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Bill Hillmann, corredor del encierro: "Si corro con los toros, puedo hacer frente a muchas cosas en mi vida"

Este boxeador norteamericano acaba de publicar un libro sobre el encierro; colgó los guantes y una vida marcada por las drogas y el alcohol al conocer los Sanfermines.

Bill Hillman, escritor del libro Corriendo Con Hemingway. PABLO LASAOSA
Bill Hillman, escritor del libro Corriendo Con Hemingway. PABLO LASAOSA  

Bill Hillmann conocía los bajos fondos de Chicago. Los conocía demasiado bien porque estuvo a punto de dejarse la vida entre peleas callejeras, tugurios poco recomendables y compañías peligrosas. Hasta que “Fiesta” cayó en sus puños de boxeador machacados por el alcohol, las drogas y aquello que todavía no tenía nombre y que luego le diagnosticarían como bipolaridad.

Hemingway y su novela lograron que aquel veinteañero norteamericano saliese del torbellino autodestructivo en el que se había sumido. De aquello han pasado ya once años y el encierro se ha convertido en la mejor terapia para Hillmann, transformado ya en uno de los mozos más experimentados del tramo de Telefónica donde corre cada año.

Las fechas, las anécdotas, los nombres de sus compañeros y hasta los de los toros…; la historia de la última década de encierros en Pamplona toma forma en cada frase de Hillmann. Habla de su pasión por los toros como si fuera una verdadera religión, con un misticismo que recuerda la frontera invisible que separa vida y muerte durante la carrera.

Hillmann acaba de recoger todas estas experiencias en “Corriendo con Hemingway. Un mozo americano en los Sanfermines”, su primer libro en español que publica con Planeta después de haberse convertido ya en un gurú de la literatura anglosajona sobre el encierro. Como a él le ocurrió con “Fiesta”, ahora siente la responsabilidad de que su libro pueda ser la guía de muchos jóvenes en la búsqueda de una motivación.

¿Cómo conoce los Sanfermines?

Con 20 años mi padre me dijo que leyera un libro, insistió en que hablaba sobre gente como nosotros, como mi familia. Y ese libro cambió mi vida; era “Fiesta”, de Ernest Hemingway. Lo leí del tirón, en seis horas, y me encantó ese Hemingway aventurero. Fue una inspiración para querer ser escritor.

¿Hasta qué punto cambia su vida?

Había tenido mi última pelea en el campeonato de boxeo Golden Gloves y perdí aquel combate. En esa otra vida estaba bebiendo mucho, tomando drogas, estaba enfermo pero todavía no lo sabía. Y tras leer el libro me planté en Pamplona en 2005. Fue increíble, la magia era paralela entre lo que había leído y lo que estaba experimentando.

¿Y cómo recuerda su primer encierro?

Estaba en la curva de Mercaderes. Cuando vi al toro, sabía que venía a por mí. Corrí hacia delante todo lo que pude como si no hubiera nadie más, sólo el animal y yo. Tenía una sensación de pánico, de puro pánico. Después el toro pasó de largo y ahora, con la experiencia, sé que fue una carrera de lo más normal pero que, por ser la primera, te marca de por vida.

¿El encierro le ha servido como terapia?

Sí, en esos segundos te pasan muchas cosas en la cabeza. El miedo y la tensión te dan una sensación de poder increíble, te llenas de energía. Es una gran vara de medir. Si yo puedo correr con los toros, puedo hacer frente a muchas cosas en mi vida, como una depresión o una enfermedad.

¿Cómo son las relaciones que se crean en un momento de tensión como es el encierro?

Recuerdo mi primer año. Veía cada mañana a un guipuzcoano con camiseta de cuadros, corríamos en la Estafeta. Y sin darme cuenta me veía cada día a las ocho buscándole entre la gente. Nos dábamos la mano, no hacía falta hablar; sabíamos que estábamos bien y era suficiente. Los mozos hablamos la lengua del encierro, son imágenes que se plasman en la retina y se quedan para siempre.

¿Se crea una gran familia entre los corredores?

Me pasó con Aitor Arístegui. Corríamos juntos por el callejón. Una chica le agarró y empezó a caerse. Yo no lo podía sostener y veía por el rabillo del ojo que el toro estaba milimétricamente situado en la espalda de Aitor. Le di con mi periódico en el pitón y lo distraje para que fuera a por mí. Funcionó. En 2013 también pude sacar a Jon Mendoza, el joven de Vitoria que quedó herido muy grave en el montón en la entrada de la plaza. En el encierro se crean amistades en momentos frente a la muerte. Al final te debes a los demás mozos; tienes que estar ahí para apoyarles en momentos difíciles.

