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Laura Ferrero, escritora y periodista: "Las infancias felices están en Hollywood"

Tras el éxito del libro de su libro de relatos, la autora acaba de publicar su primera novela, 'Qué vas a hacer con el resto de tu vida'.

La escritora y periodista Laura Ferrero, autora de 'Qué vas a hacer con el resto de tu vida'.
La escritora y periodista Laura Ferrero, autora de 'Qué vas a hacer con el resto de tu vida'.  

Ibiza no es el ritmo frenético del verano, ni Nueva York el Manhattan sofisticado de Woody Allen. Igual que la vida no es la historia que nos cuentan, o que nos contamos, con frecuencia. Por eso, cuando nos topamos con esa sorpresa llamada realidad, llegan las frustraciones. Frente a este espejo pone la escritora Laura Ferrero (Barcelona, 1984) a los personajes de su primera novela, Qué vas a hacer con el resto de tu vida, que acaba de publicar con Alfaguara.

Ferrero, periodista y editora freelance, narra la historia otra Laura, la hija de un excéntrico geólogo y una madre ausente que decide dejar su trabajo y mudarse a Nueva York. Allí se apunta a un curso de escritura impartido por Gael, un misterioso argentino, viejo amigo de su madre. 

Tras la buena acogida de Piscinas vacías, su primer libro de relatos, la autora ha regresado a las librerías con una historia en la que vuelve a poner el acento en las situaciones cotidianas, mirándolas desde una nueva óptica, y en la que demuestra su sensibilidad narrativa.

Qué vas a hacer con el resto de tu vida. ¿Por qué este título?

Creo que en nuestro día a día estamos continuamente planteándonos cosas del tipo: qué voy a estudiar, qué voy a hacer este verano, en Navidades... Y este tipo de preguntas tan cotidianas siempre te pone en decisiones. Continuamente tenemos que tomarlas. La de "qué vas a hacer con el resto de tu vida" quizá es una pregunta más trascendental pero no deja de ser, cuando te ocurre alguna cosa, ver tu vida como un 'resto', lo que te queda. Cuando realmente estás tomando una decisión trascendente, surge la pregunta en mayúsculas. En el día a día planteamos parte de esa pregunta. Y cada una de nuestras pequeñas decisiones nos condiciona.

¿Tenía claro el título desde el principio? (Parte de un verso de un poema de Adriene Rich)

No, yo quería llamarla Los contadores de islas o Los buscadores de islas, pero me recordaba mucho a la novela de Rosamunde Pilcher, Los buscadores de conchas, y no supe qué título buscarle hasta el final. Entonces me di cuenta de que todo surgía de una pregunta, la que le hace el padre a la madre. Y es lo que se preguntan todos los personajes. 

Después de lo ha aprendido y escrito sobre las islas, ¿todos somos una isla?

Efectivamente porque, al final, eres parte de una sociedad, de una familia, pero en los momentos más delicados, o más difíciles, estás solo. Naces solo y mueres solo. Y el dolor, o el sufrimiento, no se puede compartir. Es inherente a ti y a tu intimidad más profunda. Superficialmente estamos acompañados pero, al final, estamos solos.

Ambienta su historia en dos islas muy distintas: Ibiza y Nueva York. ¿Ha encontrado conexiones entre ellas?

Son dos islas que no conocemos por nosotros mismos, sino por una imagen mediatizada. Ibiza es fiesta, Pachá.... Y Nueva York es la Nueva York de Woody Allen, el escenario cinematográfico... De alguna manera son dos islas que tenemos muy integradas en nuestro imaginario pero que no las conocemos. A raíz de esta novela, he estado yendo mucho a Ibiza en distintas estaciones y es una isla completamente diferente a la que nos imaginamos. Es esquizofrénica: seis meses, una cosa y los otros seis, otra.

Y respecto a Nueva York, pensamos que es lo más. Sin embargo, llegas allí y estás solo, eres uno más, es muy caro... Es como si traspasaras la carcasa. Sucede lo mismo con las personas. A veces nos quedamos con los estereotipos y bajar a la tierra cuesta un montón. 

