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Joaquín Ciáurriz, editor del proyecto Baroja & Yo: "A los barojianos nos gusta ir más allá de la superficie”

La colección reúne a más de 25 autores como Trapiello, Juaristi, Puértolas o Atxaga, que relatan su experiencia con la obra de Pío Baroja.

Joaquín Ciaurriz en la calle Nueva, donde vivió Pío Baroja durante su estancia en Pamplona. FOTOS: DAVID SERÓN ESQUÍROZ
Joaquín Ciaurriz en la calle Nueva, donde vivió Pío Baroja durante su estancia en Pamplona. FOTOS: DAVID SERÓN ESQUÍROZ  

Diez años después de su regreso definitivo a España tras el exilio durante la Guerra Civil, Pío Baroja escribió una trilogía: Las Saturnales. El primero de los libros logró superar la censura franquista y fue editado en 1950. El segundo, Miserias de la guerra, no se sacudió el polvo de un Madrid de posguerra hasta que Miguel Sánchez-Ostiz lo transcribió y publicó en 2006. En él, Baroja ácido y triste. Dolorido por una civilización que se desmoronó bajo el plomo: “No han influido en la vida, suavizándola, ni la religión, ni la cultura. El hombre en la guerra es tan cruel y salvaje como lo era en la Edad de Piedra”.

Joaquín Ciáurriz (Pamplona, 1959) siempre vuelve a Baroja. Tras organizar junto al Ateneo Navarra el homenaje Baroja bihotzean (“Baroja en el corazón”), decidió fundar IPSO Ediciones y embarcarse en su primera publicación: Baroja & Yo. Andrés Trapiello, Soledad Puértolas, Jon Juaristi, Bernardo Atxaga, Luis Antonio de Villena, el colaborador de NAVARRA.COM, Eduardo Laporte o el también navarro Daniel Ramírez son algunos de los autores que contarán su relación con la obra de Pío Baroja en uno de los 25 volúmenes de la colección. Ciaurriz está decidido a desmontar en Baroja & Yo los tópicos que rodean a la figura del escritor que, en uno de sus cuentos, desveló qué escondía su mirada escéptica a la civilización: “No quiero derechos, preeminencias ni placeres; quiero un ideal adonde dirigir mis ojos turbios por la tristeza; un ideal en donde pueda descansar mi alma herida y fatigada por las impurezas de la vida”.

Hay escritores que cobran vida a través de su obra: son atemporales, se instalan en la mente de sus lectores y conversan con ellos durante toda la vida. ¿Es el caso de Pío Baroja?

Puede ser. De alguna manera, los “barojianos” nos sentimos muy vinculados a él. Eso es lo que quiero reflejar con Baroja & Yo. Había escuchado a varios autores contar cómo Baroja había influido no sólo en su forma de escribir, sino en su vida. Hay escritores que gustan mucho y otros que no gustan nada, pero Baroja nos hace dar un paso más allá. Siempre se le ha considerado un observador aislado, solitario, incomprendido… Ese punto de melancolía tiene cierto atractivo.

El año pasado, en diciembre, Eduardo Mendoza vino a dar una charla a Pamplona. Yo ya estaba dando vueltas al proyecto. Alguien preguntó a Mendoza si iba a completar un ensayo que había escrito sobre Pío Baroja. Él contestó: “Yo no soy ensayista, pero por Baroja haría cualquier cosa”. Fue tan taxativo que me hizo ilusión. El escritor reconoció que, cuando se topó con él por primera vez, supo cómo iba a ser su estilo: claro y natural.

Baroja nunca quiso hacer una literatura complicada, y se le criticó mucho por eso. Iba por libre. A pesar de los 117 años que han pasado desde su primera publicación, se sigue leyendo y es un símbolo de literatura moderna. Eso es lo que quiero reflejar con el diseño y el formato de la colección, que no parezca algo viejo.

¿Para llegar también al público joven?