¿Lo entiende como un deber?

El encierro es parecido a la guerra y a la violencia. Tengo las mismas sensaciones de cuando estaba en Chicago y peleaba, cuando iba por la calle y me podían clavar un puñal... Pero el deber de un corredor es templar la violencia del encierro. Guiar a los toros para que no pase nada. Aunque no conoces al resto de corredores, son nuestros hermanos. Estamos para ayudar y proteger.

Así explicado, parece que sean ángeles guardianes.

Los que lo hacen muy bien, como Juan Pedro Lecuona o David Rodríguez, se convierten en leyendas y héroes que traen paz. Para mí, que he conocido un mundo violento y horroroso, cosas terribles, es bueno entrar en el encierro y dedicarme al arte de crear paz. Eso cura a cualquiera; a mí me ha ayudado enormemente con la bipolaridad.

¿Cómo vivió la muerte del corredor Daniel Jimeno en 2009?

Dos días antes habíamos corrido juntos, hombro con hombro. Ese día, cuando estaba en la arena, ya dentro de la plaza, oí los gritos y vi en la pantalla que Capuchino (el toro que mató a Jimeno) seguía fuera. Volvimos cinco mozos para intentar guiar al animal. Pero hubo un segundo en el que el toro me vio y me quedé de piedra. No podía moverme, no sabía responder. Otro corredor le distrajo y pude reaccionar.

Pensó en dejarlo, ¿al final qué le hizo continuar corriendo?

Mi mujer estaba en Pamplona aquel 10 de julio de 2009. Eran sus primeros Sanfermines. Cuando nos reencontramos estaba llorando, histérica, quería marcharse de la ciudad. Le di muchas vueltas a la idea de abandonar, era la primera vez que se me pasaba por la cabeza dejarlo. Pero hay pocas cosas que amo, que amo realmente, y una de ellas es el encierro. Así que al día siguiente volví a correr.

¿Fue duro volver a correr después de aquella muerte?

Dos días después de Capuchino un amigo me animó para correr en Santo Domingo. Cuando acabó el encierro y vi la repetición me asusté al ver uno de los Miura, Ermitaño, enseñándose con un mozo en Telefónica. Le había clavado el cuerno, el toro mugía profundamente, el mozo vomitaba sangre… Mi amigo David Rodríguez corrió hacia el toro y le agarraba del rabo intentando distraerle, pero necesitaba ayuda. Ermitaño estaba como un demonio y nadie se atrevía a acercarse. Entonces entendí que debería haber estado allí. Mi deber es estar en Telefónica, estar allí para poder ayudar.

Un toro le cogió a usted en 2014, ¿qué le pasó por la cabeza?

Todo iba bien en aquel encierro hasta que me caí al suelo entre empujones. Con los pisotones levanté ligeramente la rodilla y el toro iba barriendo la calle, con el cuerno a ras de suelo. Cuando me clavó el pitón no sentí ningún dolor. Lo primero que hice fue llevarme las manos a la entrepierna y pensé: “Menos mal que no me ha cogido los huevos”. Cuando el toro estaba a mi lado, mugió furiosamente como diciendo: “Yo te puedo matar, pero no lo voy a hacer; te voy a tener a mi merced”. Me soltó y se fue.

Hemingway le introdujo en los Sanfermines, ahora puede ser usted quien atraiga a personas en una situación parecida, ¿siente responsabilidad?

Sí. Después de la cogida y las dos cornadas, sentí un cambio. La prensa, los compañeros, la gente acudía a mí. Me convertí en una especie de atracción y eso conllevaba una responsabilidad. Lo asumo feliz porque quiero que el mundo vea y entienda la belleza del encierro y los significados más profundos, los códigos de honor. Los extranjeros lo ven como una locura, como algo divertido..., cuando es algo muy serio y muy bello que hay que saber apreciar.

Hablando con Bill Hillmann, dos cosas quedan claras: su pasión por el encierro y sus ganas de propagar su mensaje. Y fuerza no le falta para hacerlo. Se ha embarcado junto con la compañía de actividades turísticas y de ocio "Tradiciones y fiestas" y la agencia de apartamentos turísticos "Heart of Pamplona" en un tour que le llevará por varias localidades de Navarra y de toda España presentando su libro y compartiendo sus reflexiones. Arranca este martes 5 de julio firmando sus ejemplares en el Café Iruña de 12 a 14 horas, a tan sólo unas horas de volver a hacer lo que más le gusta: correr delante del toro.


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