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Javier Erro: “La música es un idioma más, quitarla de los colegios nos va a acarrear problemas”

El joven pamplonés acaba de lanzar su primer disco, que presentará con un concierto en la Sala Canalla este sábado 17 de marzo.

El pamplonés Javier Erro presenta su nuevo disco en Pamplona. DAVID SERÓN ESQUÍROZ
El pamplonés Javier Erro presenta su nuevo disco en Pamplona. DAVID SERÓN ESQUÍROZ  

Todas las conversaciones tienen un tempo. Los que hablan de la lluvia en el ascensor marcan, sin darse cuenta, un vals rígido y aburrido. En una fiesta, dos comentan el reguetón que suena, pero su diálogo es desordenado y espontáneo como el jazz. También siguen la batuta los que discuten, los que no dicen nada o los que ni siquiera se escuchan.

El tempo de Javier Erro (Pamplona, 1999) se contagia. Este músico de dieciocho años acompaña sus palabras con las manos y se mueve en la silla al compás de sus reflexiones. Cuando le preguntan por el futuro, imagina una escaleta en blanco. Erro combina sus estudios de Periodismo con el lanzamiento de su primer disco, Acoustic Piano Versions, en el que incluye temas clásicos de Queen, REM o Scorpions, y actuales (Ed Sheeran o Julia Michaels).

Habla de los talent shows que han revolucionado su generación. Para él, es importante distinguir la magia de la televisión, a veces impostada, y el lenguaje sincero de la música. Fue precisamente en La Voz Kids de Telecinco donde dio sus primeros pasos sobre el escenario. Con quince años, el pamplonés llegó a la final en el equipo de David Bisbal. Erro recuerda su consejo: “No te separes nunca del piano”. Así lo hizo. Este sábado, presentará su nuevo disco con un concierto en la Sala Canalla.

Versiones en acústico, piano y voz. Es un gran formato.

Puede parecer arriesgado, pero es donde me siento más cómodo. Cuando empecé con las audiciones a ciegas de La Voz Kids, Bisbal me dijo: “Ojalá puedas sacar un disco acompañado por un piano”. Estoy cumpliendo un sueño. Quiero plantearlo como un preludio a mis propios temas, antes de desnudarme. Me gustaría que la gente se sumara al carro en Spotify y viera que Javier Erro no está dormido. De momento, la respuesta en las redes me está sorprendiendo. El disco se escucha en Estados Unidos y Europa. Mi música está ahí, y hay personas que deciden compartirla porque la disfrutan. Es una sensación muy fuerte para un músico.

Ahora estamos en proceso de composición: grabo maquetas, voy todas las semanas al estudio… Serán canciones que hablen de mis vivencias o de lo que me gustaría contar como artista. Además, estoy produciendo un tema que se acerca más a la música electrónica o al house. Me apetecía romper con algo más fiestero, que presentaremos en el concierto de Canalla. Se trata de indagar, trabajar con otros artistas y aprender de ellos.

¿Qué ha cambiado en estos tres años, desde tu aparición en La Voz?

Aunque no haya estado en primera plana todo el tiempo, he trabajado mucho. La gente que me conoce lo sabe. A veces, tengo demasiados proyectos en la mente. Creo que la organización es clave y, si te lo propones, puedes llegar a todo. He continuado mi formación musical. Seguir estudiando es fundamental en este mundo. También estoy aprendiendo idiomas: alemán e inglés. Me dejo asesorar por los que saben más que yo y me pueda hacer avanzar. Sobre todo, no he perdido la curiosidad. Me sigo empapando de música, descubro nuevos géneros y cantantes… Nunca me sacio, ¡es un interés casi periodístico!

En el disco, has incluido a Queen, Europe, REM o Scorpions, y también a Ed Sheeran, David Guetta y Sia. Lo clásico y lo actual, un diálogo.

Es un disco de carácter internacional, todo es anglosajón. Cuando hicimos la selección de temas, salieron todos en inglés porque me sentía muy cómodo con ellos. Quería hacer un repaso de los clásicos que ya me llenaban y de otros que he descubierto. Los temas actuales son los que más se están escuchando, claro. Aunque estoy contento de que la gente joven conozca canciones como Bohemian Rhapsody o el What’s Up de 4 Non Blondes. He aprendido mucho haciendo arreglos de grandes canciones, llevándolas a mi terreno e intentando defenderlas a mi manera.

En algunos arreglos, te has animado a modificar la armonía original añadiendo tensiones, acordes más modernos…

Sí. Me encantaría estudiar jazz o blues. Conozco lo poco que he investigado yo solo… Disfruto muchísimo experimentando con los acordes, me encanta jugar con séptimas, novenas [disonancias características del jazz o la música moderna] y la riqueza de los sonidos. Aunque es puramente intuitivo, procuro saber lo que hago. También he alterado algunos tempos, o me he ido por el registro agudo… Siempre con respeto. Mucha gente me dijo: “¡Madre mía, Bohemian Rhapsody! Adoro esa canción”. Me daba vértigo cambiar temas tan conocidos y asentados en el oído popular. ¡Me la van a destrozar! (Ríe).

