ENTREVISTA

Rebeca Viguri, escritora pamplonesa: "El siglo XIX presenta enormes similitudes con el panorama actual"

La autora y periodista navarra acaba de publicar "La condesa de Padura", una novela histórica que traslada al lector a la convulsa Europa del XIX.

Rebeca Viguri observa Jerusalén desde el cementerio judío del Monte de los Olivos, escenario que aparece en su novela.
Rebeca Viguri observa Jerusalén desde el cementerio judío del Monte de los Olivos, escenario que aparece en su novela.  

Aventura, amor y política se dan la mano en La condesa de Padura, la segunda novela de la escritora y periodista pamplonesa Rebeca Viguri, que acaba de llegar a las librerías publicado por Almuzara. La historia se adentra en la convulsa Europa del siglo XIX a través de una misteriosa mujer, antigua amante de Juan Álvarez Mendizábal, a quien se le encomienda una peligrosa misión. Una encarnizada lucha por el poder que reúne a políticos, clérigos y banqueros y conduce a ciudades como París, Jerusalén y Montecarlo.

En su primera novela, Las espuelas del deseo, narraba la historia de una treintañera en una capital de provincias. Ahora aborda el género histórico. ¿Por qué ese cambio?

Porque escribir consiste en novelar la realidad, en partir del hecho histórico y comprobable hasta convertirlo en ficción, en narración, independientemente del tiempo y el lugar elegidos, que pueden ser el siglo XXI o el XIX, la Roma Imperial o la China de Marco Polo. Ser novelista es viajar, ser capaz de cambiar de lugar y espacio, y contarlo. Si esta vez me he decantado por el XIX es por las enormes similitudes que presenta con el panorama actual. 

¿Qué paralelismos encuentra entre la situación política del siglo XIX en España y la actualidad? 

Las bases que se establecieron entonces han llegado hasta hoy. Si nos fijamos en la Constitución más cercana a la segunda trama de la novela, la de 1837, tenemos un cuadro muy parecido al actual: tanto que de los 77 artículos que contemplaba, 60 llegaron tal cual hasta 1931. Por otra parte, podemos recordar que los moderados consiguieron la conservación del bicameralismo, con un Senado y un Congreso; que las elecciones se establecieron como directas (sufragio censitario); que las Cortes, que eran legisladoras, acordaron reunirse todos los años, pero correspondía al rey fijar el comienzo y final de las sesione y que se otorgó al monarca la capacidad de encargar la formación del ministerio. 

¿Ha sido un reto combinar personajes históricos reales con los ficticios?

Sí, porque en primer lugar ha supuesto un trabajo laborioso de documentación. Después he tenido que armarlo con la suficiente tensión narrativa para que no resultara un muermo o un tratado histórico, para que fuera una novela dinámica, ágil y con nervio. Para eso he inventado a una mujer, que es el alma del libro. La circunstancias históricas siempre están, pero como decorado. Si uno no encuentra a un personaje que arrastre al lector por la narración, es que no ha escrito una buena historia. 

¿Cómo fue la labor documental?

Intensa, pero imprescindible. Me ha permitido crear un mural político, económico y moral ajustado a lo que fue. Hay licencias, porque no se trata de un libro de divulgación, pero creo que en la novela palpita bien el pasado sin ensombrecer la ficción. La comencé en 2011 y la di por finalizada en 2013, pero todo 2014 y la primera mitad de 2015 los empleé en pulir datos históricos, contrastar detalles, consultar bibliografía, hablar con algún historiador... Recordemos que cito cuestiones tan dispares como los síntomas de la sífilis, la situación del Banco de Inglaterra en 1822 para emitir moneda o la marquetería en el palacio de Versalles en tiempos de Luis XIV. 

Se inspiró en un personaje de Benito Pérez Galdós para crear a su protagonista. ¿Qué le llamó la atención?

El que no sea presentada como una víctima de las circunstancias, sino que tenga el coraje suficiente para conducir su vida como ella considera. La vida es solo una y me parece desventurado que haya de vivirse plegada a las exigencias de otros. Tan solo se apunta y, de pasada, el carácter libre de esta mujer, pero es suficiente para que la valentía y la libertad sean los valores fundamentales de la Condesa.

¿Qué define a su protagonista?

Es un personaje complejo. He intentado que sea lo más humana posible, no un conjunto de estereotipos rígido y previsible. Se trata de una mujer que huye de imposturas, elige sus propios caminos, se atreve a equivocarse, acierta a veces, que pierde y gana. Es capaz de evolucionar y de irse construyendo a sí misma.  

¿Cree que faltan personajes femeninos fuertes en la novela histórica?

Yo no hablaría de personajes fuertes  o débiles, sino más o menos repetitivos. Creo que sobran tipos de mujer, como de hombre, muy trillados, muy vistos y predecibles. La historia de la literatura ha concebido todo tipo de mujeres. El siglo XIX fue el de Madame Bovary en Francia y de la Regenta en España. El siglo victoriano en Reino Unido, en el que las mujeres están determinadas por unas circunstancias muy cicateras con su libertad personal y unas normas sociales asfixiantes, que las supeditan al hombre en todo momento. Charles Dickens y Victor Hugo denunciaron las condiciones de esclavitud en las que vivían los niños y los miserables, y sus narraciones nos han llegado mejor o peor en todo tipo de formatos, sobre todo audiovisuales o escénicos. Pero si uno quiere hacerse una idea de las condiciones en las que vivía la mujer, hay mucho menos repertorio al que acudir. 

¿Cuáles son los principales desafíos a los que tenían que enfrentarse las mujeres de la época?

Los mismos que ahora, que se podrían resumir en ganarse la vida y construir sus afectos. Solo que entonces las posibilidades eran mucho más reducidas porque estos desafíos se construyen sobre la libertad personal: un derecho prácticamente inexistente para la mujer del XIX. Así que se veían abocadas al determinismo. No olvidemos que el XIX fue el siglo de Charles Darwin y Carl Marx, los deterministas por excelencia. Esto supone que se veían obligadas a casarse por imposición social o familiar y, además, el matrimonio constituía su modo de vida. Muy pocas tenían independencia económica, fundamental para la libertad personal. 

Banqueros y clérigos juegan un papel importante en la intriga. ¿Qué le interesaba de estos perfiles?

Constituyen el poder del siglo XIX. Toda la organización social se vertebra en torno al dinero y la moral, por lo que es imposible obviarlos si se quiere hacer un retrato fidedigno. De hecho, y si lo pensamos bien, el dinero y la moral son dos exponentes definitorios en cualquier sociedad: pensemos en un escritor actual, como Tom Wolfe. Él lo sabe bien y lo retrata aún mejor, por eso es tan buen escritor, es decir, tan buen cronista. O pensemos en Plauto, allá por las guerras púnicas. Es el mismo caso con 2.500 años de diferencia. El mundo no cambia tanto ni tampoco los perfiles que condicionan su historia, entre los que banqueros y clérigos se llevan el podio y el laurel. 


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