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La escritora Rosa Ribas, en Pamplona Negra: "La gente de las altas esferas se permite entrar y salir de los barrios bajos a placer"

La autora de la trilogía protagonizada por la periodista de sucesos Ana Martí impartió la conferencia inaugural de la tercera edición del festival, que termina este sábado.

La escritora catalana Rosa Ribas.
La escritora catalana Rosa Ribas.  

Rosa Ribas (Barcelona, 19XX) es la madre literaria de Ana Martí, una periodista del semanario El Caso que investiga toda suerte de historias en la España de los 50. Primero, en la novela Don de lenguas, y después en El gran frío. Con Azul marino, cierra esta trilogía de género negro que retrata la sociedad del Franquismo y una mujer que rompe moldes. Ribas, afincada en Alemania, ha escrito las tres historias junto a su amiga Sabine Hofmann. Sobre esta última entrega habló con Navarra.com.

Esta semana, la autora catalana ha participado en la tercera edición del festival Pamplona Negra, que echa este sábado la persiana. En concreto, impartió la conferencia inaugural, 'Están ahí. A veces veo personajes'. 

Este es el cierre de la trilogía protagonizada por Ana Martín, una periodista de sucesos a finales de los 50 en Barcelona, en pleno Franquismo.  ¿Cómo ha evolucionado el personaje?

En la primera novela, Don de lenguas, estamos en el año 1952. Ana es una joven aspirante a periodista, ambiciosa, novata, con instinto. Azul marino transcurre a finales de 1959. Ana ha madurado, ha ganado experiencia, ha pisado mucha calle, como le pide su jefe en el semanario El Caso, ha vivido experiencias tremendas, como en El gran frío. También está algo desencantada porque ha sacrificado mucho para poder desarrollar una carrera profesional y en Azul marino se pregunta si ha valido la pena.

¿Cuáles son los mayores retos a los que debe enfrentarse una mujer como ella?

Se trata de una época en la que para las mujeres sólo había dos ocupaciones posibles, el marido y los hijos. Ana tiene que enfrentarse no sólo al rechazo de otros periodistas, sino también a la oposición de su propia familia que no ve bien que se mueva en un mundo tan poco “femenino” como el periodismo de sucesos. Otro gran reto es lograr escribir a pesar de la presión de la censura.

Después de El gran frío, que se ambientaba en un entorno rural, regresa a Barcelona, especialmente al Puerto. ¿Es ya todo un personaje para usted?

Barcelona es una ciudad apasionante, burguesa y proletaria, llena de contradicciones, cargada de complejos, cosmopolita y provinciana, es una ciudad con una personalidad complicada y esto la hace tan atractiva para la novela. El puerto y el Barrio Chino, el Liceo al lado, ¿qué más se puede pedir?

¿Qué le ha permitido ese cara a cara entre españoles y americanos?

Como vivo en el extranjero, me interesa especialmente el tema del choque cultural que se produce entre americanos y españoles. En la novela se presenta el gran contraste entre la España gris y cerrada de la época y la irrupción de cierta modernidad que representaban los marineros americanos. Por poner un ejemplo muy claro, Joselito o Elvis.

En esta historia se mete en las sombras de la ciudad, en sus bajos fondos, entre los que se encuentra también personalidades de las altas esferas. ¿Ha encontrado similitudes con la actualidad?

Hay una situación que parece que, por desgracia, no vaya a cambiar nunca. La gente de las altas esferas se permite entrar y salir de los barrios bajos a placer, los usa para todo aquello que no quieren hacer en casa. Cuando la gente de los barrios bajos sube a los altos suele ser para limpiar.

¿Buscaba, de algún modo, ser una 'cronista' de la España de los 50 con esta trilogía?
Sí. Por eso la trilogía traza un arco temporal que empieza en 1952, el año del Congreso Eucarístico Internacional, pasa por 1956, realmente el año del gran frío, no sólo en el título de la novela, y se cierra cuando la década llega a su fin. Los sesenta tienen ya otro tono. De la mano de Ana recorrernos la evolución del país, también para mostrar que los cuarenta años de franquismo no son un bloque monolítico, sucedieron muchas cosas que son muy relevantes para entender la situación actual.

¿Qué les cautivó de esta época?

Es la juventud de mis padres. Investigar y escribir estas novelas me ha permitido conocerlos mejor.  Es una época también de grandes silencios y esto hacía especialmente interesante tener una protagonista que es una mujer de la palabra, su instrumento para enfrentarse a este tiempo oscuro, pero que es el suyo.

Se dice que la novela negra está viviendo un boom en España. ¿Usted cómo lo ve?

Creo que sí, pero con matices. Y como todo boom tiene una parte positiva, que es que el género gana en facetas y formas, y otra negativa, que es el exceso de publicación y, a veces, la baja calidad para satisfacer una demanda que no es tanta como se dice y se desea.

¿Siente que siempre hay que reinventarse para no caer en los estereotipos del género?

Por supuesto. La literatura es una constante reinvención. Aunque algunos se empeñen en no aceptar la evolución de género y desprecien todas las formas que puede adoptar porque creen que sólo hay determinadas formas ortodoxas de escribir género negro.

Pregunta obligada: ¿Cómo ha sido trabajar a cuatro manos a lo largo de tres novelas con Sabine Hofmann, que además es alemana? ¿Cada una escribe en su propia lengua?

La forma de trabajo ha cambiado a los largo de la trilogía. Don de lenguas es la única escrita propiamente a cuatro manos. En la fase de escritura (tras documentarnos y planificar la historia), cada una escribía en su propia lengua y después nos traducíamos mutuamente. Esa una forma muy lenta de trabajar, estuvimos unos tres años y medio hasta terminar la novela. Pero aprendimos mucho. 

Para El gran frío, cambiamos la técnica. Vimos que lo que realmente nos gustaba del trabajo conjunto era la fase de planificación; de modo que escribí casi todo el texto yo. Sabine escribió algunos capítulos porque su función era leer lo que yo escribía y comentarlo sobre la marcha. Era como una editora interna, ya que había participado en la elaboración de la trama, conocía los personajes a la perfección y podía dar un feedback que no puede lograr nadie externo. En Azul marino ya escribí yo todo el texto y Sabine se encargó de los comentarios. De modo que El gran frío y Azul marino más que a cuatro manos son a dos cabezas.

He leído que le gustaría ver a Ana Martí en el cine. ¿Qué actriz le gustaría que interpretara el papel?

Me encantaría. Pero no tengo una actriz concreta en mente. En realidad la cara que yo le puse a Ana era la de mi tía, que también se llama Ana. Tengo una foto de ella cuando era joven, guapísima, que nos sirvió para los rasgos de nuestra protagonista.

¿Nos avanza algo de su próximo libro? ¿Lo está escribiendo ya?

Lo acabo de terminar. Se titula La luna en las minas y aparecerá en Siruela en mayo de este año. Se trata de una historia que se mueve entre España y Alemania en los años sesenta. Es algo nuevo, diferente entre mis novelas. Se podría decir que es una novela histórica, con la particularidad de que el protagonista es un hombre-lobo.


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