PEÑAS

Las peñas de Pamplona vibran todo el año: hay vida más allá de San Fermín

Una vez se guardan las pancartas y los pañuelicos la Federación de Peñas organiza actividades, viajes, cenas.. Muchas abiertas al público.

La peña Oberena en Sevilla durante la semana santa 2016.
La peña Oberena en Sevilla durante la semana santa 2016.  

El local de la peña Anaitasuna un miércoles a media mañana presenta un aspecto desolador. Nada más entrar, se ve a la izquierda una barra de bar desierta. Pasando una puerta, dos largas filas de mesas y sillas de madera pueden dar cabida a unas cien personas. Las paredes albergan cuadros de temática sanferminera. Es una estancia vacía, oscura, sin vida. Tan solo el zumbido de las cámaras frigoríficas rompe el silencio y unas luces rojas y azules parpadean en una máquina de bebidas.

La única persona que se encuentra allí es Mikel Donlo Pérez. Tiene 28 años y lleva siete como socio de Anaitasuna, pero su fascinación por los Sanfermines y las peñas comenzó cuando era pequeño. Observaba lo bien que se lo pasaban los pamploneses durante las fiestas y le llamaba la atención la salida de las peñas de la plaza de toros. Él quería formar parte de una y lo consiguió de adulto en Anaitasuna, a la que pudo acceder tras dos años en lista de espera.

Ahora, como presidente de la Federación de Peñas de Pamplona, reconoce que le gustaría que la gente pudiera apuntarse sin esperas, pero que, a efectos prácticos, es imposible porque los locales tienen un aforo reducido. De hecho, suele ser bastante menor que el número de socios de una peña, pero en el día a día no les supone un problema porque nunca acuden todos a las actividades que se proponen.

La Federación consta de unos 5.000 socios repartidos en 16 peñas, lo que equivale a una media de 300 por cada una. Aunque los números varían mucho de una a otra, de los 200 de Rotxapea a los 450 de Donibane. Existe una peña más, Mutilzarra, que no pertenece a la Federación.

Las fiestas del 7 al 14 de julio acaparan gran parte del trabajo de las peñas durante el año. Aun así, el resto de meses también preparan actividades. La Federación organiza exposiciones, campeonatos de mus y futbito, una escuela de zanpantzar y txalaparta, cursillos… Siempre con el objetivo de que miembros de diferentes peñas se conozcan y relacionen entre sí. También intentan fomentar las actividades culturales, para realizar una aportación a la ciudad y para evitar que las peñas se conviertan en meras sociedades gastronómicas.

LA CULTURA EN LAS PEÑAS

El local de la peña Anaitasuna un jueves a las 20.00 presenta un aspecto más animado. Se celebra el cuarto encuentro de un ciclo de potes y libros abierto al público. En la barra algunas personas conversan con una cerveza en la mano y otros dos corros de personas están ya en el comedor, donde va a celebrarse el acto. Los bancos se han redistribuido de forma que miren hacia una mesa colocada al fondo desde la que van a hablar los invitados, tres escritores (Mikel Zuza, Juan Torres y Begoña Pro) que han publicado novelas históricas ambientadas en Navarra. Una charla como otra cualquiera, con la diferencia de que los ponentes no disponen de vasos con agua, sino de vino y cerveza. Además, detrás de ellos hay una estantería blanca con vasos y copas de vidrio vacías y botellas de licores.

La charla comienza con diez minutos de retraso. Aitor Iragi, socio de Anaitasuna que ha organizado este ciclo junto con el escritor Carlos Erice, introduce el coloquio en euskera y en castellano, aunque el resto se desarrolla en este último idioma. Utilizan un micrófono, a pesar de que la estancia es pequeña. Se percibe familiaridad entre los presentes: el trato de los escritores es cercano y los que escuchan ríen con sus intervenciones. La informalidad también se refleja en la vestimenta: camisetas y jerséis. Mientras escuchan, la mayoría bebe cerveza Mahou. Asisten menos de veinte personas; la mitad de ellas probablemente superan los cincuenta años. Uno de los chicos más jóvenes se preocupa de reponer la bebida a los invitados y asistentes.

El presentador cede la palabra a los autores para que expliquen en qué se han inspirado al escribir sus novelas, cómo se han documentado o cuánta ficción hay en ellas. Todos coinciden en que mezclan personajes reales con imaginarios, pero aseguran que las vidas de algunos históricos son totalmente novelescas. Después, llegan las preguntas de los asistentes. Uno de ellos aprovecha para reivindicar la historia de Navarra y los escritores están de acuerdo en la importancia de conocerla desde pequeños y de difundirla con rigor.

