SANFERMINES

Javier Aranegui, del Orfeón Pamplonés: “Lanzar el chupinazo es un regalo de la vida”

La suerte hizo que Javier Aranegui fuera el elegido para tirar el chupinazo de 2015 representando al Orfeón Pamplonés.

Javier Aranegui, en el centro, tras disparar el Chupinazo de los Sanfermines de 2015. REUTERS/Vincent West
Javier Aranegui, en el centro, tras disparar el Chupinazo de los Sanfermines de 2015. REUTERS/Vincent West  

El Orfeón Pamplonés fue escogido por el Ayuntamiento, Junto a la peña La Veleta, para dar comienzo a las Fiestas de San Fermín como conmemoración por su 150 aniversario en 2015. Se hizo un sorteo entre los socios cantantes que querían participar, en total unos ochenta, y una mano inocente sacó su nombre: Javier Aranegui, pamplonés de 27 años. “Es lo típico que piensas que no te va a tocar”, cuenta el joven, que parece que tenía escrito en su destino lanzar el chupinazo, ya que siente una verdadera pasión por las fiestas y es la cuarta generación de su familia que forma parte del Orfeón.

Javier recuerda que el día del sorteo era un miércoles por la noche y que él ni siquiera estaba en el Orfeón. “Hacia las 22.30 miré el móvil para ver a quién le había tocado y tenía muchísimas llamadas del presidente. En el momento en el que me enteré de que había salido yo se me resbaló el teléfono de los nervios”, cuenta Javier sobre sus primeras impresiones al enterarse de que iba a vivir desde dentro uno de los momentos más especiales de los Sanfermines. “Es un regalo de la vida”, afirma.

Javier vive las fiestas de manera muy activa y las define como “la mejor semana del año”. Es bodeguero de La Única, su peña, y en 2015 participó en la procesión del 7 de julio como representante de esta, por lo que fueron unos Sanfermines especiales para él. Además, supusieron también un cambio de perspectiva, ya que tras estar desde los 16 años disfrutando del chupinazo abajo, en la plaza del Ayuntamiento, el año pasado lo hizo desde el balcón.

EL MOMENTO

No hubo ningún protocolo como tal”, cuenta Aranegui. A las 11.00 tuvo que estar en la Casa Consistorial y quince minutos después subió a los balcones de arriba, el lugar desde el que se lanza el cohete. Para saber qué decir habló con Chantal Estrada, la representante de La Veleta, y se pusieron de acuerdo. “Al final la adrenalina hace que salga solo”, afirma. “El ambiente de la plaza es indescriptible. Oyes los timbales y a la gente. Ves toda la plaza llena”. Recuerda que se puso eufórico y que comenzó a saltar. “Los últimos tres o cuatro minutos ya se oía  muchísimo el ruido de la plaza y empecé a ser consciente. Es una sensación que pasa muy rápido y es complicado explicarlo”.

Sin duda, lo que más le impresionó fue el impacto sonoro de la plaza, “cómo te llegaba al decir una palabra”. Aranegui cuenta que, al llevar tantos años viviéndolo desde la propia plaza ya conocía, más o menos, qué iba a suceder. “Cuando salen los timbales ya sabes que queda poco”, declara. Los nervios y la emoción fueron los protagonistas durante aquellos 45 minutos tan importantes para Javier. “Fue un día muy bonito. Yo creo que la gente demandaba esta cercanía en el chupinazo”, declara el encargado de representar al Orfeón en este acto tan importante para los habitantes de Pamplona. Además, el de 2015 fue el cuarto que no era lanzado por un concejal. Si Aranegui tuviera que describir lo que sintió en esos momentos con una palabra, tras mucho dudar, escogería irrepetible: “Irrepetible por todas las buenas sensaciones que he tenido”.


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