequeño desafío a las normas del Casino le valdría al Baile de la Alpargata ese peculiar nombre con el que ha sobrevivido al paso del tiempo. En honor a este acto nació en 1998 la 'Alpargata de honor', premio que los socios otorgan a la ganadería que haya corrido el mejor encierro

Vista de los fuegos artificiales en la explanada de la nueva estación de autobuses.CRISTINA NÚÑEZ BAQUEDANO

SOCIEDAD NAPARDI. COMIDA, MÚSICA Y EL 'GALLICO DE ORO' 

Definidas por algunos como el primer 'self service' de la historia, las sociedades gastronómicas son lugares que proporcionan a sus socios recreo y descanso con la gastronomía como base. Antes de la creación de Napardi, Pamplona no tenía sociedades gastronómicas. Quienes tuvieron la idea de formar esta sociedad querían traer a la ciudad de los Sanfermines lo que habían visto en Guipúzcoa. En una época en la que se necesitaba autorización del gobierno para reunirse, este pequeño grupo de pamploneses fue dando forma a su proyecto, al que decidieron llamar Napardi, término en euskera que hace referencia a todo lo concerniente a Navarra, todo lo que es entre navarros. Tras reclutar a algunas personas más, la sociedad alquiló una sede en la calle Mayor que se inauguró el 18 de mayo de 1953 y comenzó a funcionar con 60 personas.

Probablemente la aportación más destacable de la Sociedad Napardi a las Fiestas de San Fermín sea el 'Gallico de Oro', costumbre que empieza en 1986. Dicho premio se entrega cada año a un navarro (o a alguien vinculado de otro modo con la comunidad) que haya destacado por su labor en el campo de las ciencias, el deporte, las artes o la cultura. En un principio el premio iba a ser llamado 'Gallico de San Cernin' (una clara referencia a la veleta de la iglesia cuyo reloj, y no el del Ayuntamiento, marca el inicio de las fiestas), pero antes de conceder el primer galardón ya se había cambiado el nombre por 'Gallico de Oro'. Los premiados han sido personas y colectivos tan variopintos como el torero Pablo Hermoso de Mendoza, el actor Alfredo Landa, el harrijazotzaile y escritor Iñaki Perurena o el Orfeón Pamplonés.

EL HOTEL YOLDI: HISTORIA A UN PASO DE LAS FIESTAS

Una mañana de Sanfermines, después del encierro. En un hotel un huésped algo bebido que le pide un cubata al recepcionista. Según la página web del hotel Yoldi, esta divertida situación se ha dado muchas veces en su establecimiento. Cuando se trabaja tan cerca del centro neurálgico de los Sanfermines, la fiesta acaba entrando en el lugar de trabajo.

Al lado de la plaza Príncipe de Viana se sitúa este hotel, tan cercano a todos los puntos clave de la fiesta se contagia con su historia. Un ejemplo de ello es el encuentro de Ernest Hemingway y Antonio Ordóñez en la habitación 204 en el año 1953. El escritor había sido invitado por el diestro malagueño después de que este último faenara en la plaza de toros.

Probablemente fue esa cercanía con el centro de la fiesta lo que hizo que la inmensa mayoría de los toreros que durante el siglo XX vinieron a la feria de San Fermín eligieran el Yoldi como lugar de residencia. Este hotel fue el último lugar de Pamplona que pisó Manuel Benítez 'El Cordobés' tras su sonada bronca con los mozos pamploneses en la plaza de toros. El matador llegó al hotel seguido de una furiosa muchedumbre y, sin tiempo a quitarse el traje de luces, tuvo que salir por la cocina para evitar daños mayores, dejándose bajo el colchón de su habitación el dinero cobrado por torear en Pamplona (le fue devuelto días después).

Los toreros no fueron las únicas celebridades que visitaron el Yoldi. La familia de actores Fonda (Henry, su mujer Margaret Sullavan, sus hijos Jane y Peter, y Bridget, hija de Peter) también se hospedó en este hotel durante unos Sanfermines

LA ESTACIÓN DE AUTOBUSES: DE LAS BARRACAS A LOS FUEGOS ARTIFICIALES

Hoy en día, para un pamplonés meter en la misma frase 'Sanfermines' y 'estación de autobuses' lleva de manera automática a pensar en los fuegos artificiales de la noche. Sin embargo, esta asociación es algo relativamente nuevo.

La creación de la nueva estación de autobuses de Pamplona en 2007 supuso un importante cambio para la ubicación de las distintas formas de ocio durante sus fiestas. Antes de esa enorme explanada había una zona asfaltada en la que se ubicaban las barracas. Norias, camas elásticas, autos de choque, barcas vikingas y casas del terror ofrecían una tarde de diversiones a la que se sumaban diversos puestos de comida y tirapichones. Esta zona de recreo, tan típica de las fiestas populares, se desplazó al parque del Runa, en el barrio de la Rochapea. La única excepción es la noria que, acompañada de unos cuantos puestos de alimentación, se sitúa en el parque de Antoniutti, en el que tiene lugar cada noche una verbena que se prolonga hasta las 3 horas.

A unos metros de la explanada, se encuentra la plaza de los Fueros, que lleva muchos años ofreciendo conciertos.

LA CUESTA DE SANTO DOMINGO, EL ENCIERRO DE... LA VILLAVESA

¿Qué tiene de especial este encierro de la madrugada del 15 de julio? Sencillamente, los toros son sustituidos por un autobús, que en Pamplona recibe el nombre de villavesa.

Esta singular costumbre parece haberse iniciado una mañana del 15 de julio, a mediados de los ochenta. En la cuesta de Santo Domingo, un pequeño grupo de mozos que se negaban a dar por finalizados los Sanfermines cantaba a la hornacina del santo, ya vacía, como si aquella fuera otra mañana de San Fermín. Tal vez sus cánticos trasnochados llegaran al cielo, pues subiendo la cuesta apareció una villavesa de la línea 6, la cual, por aquellos años, atravesaba el Casco Viejo. A falta de toros, los mozos aprovecharon para correr este peculiar encierro. Había nacido una nueva tradición ciudadana.

En 1990, las autoridades decidieron retirar la villavesa hasta el día 16 para evitar los peligros que se derivaban de esta actividad tan pintoresca como temeraria. Los mozos no se rindieron, y durante años posteriores el toro fue una camioneta con cuernos y rabo especialmente diseñada para la ocasión, que llegaba hasta la plaza de toros. Coches, toros de cartón con rueda o bicicletas montadas por dobles de Induráin han ejercido de 'toros', mientras que la hornacina que en los días de fiesta contiene al santo ha sido ocupada por una botella o uno de los mozos disfrazado de San Fermín.


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