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Izal no defrauda en el concierto de su último disco en Pamplona

El pamplonés Mikel Izal, cantante del grupo, no se olvidó de transmitir todo su cariño a su tierra.

Izal en el concierto de Pamplona.
Izal en el concierto de Pamplona.  

Después de que se agotaran todas las entradas para el que iba a ser su único concierto en la ciudad, el grupo Izal por fin tocó el nuevo disco en el Café Zentral.

Este 6 de noviembre el local estaba hasta los topes para poder disfrutar de un concierto donde sin duda “Copacabana” fue el disco protagonista, sin dejar a un lado temas marca del grupo como “Qué bien” con el que el público se dejó la voz y donde recibió una lluvia de confeti.

Tras cinco años sobre los escenarios cada uno de los integrantes supo disfrutar juntos y por separado de una buena actuación.

El telón negro, que escondía detrás el escenario, se abrió para dejar ver el gran led rosa con un Copacabana y una palmera que quedaba detrás de la figura de Mikel Izal. El cantante dio comienzo al tema principal del disco, mientras Alejandro Jordá tocaba la batería, Emanuel Pérez le acompañaba en el bajo, Alberto Pérez lo hacía con la guitarra e Iván Mella con el teclado.

Los cinco tocaron tres canciones seguidas antes de que Mikel hablara para, en realidad, decir poco y cantar mucho. En canciones especiales como “Mi pequeña gran revolución”, Mikel sí se explayó para dedicársela a su sobrina, esa revolución tan grande y tan pequeña para él.

La cosa fue de familia durante la noche ya que no faltó la mención del pamplonés a sus padres y abuelos que le miraban desde el piso superior del local sentados en primera fila sin poder quitarle el ojo de encima.

Después de 2 horas de concierto el grupo cerro su actuación con la canción “Pánico Práctico” de su segundo disco.

Como buen pamplonés Mikel Izal no se olvidó de mandar todo su cariño a su tierra antes de terminar la noche entre aplausos y gritos.

Pero el concierto no acabó con la última canción del grupo. La canción “Copacabana” de Barry Manilow sonó para que los cinco y todo el público dejaran de saltar y pasaran a moverse al ritmo salsero de 1978.

Con esta canción abandonaron el escenario tirando las batutas, cuatro camisetas y mirando a las chicas de primera fila que les pedían que les dieran algo sin poder hacer otra que irse con una sonrisa.

Los que se quedaron en el Café Zentral hablando del concierto, tomando algo o bailando al ritmo de Loquillo o Vetusta Morla, podrán contar cómo se sacaron fotos con el grupo o contarán a sus amigos las conversaciones fugaces que pudieron mantener con Mikel porque estos bajaron a tomarse algo a la pista donde antes habían sido aplaudidos. 


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