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Roberto Armendáriz: "Llevo a San Fermín en el corazón"

Entrevista al rejoneador navarro Roberto armendáriz, que lidiará el 6 de julio toros de El Capea.

La andadura de Roberto Armendáriz (Noáin, 16 de julio de 1985) en el mundo del rejoneo comenzó por su pasión a los caballos, una afición que sentía desde muy pequeño. “Creo que nací con ella”, cuenta. Aunque en su familia no había tradición ecuestre, sus padres estuvieron muy vinculados al ganado y siempre tuvieron animales en casa. Tras unos años montando, Armendáriz sintió que quería más y decidió conjugarla con otra de sus devociones: el toro.

Su comienzo como rejoneador fue temprano. A los 15 años ya había dado sus primeros pasos. El día de la alternativa llegó en 2008 en la plaza de toros de Logroño, tarde que el navarro recuerda con mucho cariño: “Fue un día muy bonito, sobre todo por el apoyo que tuve de la gente de Pamplona, ya que se trasladaron más de 200 personas a verme”. A pesar de que no fue un gran éxito artístico, para él supuso un gran triunfo en su vida. Roberto Armendáriz nunca olvidará lo que sintió al entrar en la plaza y en la lidia y, además, el cariño de todo el público que fue a verle. Aquel gran día, Pablo Hermoso de Mendoza fue su padrino y Sergio Domínguez, su testigo.

Hermoso de Mendoza, la figura del toreo a caballo más importante de la historia, ha sido y es su maestro, su amigo y, sobre todo, siempre será su espejo. Es para él un torero que ha revolucionado el mundo del rejoneo, por lo que su ilusión era tomar la alternativa con la persona que le había llevado y enseñado hasta ese momento.

En su memoria guarda muchas tardes especiales, por lo que elegir una le resulta complicado. De las más recientes se queda con su debut en la Maestranza, el 3 de abril de 2016. Fue un sueño cumplido: “Ha sido un paso muy grande en mi carrera, con unas sensaciones buenísimas en una plaza diferente, en la que nunca había estado”. Su primera tarde en Sevilla, un gran logro tanto a nivel profesional como personal, ha llegado en un buen momento en el que posee una cuadra amplia y de calidad.

UN ESTILO CLÁSICO

Con un estilo de toreo clásico, a Roberto Armendáriz le gusta hacer las cosas con verdad y con pureza, intentando transmitir en la plaza: “Busco que el toro domine, que se mueva, que luzca sus embestidas”. Es decir, que el astado sea un protagonista muy grande en la faena. Trata de aprovechar esa transmisión del toro para pisar terrenos algo más comprometidos en los que se vea emoción y riesgo, pero que, a la vez, todo parezca fácil.

Su vida gira en torno al caballo: “Me levanto y me acuesto pensando en ellos y les dedico todas mis horas”. Para mejorar su técnica con las reses el torero suele desplazarse a las ganaderías, aunque a veces le llevan vacas bravas y algún novillo a su lugar de entrenamiento, la hípica de Zolina. Antes de su tarde en la Maestranza, por ejemplo, estuvo en casa de Miguel Ángel Perera, de El Juli o de El Capea. Grandes figuras del toreo que, a pesar de que son toreros de a pie, pueden enseñarle muchas cosas dado su gran conocimiento del terreno y de la lidia.

La gran pasión de Armendáriz son los caballos. IÑAKI NAVARRO

TARDE DE REJONES

Siempre se viste con la ayuda de su mozo de espadas, aunque sin tardar tanto como un torero de a pie. “Me cuesta como media hora o cuarenta minutos”, aclara el caballista, que elige el traje según la plaza en la que va a lidiar. Él mismo se define como una persona muy creyente, por lo que su ritual antes de entrar a la plaza comienza en la capilla.

Una vez en la arena se santigua y hace una cruz en el cuello del caballo, como forma de pedir protección también para su compañero en la faena. Cuando se abren los toriles y se encuentra frente a frente con el astado, a Armendáriz se le pasan muchas cosas por la cabeza que no son fáciles de explicar. Intenta ver la actitud del animal y estudiar lo más rápido posible su embestida, su velocidad y su firmeza para así acertar con el caballo que va a sacar. Además, también observa el tipo de público que hay ese día para hacer un toreo u otro, siempre dentro de su propio estilo personal.

En la mayoría de las ocasiones Armendáriz siente que conecta con la gente que acude a verle torear, lo que le hace disfrutar más de su profesión. Sin embargo, no duda en reconocer que es una persona que necesita apoyo moral del público, por lo que cuando no hay feeling en la plaza, le pasa factura. “Hay plazas especiales, como es Pamplona, que me hacen sentir como en casa. Es donde más disfruto y donde más me expreso yo mismo”, declara sobre una plaza que le ha visto salir a hombros por la puerta grande.

