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Eduardo Laporte, escritor pamplonés: "Ponerse cara a cara con la muerte es la esencia de la aventura"

El autor y periodista navarro acaba de publicar "La tabla", novela de no ficción que narra el naufragio de un joven pamplonés que pasó 30 horas en alta mar agarrado a su tabla de windsurf.

El escritor pamplonés Eduardo Laporte. SERGIO ERRO
El escritor pamplonés Eduardo Laporte. SERGIO ERRO  

30 horas en alta mar, a merced del Mediterráneo, aferrado a una tabla de windsurf sin vela. Esa es la odisea que vivió el pamplonés Xabier Pérez Larrea en las vacaciones de Semana Santa de 1990. Tenía 17 años y había salido a practicar su deporte favorito en la playa de La Pineda, en la costa de Tarragona, donde desapareció empujado por el viento y la furia marina. Tras una terrible noche de sal, olas salvajes y golpes, y una mañana de sol implacable, fue encontrado y rescatado por un helicóptero del Servicio Aéreo de Rescate. 

Más de dos décadas después, el escritor y periodista Eduardo Laporte (Pamplona, 1979), colaborador de Navarra.com, ha rescatado esta historia en La tabla, una novela de no ficción que acaba de llegar a las librerías de la mano de Demipage. A caballo entre el reportaje, la biografía y la autoficción, el autor pamplonés reconstruye esta aventura de lucha por la supervivencia, que es también un claro en el que mirar el periplo del propio escritor.

¿Qué le sedujo de la historia de Xabier para seguir indagando en ella?

Tenía en la cabeza el recuerdo porque era compañero del colegio San Cernín. Era unos 7 años mayor y cuando tú vas a 8º y el va a COU, te parece super mayor. Básicamente, fue curiosidad. Yo estaba perdido por parajes almerienses, me fui a bañar y sentí ese miedo que a veces te provoca el mar. Entonces me acordé de Xabi. Fue como una llamada periodística y dije: ¿Por qué no me planto en su casa y que me lo cuente él con todo detalle? Tuve suerte, porque tenía el temor de que fuera reacio y no me hiciera ni caso. Pero él estuvo en todo momento muy dispuesto y me lo contó a pedir de boca, como un profesional del relato.

A lo largo del libro está muy presente el Relato de un náufrago de García Márquez. ¿Una contraposición al náufrago de su historia, quizá menos Robinson?

Yo creo que es una historia épica porque Xabi estuvo luchando como un titán en la noche en la que si se rendía se iba a ir al fondo del mar. Eso hay que señalarlo. En el caso de Luis Alejando Velasco, estuvo en una balsa 10 días y aguantó, pero tampoco podía hacer otra cosa. No sabemos si Xabi hubiera aguantado más en la tabla. Yo creo que sí, porque tenemos unos límites que no conocemos.

Son parecidos pero en el de García Márquez es una balsa y él se puede tumbar. Tiene un cierto confort, entre comillas.Y en el de Xabi era una tabla de la que todo el rato se estaba escurriendo y suponía una lucha cuerpo a cuerpo con el mar. Es una aventura mínima, porque son 30 horas, pero absoluta, porque ponerse cara a cara con la muerte es la esencia de la aventura y de la experiencia trasformadora.

¿Ha querido romper con los estereotipos del náufrago de la literatura o del cine clásico?

He caído en este universo del náufrago un poco por casualidad y me interesaba esa noche en el mar porque siempre me ha dado un poco de respeto. Imaginarte a un chaval de 17 años superando una noche en la inmensidad del mar sin ninguna luz alrededor y con ese oleaje a lo bestia me parecía muy curioso. Una especie de pesadilla. Poéticamente, es bastante potente la imagen de la soledad más absoluta, en medio del mar, aferrado una tabla de windsurf. Es una situación en la que no le gustaría estar a nadie, pero también me pareció elegante esa noche estrellada: la belleza dentro de lo siniestro. Hay varios elementos que me parecían muy literarios.

¿Qué buscaba?

Era un reto escribir sobre una experiencia ajena. Él me contó todo con mucho detalle, pero no qué pensaba o cómo sentía ciertas texturas. Estás obligado a meterte en la cabeza del otro y hay un momento en el que te lo crees. Sale de manera natural esa especie de empatía o de fusión con tu personaje. De hecho, cuando me contó la historia, tuve pesadillas. Soñé que estaba en el mar ahogándome. Cuando uno se pone a contar la historia de otro tiene que hacer ese ejercicio de empatía extrema.

Dice como narrador en su libro: "Ir a su encuentro era también viajar hacia mi mismo". ¿Por qué ese viaje interior?

Creo que la literatura, en general, y la autobiográfica, en particular, tiene que ver con conocerse a uno mismo. Este libro me permitió hacerlo y saber que, a lo mejor, estaba en una etapa de mi vida en la cuerda floja, en una cierta crisis... Sin darme cuenta me fui hacia un personaje como Xabi que entonces estaba en dificultades. No he ido a un triunfador, a un aventurero, sino a un personaje en apuros que, inconscientemente, me identificaba con él. Está en apuros pero, desde luego, sabe darle la vuelta a la tortilla y acaba dando un golpe de timón a su vida.

Creo que en la literatura de no ficción y autobiográfica no basta con contar hechos. Para eso ya está el periodismo. Hay que hacer un trabajo posterior de darle sentido y que el lector se lleve un mensaje, un poso.

El personaje dice en un momento: "Ese enemigo real era yo mismo". ¿Sucede así muchas veces? ¿También como escritor?

Sí, la verdad es que no tenía un bloqueo de ideas, porque escribo hasta en las servilletas, pero el escritor tiene que luchar contra su propio juicio y su exigencia. Eres el primer crítico contigo mismo y con que el trabajo no está a la altura. Como dice Sara Mesa, "un escritor debe ser el escritor que debe ser". Yo veía que podía ser algo más y en eso estoy. Este libro no significa tampoco que me haya consagrado, pero sí da cierta moral ver una historia que creo tiene cierta redondez y que los editores de Demipage apoyan. Es interesante salir de ti mismo y a través de los demás, encontrarte.

Reporterismo, autoficción, biografía...¿La literatura es un territorio fronterizo?

Creo que la literatura de nuestro tiempo, y la que me interesa, sí. Leí en un artículo a Javier Cercas que decía que la gran literatura es la que está al borde de la literatura o un poco más allá. Es la que juega con cierta experimentación. No sabes si hay una confesión, un relato, una crónica... No por hacer una mezcolanza extraña, sino porque es cuando más vivo está un producto literario, cuando no se sabe qué es.

Esto no es nuevo. El propio Cercas lo comparaba con El Quijote. En su día fue un libro un poco rechazado porque la gente los buscaba más convencionales, historias que no fueran tan arriesgadas. Los libros que tratan de romper un poco los límites me interesan más, como lector y como escritor.

¿Cómo ha recibido el protagonista el libro?

Bien. Él tiene experiencia lectora pero no estamos acostumbrados a convertirnos en personajes. Le gusta mantenerse en su rol de personaje anónimo, con su nueva vida y trabajo. Su condición y su papel ha terminado. Él me ha regalado la historia, algo muy generoso, y me ha dado la oportunidad de salir de ese bache, ese pequeño naufragio en el que estaba metido. Gratitud total.


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