Al acabar, el presentador impone el pañuelico de la peña a los ponentes, como es habitual cuando les visita un invitado. El comedor huele a alcohol. Son más de las 21 horas y algunos se marchan, pero la mayoría se traslada a la zona de la barra para tomar tortilla de patata y cerveza mientras charla de pie.

Mikel reconoce que no acude mucha gente a las actividades culturales como esta, pero cree que son importantes para que la sociedad no perciba las peñas como lugares donde los socios solo se reúnen a comer, beber y divertirse. Así, combinan los ciclos de documentales, charlas sobre historia, concursos de 'bertsos' o jornadas de montaña con la celebración de la Nochevieja, Carnaval, comidas populares, una Fiesta de la Cerveza o diversos actos que preparan en navidades: danzas, películas, chocolatadas, conciertos…

Hace unos años se organizaban cenas de escalera desde la Federación para juntar a todos los socios de las peñas, pero con el paso de los años se percataron de que cada una prefería planificarla por su cuenta. Así que ahora cada una gestiona si celebrar todos los peldaños o solo algunos y si esas cenas pueden ser abiertas a cualquiera previo pago o solo para los socios.

SANDUZELAI: LA PEÑA MÁS JOVEN

Otro jueves, esta vez a las 22 horas. En el barrio de San Jorge se encuentra la peña de creación más reciente: Sanduzelai. A este local, más amplio que el de Anaitasuna, van llegando a la cena con cuentagotas los jóvenes y mayores: una mujer y una veintena de hombres. Uno de ellos es Adolfo Varona Inda. Tiene 54 años y lleva 36 como socio de la peña. De hecho, con tan solo 19 fue uno de sus fundadores. Corría el año 1980 y Pamplona había ampliado su extensión, por lo que surgió la necesidad de crear peñas de barrio. Ahora planifican actividades en la zona como el Olentzero, en fiestas de San Jorge abren el local a los vecinos y montan algún concierto. También desarrollan eventos, sobre todo gastronómicos, para los socios.

Adolfo, mientras los propios comensales preparan la cena, cuenta que desde la peña hacen todo lo posible para que se apunte gente joven, porque aunque es una de las que más tiene, el relevo generacional ya no es tan evidente como en otras décadas. Cree que la explicación está en que ahora los jóvenes se relacionan de otra manera, más en las bajeras que saliendo de bares. Y en la situación económica de muchos, pues la cuota de entrada, la mensual y la derrama en Sanfermines son unos gastos exigentes. De hecho, durante los años centrales de la crisis económica algunos socios que llevaban bastantes años se dieron de baja. Por eso, desde la peña están promoviendo campañas de captación en las que ofertan cuotas de entrada más baratas, sobre todo para la gente joven.

RELEVO GENERACIONAL

Mikel también está preocupado por el escaso relevo generacional en las peñas respecto a otras épocas. Antes, no era habitual encontrar socios de más de treinta años porque dejaban la peña cuando se casaban. Ahora, continúan durante más tiempo y cada vez entran menos jóvenes. Por eso, cree que es importante potenciar las actividades en las secciones txikis, que casi todas las peñas poseen. Así intentan crear un sentimiento de pertenencia a la peña para que cuando cumplan la mayoría de edad, se apunten a la sección adulta. Estos chicos suelen tener unos beneficios si quieren hacerse socios; por ejemplo, no pagar la cuota de entrada o acceder directamente sin pasar por la lista de espera.

Las mujeres también escasean en las peñas, a pesar de que todas las admiten desde hace tiempo (Irrintzi fue la última en aceptarlas, en 1992). Mikel explica que en origen las peñas eran muy machistas, al igual que lo era la sociedad. Se ha trabajado para que ninguna peña excluya a las mujeres en ámbitos como la cocina, los órganos directivos o la propia Federación, en la que ahora tres representantes de peña son chicas. Aun así, el número de socias no ha aumentado de forma significativa.

Para animarlas a que se apunten, han preparado campañas de captación de socios para la población femenina y algunas de las actividades que desarrollan están enfocadas hacia ellas, como un taller de autodefensa que se celebró en septiembre del 2015. No obstante, intentan organizar actividades mixtas en las que todos disfruten. También quieren potenciar que las chicas participen en actividades que a priori pueden parecer más de chicos, como el futbito o el mus.

