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Máxima emoción en el plató: así es la lucha de Los Lobos por ganar un bote de más de 3,7 millones de euros

Acompañamos al equipo referencia de '¡Boom!' durante una jornada de grabación, en la que han de enfrentarse a cuatro equipos.

Erundino, Alberto, Manu y Valentín, durante la grabación de un programa de '¡Boom!'. A.G.P.
Erundino, Alberto, Manu y Valentín, durante la grabación de un programa de '¡Boom!'. A.G.P.  

Pasan seis minutos de las ocho de la mañana y el comedor del hotel está vacío. Es un lunes anodino de marzo en un establecimiento ubicado en la periferia de Barcelona. Junto al ascensor, cuatro mujeres se cruzan con un hombre de 60 años que se dirige a desayunar. Se sonríen y lo saludan afablemente. "Es fácil reconocerte", le dicen. "También es fácil reconoceros a vosotras -les contesta-, porque vais de cuatro en cuatro".

Maestro jubilado, Alberto Sanfrutos entra al comedor y saluda a las camareras. Han pasado casi dos semanas desde la última vez que se vieron, aunque ya es un cliente habitual. No tanto, eso sí, como sus compañeros de fatigas, que todavía descansan en sus respectivas habitaciones.

Con cordialidad andaluza, acepta que lo acompañen mientras toma la primera comida de un día que se prevé largo. "Pero vamos a cambiarnos de mesa -indica-. Yo el primer día también me puse por aquí, pero ellos me dejaron claro que su sitio está junto a la ventana, así que me amoldé a sus gustos".

Durante esos minutos en los que habitualmente desayuna solo -cambia la fruta y los yogures que ingiere en casa, por carbohidratos que le aporten a su cerebro la glucosa que a buen seguro necesitará-, habla de cómo llegó al programa en sustitución de José Pinto. Rememora su pasado en Saber y ganar y explica cómo hasta entonces no había prestado demasiada atención a ¡Boom!. "Prefiero los concursos con más ritmo, que sean preguntas y respuestas todo el rato", apunta.

Todo cambió en diciembre del pasado año, cuando el carismático concursante de Casillas de Flores dijo que no podía seguir dejando solas a sus vacas. Entonces, añadió a su rutina diaria en su Úbeda natal viajes periódicos a la ciudad de Barcelona, en donde cada 15 días lucharía junto con otros tres hombres por hacerse con un bote que se acerca a los cuatro millones de euros.

Uno de ellos es Erundino Alonso, ingeniero de montes radicado en Guadalajara y el único de los cuatros que ha de compatibilizar un trabajo con sus apariciones en el concurso emitido en Antena 3. Pasan cinco minutos de las ocho y media cuando llega al comedor.

REINA EL BUEN HUMOR

Su desayuno es contundente para poder hacer frente a la jornada que le espera. Despliega, al igual que su compañero, un buen humor contagioso, que anima a confraternizar con ellos como si se los conociera de toda la vida. Citan los viajes del fin de semana y recuerdan anécdotas graciosas que deberían servir para rebajar una tensión que no parece anidar en sus cuerpos, a pesar del riesgo que corren todos los días que entran en plató.

"Cada programa no tiene historia", subraya, explicando que cada día empiezan de cero y pueden caer eliminados. Es así, por mucho que dé la sensación de estar asistiendo a un desayuno entre varios amigos que se han ido de vacaciones a algún lugar desprovisto de estrés. "No podemos confiarnos, aunque se esté convirtiendo en una rutina y eso haga que, sin darte cuenta, puedas bajar la guardia, acostumbrado a que todo salga bien y sigas superando programas". Lo dice con total convicción, como un mensaje tan asumido que salta como un resorte cuando se le pregunta cómo van los nervios apenas dos horas antes de comenzar a grabar.