Sí, pero es un objetivo difícil. Entre que no se lee mucho y hay algunos autores olvidados… Aunque no es el caso de Baroja. Entre los escritores del 98, Machado y él son los más leídos. Me gustaría atraer a la gente joven. De hecho, en la colección hemos dado entrada a nuevos escritores.

¿Cómo animaría a los jóvenes a aproximarse a Baroja?

Si es una persona romántica, a la que le gusta la poesía, recomendaría la primera obra que editó: Vidas sombrías. Son una serie de cuentos, pura prosa poética. Si no pusiera su nombre en la portada, nadie se creería que es de Baroja. En su primera época fue muy lírico.

Para la adolescencia o quizá la etapa universitaria, El árbol de la ciencia. Hasta el propio Baroja dijo en alguna ocasión que era lo mejor que había escrito. Casi todos los autores de la colección hacen al menos una referencia a este título. Aunque está ambientado en una época lejana, los problemas existenciales de la juventud son los mismos.

Para los amantes de las aventuras, aconsejaría las Memorias de un hombre de acción. Además, tienen una carga histórica muy interesante sobre la Guerra Carlista. Hay Baroja para todos los gustos (ríe).

La imagen de Pío Baroja en la cultura popular es la de un hombre polémico, con un carácter ácido y muy escéptico. Sin embargo, hay facetas de su obra en las que se entrevé una angustia existencial profunda, un apego romántico a la verdad, incluso.

Como todos, Baroja pasó por etapas distintas en su vida. Las enfermedades le rodearon: su hermano Darío, su hermana Carmen… Eso agrió mucho su carácter. Por otra parte, su primera etapa es poética y enérgica. Todavía tenía mucha capacidad vital. Con el tiempo, conoció la realidad de su entorno y a otros escritores. Eso le hizo algo misántropo, es cierto. También es cierto que hay muchos tópicos. Siempre se ha hablado de su misoginia. En Baroja & Yo, cuento con cinco autoras que tratan de desmontar ese prejuicio. Baroja trató muy bien a los personajes femeninos. Luego vino la fama de solterón, gruñón, solitario… Pero quien lo haya leído bien, sabe que era muy romántico. Incluso contó que, en el año que ejerció la medicina en Cestona, se enamoró perdidamente de una criada durante el viaje en tren.

Por otro lado, Baroja rechazaba profundamente la oficialidad. Aunque aceptó su sillón en la Real Academia, nunca frecuentó el mundo del convencionalismo. Tampoco es que fuera un bohemio… Le atraía la gente diferente y se ve en muchos de sus personajes, pero lo vio desde la barrera. No era un hombre de acción. Lo suyo era escribir y dedicó su vida a la literatura. Se volvió estricto y germánico. Y tuvo sus contradicciones, como las tenemos todos. Tiene un atractivo personal que otros escritores de la época nunca han alcanzado.

El tratamiento que da a los personajes femeninos no es el de un misógino, en absoluto. Pero se han registrado algunos comentarios…

Baroja rechazaba abiertamente el servilismo de la mujer de su época. Él valoraba lo que hoy entendemos como una mujer activa: que pudiera trabajar, pensar… Soñaba un prototipo de mujer intelectual que, desgraciadamente, no existía entonces. A veces, atacó a esas mujeres serviles y sumisas, dedicadas a la maternidad y a complacer a los hombres. Nunca supimos qué ocurrió en su vida afectiva, pero tuvo una gran base romántica y valoraba mucho a las mujeres. Hay que leerlo bien y desmenuzarlo. Por eso, dos de los primeros libros, de Soledad Puértolas y Ascensión Rivas, arremeten contra ese tópico y lo justifican.

Es cierto que, en sus memorias, su hermana Carmen criticó que nunca la valoró como artista. Con su hermano Ricardo también tuvo algún roce. Pío era estricto y austero. Sólo le interesaba la literatura. Su hermano, bohemio, andarín, alegre… Puede que su fijación con la escritura le hiciera muy estricto con los que le rodeaban. Pero hay que leerlo bien. Con Baroja & Yo, vamos a intentar desmontar algunos tópicos.