Para el rejoneador navarro las tres partes de la lidia del toro son especiales, pero afirma que el tercio de las banderillas es donde más temple hay. El primero, el de salida, es el que más le inquieta, ya que la manera en la que se pare al toro y se coloque el rejón de castigo condiciona la faena: “Suele ser un tercio que no resulta muy lucido, pero es el más importante. Es en el que más responsabilidad y más preocupación siento”. En el último, el tercio de muerte, el caballista de Noáin intenta que sea lo más breve posible: “No lo adorno mucho”.

Cada vez que va a torear le acompañan nueve caballos: “Cuatro por toro, y llevo alguno más por si acaso. Cuento con un caballo especial; por ejemplo, por si sale un toro complicado. Puede que alguno llegue con fiebre tras el viaje, o que se le note un poco más apagado y haya que sacar otro que no tenía pensado que fuera a torear”, explica.

La cuadra de un rejoneador depende de cada uno, pero Armendáriz afirma que suelen rondar los veinte corceles toreando. Es conveniente tener varios caballos porque la temporada es muy larga y los animales también pueden sufrir lesiones o necesitar un descanso.

LOS CABALLOS, SU PASIÓN

El nombre de Camarón, su primer caballo y con el que se adentró en este mundo, le acompaña a diario inscrito en la pulsera de su muñeca izquierda. Estos animales se lo han dado todo en la vida: “Es como si fueran un hermano, son mis compañeros, muchas veces mis profesores y otras mis alumnos. El caballo es mi niño, es todo”. Le transmiten confianza y seguridad, le hacen sentir que no está solo, que siempre les tiene a ellos para disfrutar de lo bueno y sufrir juntos en los momentos no tan buenos.

La relación con los componentes de su cuadra es familiar y cuenta que, al convivir con ellos, uno se da cuenta de que en muchas cosas son hasta más sensibles que los humanos. Al astado lo define como el rey, el número uno. “Sin el toro no podría existir lo que estamos haciendo. Me transmite seriedad, respeto”.

El mundo del toreo ha evolucionado y ahora, en palabras del rejoneador, podría decirse que se lidia con más técnica. “Se usan más recortes, se intenta doblar mucho al toro”, lo que supone que se busque un caballo más hábil y no tan rápido como antes para el primer tercio de la corrida. Suelen ser animales que normalmente tienen un cruce de árabe y que son seguros, que no dudan y que son fáciles en la doma. Para el momento de banderillas se saca un corcel bonito, “el caballo más artista”, especifica el rejoneador. “Tiene que tener una conexión especial con la gente por su pelo, su manera de torear, por algún aire de alta escuela que se le pueda enseñar”, afirma.

En el último tercio se saca un animal “más tosco, más pesado”. Esto se debe a que ahí tiene que ser todo más lento y al caballo no debe importarle mucho estar cerca del toro. Para el navarro los astados más destacados son los de El Capea: “Es la mejor que hay para el toreo a caballo”. Armendáriz cuenta que el encaste Murube que tienen estos animales es el que está funcionando para el rejoneo porque tienen mucha nobleza y mucho ritmo, son toros suaves y, además, este toro tiene ese “poquito de emoción más” que no tienen otras ganaderías de este mismo encaste.

ROBERTO ARMENDÁRIZ EN SAN FERMÍN

Como navarro, los Sanfermines son para él la fecha más importante del año. “Creo que tengo una gran responsabilidad con la afición de la plaza de Pamplona. Es donde puedo lucir lo mejor de mí, y lo quiero lucir siempre”. La tarde del 6 de julio, día de los rejones, es para Roberto Armendáriz una lidia que disfruta mucho, pero con una tensión especial. “Como las cosas no salgan como yo quiero me fastidia más que cualquier otro día y hasta que no llegan las próximas fiestas no me quito la espina. Pero, sin duda, cuando salen bien lo disfruto aún más”, cuenta sobre una de sus faenas más especiales.

A pesar de que en el rejoneo no hay peñas, que son las que hacen especiales y diferentes las corridas de Pamplona, para el caballista son una pieza esencial: “Son quienes llenan la plaza y, además, es cierto que cuando alguien hace algo bien en San Fermín todo el mundo atiende, tanto sol como sombra”. Para él, es en Pamplona donde se vive de verdad el toro, ya que a las 8.00 está el encierro; a las 13.00, el apartado; por la tarde, la corrida; y a las 22.00, el encierrillo.

Siente tal pasión y responsabilidad en su encuentro con la afición sanferminera, que no puede ser neutral al hablar de una tarde en Pamplona. “Llevo a San Fermín en el corazón”. Algo que no se queda solo en palabras; también lo demuestran una imagen y una figura del santo que presiden su cuadra.


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