TOROS

Oreja a la entrega de Paco Ureña, con viento en contra y público a favor

El diestro murciano cortó una oreja al quinto toro después de derrochar entrega en sus lances.

El diestro murciano Paco Ureña cortó una muy trabajada oreja al quinto toro de la corrida de hoy en la feria de San Isidro, después de derrochar entrega a lo largo de una tarde en la que contó con el inconveniente de un viento molesto pero también con el favor de un público entregado.

FICHA DEL FESTEJO:

Cuatro toros de Las Ramblas, uno de Buenavista, que remendó la corrida (4º), feo de hechuras y muy manejable, y un sobrero de Julio de la Puerta (3º, sobrero, sustituto de uno de los titulares devuelto por flojo), éste de fina lámina y poco fondo. Los anunciados, muy desiguales de volumen y cuajo, resultaron mansos en varas y de escasa raza, salvo el tercero, que tuvo bravura y suavidad en las embestidas.

El Cid, de nazareno y oro: estocada baja (silencio); estocada caída (silencio tras aviso).

Paco Ureña, de salmón y oro: estocada baja y tres descabellos (ovación tras aviso); pinchazo y estocada (oreja).

Fortes, de corinto y oro: estocada tendida desprendida (silencio); media estocada caída atravesada y descabello (silencio).

Ureña fue atendido en la enfermería de un puntazo corrido en la cara interna del tercio superior del muslo izquierdo y en el escroto, así como de contusiones múltiples, todo de pronóstico leve.

Entre las cuadrillas, destacó la eficacia discreta del "tercero" David Saugar "Pirri".

Décimo séptimo festejo de abono de la feria de San Isidro. Casi lleno en los tendidos, en tarde muy ventosa.


TRIUNFO A GOLPES

Ya estaba en la arena el sexto toro cuando una fuerte ovación acompañaba el camino de Paco Ureña hacia la enfermería, adonde se dirigía vapuleado y cojeando, con otro puntazo más que sumar al que le infirió hace unos días un astado de Victorino Martín en Francia pero que se negó a operarse para poder estar hoy en Las Ventas.

Esfuerzo previo, pues, el del murciano, y sobreesfuerzo también en la corrida de hoy, ante una afición que le ha adoptado ya como uno de sus toreros favoritos y al que él correspondió con una generosa entrega toda la tarde, aun a costa de sufrir dos percances.

El primero lo tuvo al entrar a matar a su primero, saliendo volteado cuando se tiró en busca de una estocada que amarrase el triunfo que tenía en la yema de los dedos. Pero, pese al arrojo en la ejecución, la espada le cayó baja, lo que, junto a tres golpes de descabello, impidió que cortara esa más que posible oreja.

La faena que lo había precedido tuvo sus mejores momentos en el arranque, cuando Ureña dejó más inercia a las embestidas del buen toro de Las Ramblas, ya que durante el resto del trasteo el viento le impidió una mayor precisión técnica y el torero se encimó en exceso con el animal.

No fue, por tanto, una obra fluida pero el público jaleó sobre todo la permanente disposición del diestro de Lorca, lo mismo que le volvió a ovacionar con fuerza cuando le vio irse hacia la puerta de chiqueros para recibir al quinto con una apurada larga a portagayola.

Este otro fue un toro descaradamente manso ante la puya y que no terminó nunca de romper a embestir a la muleta, salvo en tres largos y pulseados naturales que le sacó Ureña en la parte central de una lucha en la que fue el hombre quien siempre puso más.

Así fue hasta que el alto y astifino ejemplar soltó un escalofriante hachazo que alcanzó al murciano hasta prenderle y herirle, buscándole además con saña sobre la arena. Cuando el torero se levantó y volvió a la cara del toro, la plaza entera ya era un clamor que continuó hasta conseguirle la recompensa de esa oreja, esta sí, cortada a sangre y fuego.

Como ahora Ureña, también El Cid fue en su día torero favorito de esta plaza, sólo que hoy el sevillano palpó nuevamente el ya largo distanciamiento con los tendidos venteños ante un primer toro reparado de la vista pero que tuvo muchas menos complicaciones de las esperadas por el pitón izquierdo.

No llegó a confiarse con él su matador, al que luego le costó también autoconvencerse de que el toro de remiendo de Buenavista era tan templado y manejable como él mismo dejó ver cuando lo toreó con algo de reposo.

La peor suerte con los lotes fue para Fortes, como se anuncia ahora este joven torero malagueño, ya que le tocó enfrentarse a un sobrero de Julio de la Puerta de bella y fina estampa que fue aparentemente bravo por su prontitud al acudir al cite pero que se frenaba en mitad de la suerte después de que le sacara una muy buena serie con la derecha.

El sexto, en cambio, fue un toraco cuajado y tan voluminoso como manso, con el que Fortes no pudo mostrar más que su firmeza hasta que el zambombo le volvió grupas totalmente rajado.


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