También se le acusó de haber sido favorable al régimen franquista o de ser “anti vasco”.

Los carlistas lo detuvieron en Santesteban y se tuvo que exiliar a Francia. Viendo la miseria en la que vivía parte de su familia en Bera, hizo ciertas concesiones al régimen para poder volver a España y mantener a los suyos. También escribió un libro muy criticado: Comunistas, judíos y demás ralea. Se ha demostrado que el título no lo puso él, pero algo tuvo que tolerar. Si no, no estaría editado. Pero nunca apoyó expresamente el golpe de estado. Todos somos débiles y puede que tuviera miedo a permanecer en Francia durante la Segunda Guerra Mundial. En sus siguientes obras, comenzó a atizar a la República, el comunismo y también la democracia. La masa le horrorizaba.

Lo de “anti vasco” es absolutamente falso. Nunca fue nacionalista porque entonces aquello iba muy unido al clero, bajo el lema “Jaungoikoa eta Lege Zaharra” (“Dios y Ley Vieja”, en euskera). Él se opuso, pero quería mucho a su tierra. Describía paisajes, personajes, la etnografía… Algún sector de la sociedad nunca le ha perdonado que se posicionase tan en contra del nacionalismo, pero hay que verlo con perspectiva histórica. Baroja siempre amó la universalidad. También escribió una obra, Divagaciones sobre Barcelona, en la que atiza al nacionalismo catalán. Esa parte endogámica del movimiento nunca le gustó. En Baroja & Yo, Bernardo Atxaga y Joxemari Iturralde harán un libro bilingüe y tratarán la presencia de la tierra vasca en la obra de Baroja.

¿Cuál es su historia con Baroja?

Yo empecé un poco tarde. Cuando estaba haciendo la mili, cayó en mis manos un ejemplar de El árbol de la ciencia. Acababa de terminar la carrera y me entusiasmó tanto que quise seguir conociéndolo. Experimenté una afinidad muy especial con su obra y comencé a coleccionar primeras ediciones, acudir a congresos, conferencias… Después del homenaje Baroja bihotzean (Baroja en el corazón, en euskera), me quedé un poco corto y decidí poner en marcha Baroja & Yo.

“Siempre volvemos a Baroja”.

Sí, es un espacio de tranquilidad, una constante. Azorín, uno de los pocos amigos que mantuvo durante toda su vida, dijo que Baroja era un lugar seguro. Se refería a esa literatura fácil y clara. Sin embargo, hay una gran melancolía, un análisis muy certero de las personas… Incluso describiendo los rasgos físicos, dibuja la psicología de sus personajes. Los paisajes y las ambientaciones son tan directos que te sumergen en el libro.

El formato de Baroja & Yo es autobiográfico, se aleja de lo académico.

Se han escrito muchos ensayos sobre Pío Baroja, y muy buenos. Yo quería acercarme al terreno personal. Son libritos de 80 o 90 páginas, se leen muy rápido, el formato es atractivo… Cada autor cuenta cómo ve a Baroja y cada uno tiene su propio sentimiento barojiano. Es algo difícil de definir, pero hay denominadores comunes: melancolía, sentimentalismo, algunos que el mal humor… Lo más importante es la observación. Nos gusta mirar a las personas, ir más allá de la superficie. Generalmente, somos difíciles de encasillar en una ideología o corriente, no nos gusta la endogamia de ciertos movimientos políticos. También somos muy contradictorios. Hay gente que ha leído cuatro novelas de Baroja y cree que va con la boina por el mundo…

¿Qué espera de Baroja & Yo?

Es un proyecto muy personal, no tengo la losa de la motivación económica. Sé que no se lee mucho en España y que no será fácil sacar una rentabilidad. He puesto todos mis medios para que se conozca: venta online, en librerías, prensa…Quiero hacer ruido, pero mi fin último es que la gente lea a Baroja. Si contribuyo a eso, ya me vale.


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Joaquín Ciáurriz, editor del proyecto Baroja & Yo: "A los barojianos nos gusta ir más allá de la superficie”