Dice protagonista del libro que su padre fundó su hogar en una huida. ¿Ha querido desmontar el estereotipo de qué es una familia?

Se detiene en todos los clichés que tenemos, en las expectativas, y trata de confrontar con lo que son en realidad. Uno tiene en la cabeza una imagen de familia, como que tu padre que vaya a buscar a cole. Igual estás toda la vida esperando a que te vaya a buscar y resulta que no está en casa. Entonces puedes pensar que no es una familia lo que tienes, y por eso te defrauda.

Pero nadie nos dice qué es una familia. Puede ser una madre que cuida a sus hijos, el padre que se queda con los niños... Querernos comparar siempre con lo que la vida va a ser es lo que nos lleva a la frustración. Vivimos en una sociedad que nos dice lo que tenemos que querer y cómo tiene que ser, en vez de dejar que las cosas fluyan.

Sucede lo mismo con la infancia feliz...

Hay mucha gente que no tiene una infancia feliz y encima te dicen que la segunda vez, tu segunda infancia, depende de ti. Y creo que muchas veces no podemos darle la vuelta. Y puedes asumirlo y no frustrarte con lo que no has tenido. Hablas con la gente y ves que las infancias felices están en Hollywood. Pero no por ello te puedes detener. Sería una manera muy reduccionista de ver la vida.

En relación con este tema, la protagonista también cuenta: "Me enamoré de la literatura porque se parecía mucho a la realidad". ¿Es un chaleco salvavidas?

Sí, porque siempre te da unas certezas que no te da la realidad. Cuando llegas al final de un libro, hay solución para todo. Y alguna te gustaría vivir la vida como si esas soluciones estuvieran ahí. Pero luego te das cuenta que en la vida las cosas se quedan sin solucionar la mayor parte de veces.

En un libro ves, por ejemplo: "Me ha dejado mi novio porque ha encontrado a otra". Pero en la vida real, muchas veces el novio te deja y no sabes por qué. Es lo que dice Chéjov: si se cuela una pistola en un relato es porque alguien la va a disparar. Pero yo tengo la sensación de que vivimos con muchas pistolas que se quedan sin disparar.

Hay muchas referencias artísticas y literarias en su novela. ¿Son algunos novelistas en los que se mira, como Patti Smith o Renata Adler?

Sí, son gente a quien le tengo cariño, he leído y que, de alguna manera, me ha influido. Como las memorias de Nueva York de Patti Smith. 

No podía dejar de preguntarle por qué ha bautizado Laura a su protagonista.

La empecé a escribir en primera persona para sentirme más identificada y pensé en cambiarle al final el nombre. Pero me di cuenta que, por mucho que no fuera yo la protagonista, ni que me hubieran pasado estas cosas, sí estaba contando mis miedos, mis deseos, esa falta de certezas que tiene... El sentimiento es universal y lo que nos une, hayamos nacido en Ibiza o en China, es lo que nos ocurre por dentro. Me di cuenta que yo era esa chica, de alguna manera, y le dejé el nombre.

Hay un personaje que encarna una especie de misterio, Gael. ¿Qué simboliza?

Es un espejismo, como cuando tú estás mal y dices: "Me tengo que ir a Nueva York a encontrarme a mí misma". En realidad, la seducción siempre te va a venir por lo que tienes al lado. Pero a todos nos atrae más lo éxotico. Gael es una pieza que, en principio, no está en su puzzle y ella la empieza a poner en él. Como un chivo expiartorio.

¿Cómo ha sido la experiencia de escribir una novela frente a los relatos?

Mucho más difícil porque una novela implica planificación. Los personajes van surgiendo poco a poco. Reclama mucha más estructura, paciencia y una lucha constante contigo mismo.

Qué vas a hacer con el resto de tu vida. Laura Ferrero. Editorial Alfaguara. 298 páginas. 17,90 euros.


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