Puedo sentir euforia al bailar una canción en una discoteca o llorar con una letra que me emociona. Pero, en este caso, no quería una fotocopia de los temas, sino añadir mi personalidad. Por eso, tienen ese carácter tranquilo, con el piano, la voz… Es mi atmósfera, donde me refugio cuando toco. Llevó un tiempo, pero estoy contento con el resultado. Me dejé llevar sin atarme a la partitura.

¿Cómo será la presentación en Canalla?

Habrá formato full band y acústicos. Alguna con piano o guitarra. También prepararemos alguna sorpresa, en la línea del concierto que dimos en la Plaza de los Fueros estos Sanfermines. Como vivencia fue increíble: sentimos el apoyo de la gente y queremos devolver todo ese cariño. Todo serán arreglos, sin fotocopias y en nuestro terreno. Queremos que sea una fiesta.

Como te dijo Bisbal, no te has separado del piano, pero comenzaste estudiando Percusión.

En la Escuela de Música Luis Morondo (Barañáin) durante seis años. Allí participé en coros, orquestas, bandas, conjuntos de todo tipo… También he estado en el Orfeón y en algunos musicales. De pequeño, jugaba a fabricar una batería con las cazuelas. Me encantaba. Cuando descubrí la marimba [instrumento similar al xilófono] y la percusión melódica, empecé a acompañarme mientras cantaba. De ahí, estudié piano y me pasaba el día en la Escuela. Me sentía muy querido allí, como en una segunda casa. Todos ellos forman parte de mi familia musical y se lo debo todo.

¿Qué música escuchas?

Por supuesto, estoy muy influido por lo que suena en la radio. En general, creo que el público es bastante pasivo. Escuchamos lo que nos dan, las canciones de siempre. Eso no es malo, ¡al contrario! Es un punto de partida para descubrir música increíble. Si me gusta un cantante, indago en su discografía. Pero llegó un momento en el que me dije: “Tengo que salir de las listas de éxitos”. Indie, música clásica, jazz… Ahora lo escucho todo. Nunca he tenido un cantante de referencia, un ídolo. Me intento empapar de su música, de su imagen y aprender lo que puedo.

Tu registro es original, agudo para ser una voz masculina.

Ahora estoy trabajando los graves y el falsete. De pequeño, podía cantar incluso el Aria de La Reina de la Noche. Después, me cambió la voz. Es cierto que arriba siempre me he encontrado más cómodo, pero tampoco diría que los graves son mi punto débil. Al tratarse de una voz masculina más fina, puedo hacer que el registro bajo suene nítido y dulce. Eso me gusta. Todavía tengo que trabajar mucho. Sentir envidia por lo que no tenemos es ley de vida. Me encantan los barítonos, pero soy consciente de mi voz y disfruto con ella.

¿Sigues estudiando Piano?

Lo que toco para acompañarme al cantar es “de oído”. Trabajo en casa y experimento. Por otro lado, tomo clases particulares de técnica y repertorio clásico: Albéniz, Mozart, Beethoven, algunos estudios… No puedo dedicarle todo el tiempo que me gustaría, es un camino muy sacrificado. Creo que nunca me lancé al Conservatorio por esa razón. Quería aprender otras cosas, me daba miedo encorsetarme. Sentía que iba a sufrir. Para mí, asociar el sufrimiento con la música sería imposible.

Aunque has pasado muchos años en una Escuela de Música: solfeo, historia, lenguaje musical, coro… ¿Qué te parece el sistema de enseñanza?

 Mis profesores me comentaban que ha habido una gran evolución. Todo es mucho más pedagógico. Me encanta cuando la gente se acerca a contarme que sus hijos quisieron estudiar piano porque nos han escuchado en la televisión. Eso es lo mejor que me pueden decir y me siento muy orgulloso.

Me da mucha rabia que haya niños demasiado presionados en las Escuelas de Música. Es totalmente innecesario. No sé si es por parte de los padres, de los profesores, del temario… Es imposible enseñar la música de una forma tan rígida a un crío que prefiere ir a jugar al parque. Está claro que hay alumnos más implicados que otros, pero la exigencia es una realidad. En los últimos cursos, casi no queda nadie.

A mí me gustaba aprender descubriendo. El lenguaje musical se ha enseñado durante mucho tiempo de manera “dictatorial”. Todo son mandatos. Entiendo que haya niños que no lo soporten. Siempre digo que la música es un idioma más. Tenemos que adaptar la enseñanza a los alumnos. Con las reformas políticas recientes, la asignatura de música está quedando en un segundo plano dentro de los colegios. Estoy seguro de que eso nos va a acarrear problemas.

“¿Para qué estudio música si quiero ser médico?” La típica pregunta. Todo es cultura, no se dan cuenta de que está en todas partes. No podemos vivir sin ella. Que la gente mire el arte únicamente como un pasatiempo… Falta concebirlo como un futuro real y duro como cualquier otro. Me da rabia que sólo se considere un trabajo el estar diez horas delante de un ordenador, pero no en un estudio de grabación matándote la voz.


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