OBERENA, 75 AÑOS

Ruth González Plumed tiene cuarenta años y lleva quince como socia de Oberena, peña que se encuentra inmersa en las celebraciones de su 75 aniversario. A finales de marzo de 2016, 80 personas viajaron a Sevilla para visitar la ganadería de Dolores Aguirre, con la que tienen mucha relación. Además, la próxima edición del campeonato de mus anual contará con premios especiales, pero no se conocerán hasta el momento de entregarlos. A principios de junio celebrarán una gran fiesta en la que saldrán en kalejira (pasacalles) con el grupo de dantzas desde su local en Jarauta hasta el frontón Labrit, su sede en los inicios.

Ahora Ruth es delegada de la peña, aunque pertenece a la Sociedad Deportiva Oberena desde pequeña, donde jugó a baloncesto. Hasta 2011 los socios solo se reunían en Sanfermines, pero ese año consiguieron un local fijo y ahora se relacionan más entre ellos. También valora de forma positiva que haya entrado una cuadrilla de unas veinte personas menores de 25 años que ha rejuvenecido el ambiente de la peña. Además, unos cuantos miembros de la sección txiki están cumpliendo la mayoría de edad y quieren continuar en la sección adulta.

Esta mujer de voz ronca, con aspecto juvenil y muy natural al hablar, se pone seria cuando comenta el desigual número de chicos y chicas en las peñas. Recuerda una temporada en la que había bastantes mujeres en la suya, aunque el número ha descendido porque cuando están apuntadas con sus maridos y llegan las obligaciones familiares, son ellas las que se dan de baja.

Ella es madre de una niña y Oberena es un lugar en el que reunirse de vez en cuando con sus amigas. Cuenta que la manera de vivir los Sanfermines por parte de la juventud ha cambiado mucho. Pero anima a todo el mundo a que se apunte a una peña para disfrutarlos con otro ambiente y mucha diversión.

A pesar de todas las ventajas que encuentra en las peñas, reconoce que la visión negativa que tiene parte de la sociedad sobre ellas puede deberse a los excesos de algunos socios en Sanfermines. No obstante, opina que es muy complicado controlar a los cientos de miembros que pertenecen a cada una.

FINANCIACIÓN DE LAS PEÑAS

Otro aspecto controvertido en la relación entre la sociedad y las peñas es su financiación. El Ayuntamiento de Pamplona aporta 80.000 euros anuales, que se dividen entre todas las peñas pero no de forma equitativa. Una de las reivindicaciones de la Federación es que se destine el mismo dinero a todas, porque considera que realizan la misma labor. Aunque agradece la aportación pública, a Mikel le parece una cantidad irrisoria porque equivale a una media de 5.000 euros por peña, cantidad que no les llega ni siquiera para pagar a la charanga los servicios que presta durante todos los Sanfermines.

Es consciente de que la opinión pública cree que cobran mucho dinero destinado a emborracharse. Por eso insiste en fomentar las actividades más culturales y en dar a conocer la historia de las peñas y su aportación a la ciudad. Han escrito un libro ('Peñas de Pamplona. Una historia viva') en el que se puede encontrar información sobre ellas y han grabado un CD con el himno de cada una. Con este tipo de iniciativas intentan sobre todo potenciar la marca de las peñas, ya que no sacan mucho dinero. En realidad, la mayor parte de sus ingresos provienen de las barras que realizan en las fiestas.

También cuentan con el dinero que aportan los socios. La cuota de entrada a una peña varía bastante, desde 400 euros hasta 3.000, porque algunas cuentan con locales muy grandes y bien habilitados. Además, todas las peñas pagan una cuota anual a la Federación para las actividades que organiza.

Al insistir en la financiación pública y en si las relaciones con el consistorio han mejorado desde las elecciones municipales de 2015, parece que Mikel tiene un discurso muy preparado. Con su voz pamplonica, sin mirar demasiado al interlocutor y dando pequeños golpes con las manos en la mesa, opina que las iniciativas de las peñas eran menospreciadas por prejuicios y desconocimiento hacia su labor y que ahora se les facilitan los permisos y se les trata de manera más correcta. Sabe que siempre se les ha identificado con un sector político, pero le gustaría que personas de distintas ideologías se sintiesen cómodas en las peñas.


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