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Fernando Redón: "En cada esquina de París o Londres hay un edificio que en Pamplona sería el mejor edificio de la ciudad"

Recuperamos una entrevista en la Universidad de Navarra con el arquitecto navarro, fallecido en Pamplona a los 87 años, en la que repasa parte de su obra y trayectoria. 

Fernando Redón recibió la plomada de Oro de manos del Colegio Oficial de Arquitectos en Navarra en el año 2015 de la mano de Rafael Moneo.
Fernando Redón recibió la plomada de Oro de manos del Colegio Oficial de Arquitectos en Navarra en el año 2015 de la mano de Rafael Moneo.  

El arquitecto Fernando Redón ha fallecido en Pamplona a los 87 años. Hace 10 años ofreció una charla en la Universidad de Navarra, una conferencia en la que repasó su trayectoria profesional, entonces de más de medio siglo. 

La Universidad de Navarra publicó entonces una entrevista al arquitecto que por su interés reproducimos de forma íntegra a continuación:

El arquitecto Fernando Redón ha presentado en la Escuela de Arquitectura buena parte de su obra como arquitecto y pintor en una conferencia titulada 'Fernando Redón: 1953-2006' que ha resumido su trayectoria profesional de más de medio siglo. Redón es una de los arquitectos navarros más prestigiosos, y entre sus trabajos figuran el pabellón de Navarra en la Expo'92 de Sevilla, el Club de Golf de la Ulzama (1964) u obras como las Torres de Huarte (1963) en el barrio pamplonés de Iturrama o el edificio 'Las Hiedras' en la Avenida Baja Navarra de la capital navarra. · En los años 80 inició una extensa actividad como diseñador gráfico y editor de publicaciones de naturaleza y arte. Además, más en los últimos años, ha dedicado su tiempo también a la pintura.

Más de 50 años de actividad profesional dan para hablar largo y tendido. Fernando Redón, arquitecto desde 1956, empezó a realizar sus primeros trabajos allá por 1953, por lo que durante el último medio siglo ha vivido un sinfín de anécdotas en el mundo de la arquitectura que ha compartido con el público presente en una conferencia cuyo título resumía el objetivo de la misma "Fernando Redón. 1953-2006". 

De las obras que ha realizado a lo largo de su carrera profesional, ¿de cuál se siente más satisfecho?
A los hijos se les quiere por igual, aunque es verdad que siempre hay algunos que son más guapos. Quizá me siento más satisfecho de obras pequeñas, como fue un local comercial de arquitectura interior para la empresa Salvat, o en obras más importantes también me siento orgulloso de la Clínica Ubarmin o del Club de Golf de la Ulzama.

¿Qué obra le gustaría haber realizado y no ha podido?
Me hubiera gustado poder hacer un hotel. He hecho restaurantes y bares, y aunque en su día empecé a hacer algún anteproyecto para alzar hoteles, al final nunca he podido completarlo.

Seguramente de su obra se habrán dicho muchos comentarios. ¿Cuáles son los que más le han afectado?
Me molestó mucho todos los comentarios que se suscitaron alrededor del proyecto de peatonalización del Casco Viejo de Pamplona. Y me molestaron porque no sólo se hablaba de urbanismo o de arquitectura ya que se mezclaron temas políticos. Era el eterno debate entre loseta y adoquín, algo que además está mal dicho porque no se trata de losetas sino de losas. Incluso se hicieron algunos pasquines con el lema 'Fernando Redón: el terrorista de la arquitectura'. 

¿Y guarda algún pasquín, a modo de recuerdo, al menos?
Sí, aún guardo alguno de estos pasquines e incluso en una conferencia que hice hace dos años en Puerto Rico los mostré. 

Usted se licenció como arquitecto en 1956. ¿En qué ha cambiado la arquitectura que se hacía en esos años a la que se hace actualmente?
Ha cambiado una barbaridad. Sobre todo en dos aspectos. Por una parte lo que la gente considera hoy en día como algo minimalista es admitido como lo más natural del mundo. Recuerdo que cuando construí un edificio en la Avenida Baja Navarra, la llamada 'Casa de las Hiedras', en su época le llamaron el 'Muro de la Vergüenza' haciendo una comparación con el muro de Berlín. Y por otra parte el catálogo de productos que existe actualmente no tiene nada que ver con el que había en los años 50. Ahora está todo muy estudiado, desde los revestimientos exteriores, la carpintería, las ventanas. Ahora es hasta difícil poder elegir, y en esos años, como por ejemplo cuando hice un chalet para Felipe Huarte, tuve que diseñar hasta las manillas de los armarios...

¿Y la formación de los arquitectos, también ha experimentado un cambio tan brusco?
Sí claro. Los supervivientes de mi promoción lo podrán confirmar. Cuando yo estudiaba arquitectura nadie hablaba de los Wright, Le Corbusier o Van der Rohe. La Bauhaus ya había hecho una barbaridad de cosas y los estudiantes en España no teníamos ni idea. Recuerdo que una vez nos visitó Richard Neutra, con 60 años, y nos parecía un revolucionario... Además, por ejemplo, tampoco había revistas de arquitectura en España.

Usted ha sido profesor de arquitectura. ¿Qué consejos da a los alumnos aparte de las cuestiones técnicas propias de las asignaturas?
Lo primero que les digo es que nuestro oficio es construir y que hay que tener siempre muy claro todos los aspectos determinantes durante el proceso proyectivo. Los proyectos deben ser siempre correctos, olvidándose de las genialidades. Las obras geniales no se enseñan y rara vez se exigen. Lo que sí que tienen que ser todas las obras son correctas. Siempre digo que si toda la arquitectura de Pamplona fuera correcta esta ciudad sería modélica.

¿Y no lo es?
Vamos a ver, en algunas cosas sí, pero en otras no. No llega a ser como la típica ciudad horripilante de la Costa del Sol, llena de edificios. Por ejemplo, la segunda parte de la calle Carlos III fue construida en la época de la posguerra, y la calidad no es buena. Ahora, por ejemplo, el nuevo barrio de Buztintxuri tiene mucha más calidad. Siempre he dicho que Pamplona es una ciudad carente de monumentos y edificios de mayor calidad en los materiales constructivos. No se puede comparar, pero en París, Londres o Amsterdam en cada esquina hay un edificio que si se pusiera en Pamplona sería el mejor edificio de la ciudad. Y a veces ni siquiera figura ni en los planos ni en los catálogos de esas ciudades...

Los dos últimos premios Príncipe de Viana de la Cultura han sido usted y el ingeniero Javier Manterola. ¿Cree que existe actualmente un mayor reconocimiento de la profesión de arquitecto o de ingeniero?
Yo creo que sí. Me llevé una gran alegría cuando le dieron el premio a Manterola, que es un ingeniero de trascendencia internacional. Además, mi madre y la suya eran primas, y guardamos una relación personal estrecha. En cualquier caso cuando me dieron el premio a mí tuve que competir con el grupo Barricada, así que el premio era un poco raro ya que o me lo daban a mí o se lo daban a un grupo de rock...

¿Y llegó a conocer a los integrantes de Barricada?
La verdad es que no, pero les he visto en fotografías.


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