• domingo, 19 de septiembre de 2021
  • Actualizado 06:58

 

 
 

SAN FERMÍN 2021

Encierro de Pamplona: historias de corredores de un "nostálgico" 7 de julio sin San Fermín

Discurrimos por los 875 metros de recorrido que tiene el encierro, que no se celebrará por segundo año consecutivo.

Varias corredores se concentran en torno a la hornacina de San Fermín el 7 de julio a las 8 de la mañana en el día que tenía que haberse celebrado el primer encierro de San Fermín 2021. PABLO LASAOSA
Varias corredores se concentran en torno a la hornacina de San Fermín el 7 de julio a las 8 de la mañana en el día que tenía que haberse celebrado el primer encierro de San Fermín 2021. PABLO LASAOSA

7.50 am, y un fresco habitual (13º) acorrala las calles pamplonesas mientras la capital aún duerme. Esta vez, al igual que el año pasado, los locales no se protegen. Están seguros, saben que la ausencia del toro protegerá sus escaparates. Tampoco abundan restos de basura del día anterior, ya que desde la 1.00 am cerró la hostelería y la policía cercó las zonas más transitadas. No hay rastro de San Fermín.

Llegamos al final de la cuesta de Santo Domingo, y allí, además de algunos corredores que inician el trayecto hacia la plaza de toros, nos encontramos con Juanjo Fermín Preciado, navarro que por azares de la vida se encuentra celebrando su 67 cumpleaños junto a algunos amigos de la cuadrilla. 

Vestido de blanco y rojo, y como un pincel, nos comenta que desde el día en el que nació acude a la cita vestido de gala, y este año no iba a ser menos. "Soy el encargado de poner la hornacina desde hace más de 40 años, y este año que no puedo he venido a verla", comenta sorprendiendo en referencia a una tradición que ahora no ha podido mantener.

Más allá de un par de cuadrillas tradicionales, a las que se les escucha en más de una ocasión recitar la palabra "nostalgia", no se observa gran movimiento. Dan las 8.00 am y, sin ningún tipo de vergüenza, los en torno a diez asistentes empiezan a cantar el cántico previo al encierro: “A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro dándonos su bendición. ¡Viva San Fermín!, ¡viva!”, concluyen con euforia.

Entonces, una gran cobertura mediática empieza a entretener a los allí presentes, y es cuando decido iniciar, con cierta melancolía, un encierro de lo más atípico. Desde el primer momento, me fijo en que tanto en solitario como, sobre todo, en pareja, algunas personas me emulan tratando de volver a experimentar esa sensación que tanto extrañan los navarros.

Jaime Peral, que me obliga a subir el ritmo para alcanzarle enfilada la Estafeta, reconoce sentir tristeza a sus 46 años por la no celebración, pero alegría por gozar de buena salud y ver la luz al final del túnel. "Nunca me plantee que podría estar dos años sin disfrutar de Sanfermines, pero estoy muy orgulloso de cómo está actuando la sociedad estos días de repuntes y confío en que el año que viene disfrutaremos de las fiestas con normalidad y 'a tope'", concluye.

Mientras me despido de él, se empiezan a escuchar varias persianas de establecimientos que abren a la vez que el sol empieza a iluminar las calles. También doy con las primeros grupos de jóvenes, que se encuentran algo perjudicados en el suelo con botellas de vodka y un color en sus camisetas que me recuerda al chupinazo tradicional.

Es entonces cuando me adentro en la tienda de gastronomía Gurgur "Delicias de la Estafeta" para conocer a Nacho Ainzúa, dependiente que ha decidido seguir con la tradición de abrir el establecimiento una vez finaliza el encierro a pesar de la no celebración.

"No nos podíamos imaginar hace unos años que esto ocurriría, pero es lo que hay. Siento lástima de ver esto vacío, y ha sido viniendo a abrir cuando he recordado que hoy era día 7 y estaba todo vacío. Después me he encontrado con los divinos del encierro, que me han hecho sentir la nostalgia de años atrás", comenta afligido.

Como gran parte de los pamploneses, está deseando recuperar ese ambiente que tanto caracteriza a estos días de julio y confía en que, como dice el eslogan, el año que viene "los viviremos".

Con cierta lástima de ver locales tan arraigados a la cultura sanferminera, salí de allí para seguir con mi travesía mientras imaginaba a los seis toros detrás golpeándose con todo lo que se encuentran a su paso.

Así, y obligado a esquivar algún que otro camión de la basura, di con Modesto, pamplonés de 81 años que vive en Madrid pero viene todos los años en navidad y San Fermín. "Cuando me enteré, me costó mucho asumirlo, fue como si me llevase un huracán. Pero aquí, en cuanto ves algunos amigos te vienes arriba", explica detallando que por lo que más dolor siente es la economía y hostelería.

Siguiendo por la misma calle, y por recomendación de Nacho Ainzúa, llegamos a "La Casa del Libro" donde, además de conversar con todo un conocedor del encierro como Fermín Butini Echarte, responsable de la tienda, coincidimos con una cuadrilla de cinco amigos que se conocieron hace décadas en esta fiesta. 

"La verdad es que esta soledad es muy rara y el silencio atronador", reconoce Butini. Manteniendo la costumbre de estas fechas, ha decidido recuperar el horario de apertura a las 6.30 am, con la diferencia de que no cierran por el encierro. 

La Casa del Libro de Carmelo Butini durante el confinamiento por el coronavirus. MIGUEL OSÉS
La Casa del Libro de Carmelo Butini durante el confinamiento por el coronavirus. MIGUEL OSÉS

Entre las cosas que más echa de menos, destacan tres: los gigantes, la procesión y la alegría. De cara a 2022, espera todo esto haya pasado y podamos disfrutar de unas fiestas en total normalidad.

A la salida, he tenido la suerte de coincidir con dos de los integrantes del grupo de amigos: Enrique (52) y Antonio Manzanera (50), que han decidido continuar con su travesía y me han acompañado en la última recta narrándome historias inauditas.

De Madrid y Murcia, ambos se conocieron en 1999 cuando, por su afán de arriesgar y correr cerca del toro, Manzanera tuvo la mala suerte de romperse la rodilla y estar varios meses de baja. Lejos de frenarle, eso le motivó, y desde entonces, incentivado por las amistades que se llevó de la capital navarra, no se pierde una cita con la emoción que le produce el riesgo.

Aun así, y pese a que se les pone la carne de gallina de pensar en los próximos Sanfermines, no están contentos con la deriva que ha tomado el encierro en la última década, ya que su total globalización ha propiciado que los corredores más apasionados no tengan el espacio suficiente para alargar sus carreras.

"Ahora tengo más miedo de caerme que del propio toro. Antes podía aguantarles la carrera más de 30 metros, pero hoy en día se forman unas melés que imposibilitan correr el libertad", comentan indignados.

De esta forma, llegamos a la Plaza de Toros de Pamplona, donde nos damos cuenta de la frialdad del momento. "Imagínate la diferencia de llegar aquí en carrera y que cientos de personas te reciban y esto", explican evidenciando una realidad.

Concluimos el trayecto insaciados pero esperanzados, ya que todo apunta a que más pronto que tarde podremos regresar a la normalidad y disfrutar de esta fiesta, de la que resulta imposible olvidarse. Y es que, como dice la película, debemos pensar que lo mejor está por llegar.


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