Hasta que llegue ese instante, las risas y las bromas no cesan, y en el ambiente reina un sentimiento de familiaridad embriagador. Casi no se habla del programa. En el diálogo surge Navarra, con sus verduras y sus lugares, con la misma facilidad que desemboca en Madrid o en otros lugares donde los comensales tuvieron vivencias que ahora se convierten en mofas o chascarrillos. Un ambiente que no cesa cuando baja el tercero de los concursantes, Valentín Ferrero.

Queda un cuarto de hora para que den las nueve, y el zamorano que decidió dejar su empleo como docente en una universidad porque las condiciones eran deplorables y no se le permitía avanzar en su carrera, entra al comedor con otra sonrisa. Doctor en Bellas Artes, ocupa su sitio en la mesa y con apenas un par de gestos, miradas y detalles, demuestra ser el más noble y el que más bondad acumula de los cuatro.

Erundino y Alberto salen enseguida a tratar de contrarrestarlo. "No te lo creas -bromean-; es solo el personaje que representa cuando sale en televisión. En realidad, es el peor de todos, mientras que Manu, que siempre da la sensación de ser el más impulsivo, es un trozo de pan". Las carcajadas resuenan en un comedor al que han accedido tres huéspedes más mientras todo el grupo espera al tafallés, que siempre es el último en bajar a desayunar, bordeando las nueve de la mañana.

LAS CONSECUENCIAS DE LA FAMA

Mientras tanto, sus tres amigos conversan sobre la fama y lo extraño que resulta que los paren por la calle para pedirles fotos o saludarlos. "Siempre vienen con cariño, y eso es de agradecer. Hay veces en las que puede resultar un poco pesado, pero su intención es buena; te dan ánimos y te expresan sus deseos de que ganemos pronto el bote. Al final, para ellos, somos como de la familia".

Son palabras pronunciadas por Erundino, pero que también las había afirmado Manu Zapata cuando, durante una entrevista al alcanzar el millón de euros acumulados, señaló uno de los aciertos de ¡Boom!. "Al incluir entre las preguntas y respuestas, anécdotas y recuerdos personales de los concursantes, los telespectadores van cogiendo confianza con ellos, y esa sensación se va incrementado a medida que se van acumulando programas. 'Parece que te conozco mucho, porque cenamos contigo todas las noches', me han llegado a decir", contó el navarro hace ahora casi un año.

Vicente y Erundino coinciden en secundar esta opinión, mientras que Alberto confiesa que le atraen más los concursos en los que no se dan estas interrupciones y solo se basan en contestar respuestas y demostrar conocimientos. Todos, no obstante, coinciden en afirmar que el programa mejoró con el último cambio, en el que se incluyó la bomba estratégica. "Ahora están más niveladas las dos partes", concluyen.

Manu Zapata sostiene un plátano durante un desayuno en el hotel de Barcelona en el que se hospedan cuando graban el concurso. ANTENA 3

Un minuto antes de las nueve, Manu aparece en el comedor. Los Lobos ya están completos y preparados para su retorno al plató tras un parón de casi dos semanas. No afrontan cualquier programa, ya que se trata del primero que grabarán tras el fallecimiento de su amigo salmantino. Cuando Pinto se apagó sentado en un sillón de su casa el 27 de febrero, sus antiguos compañeros estaban a punto de iniciar la grabación de una edición más del programa, pero la productora decidió cancelarlo. "En este tipo de concursos, el estado de ánimo es fundamental, y así no podían competir", confirmó una responsable de Gestmusic.

En ese instante, sus compañeros, reunidos todos en el plató, grabaron junto a Juanra Bonet un emotivo mensaje de despedida al que fuera su antiguo compañero y que les había acompañado en sus andaduras durante cientos de programas.

OCHO PROGRAMAS EN DOS DÍAS

Doce días después, Los Lobos desayunan recordándolo con cariño y pensando también en la jornada que les aguarda, con cuatro programas previstos (siempre suponiendo que no caigan eliminados en ninguno de ellos) y otros cuatro más para el día siguiente. Una fórmula de ocho ediciones en dos días que es la que habitualmente desarrollan en Barcelona.

Queda poco para empezar. Manu se toma una infusión y un plátano mientras mira la hora. Con el tiempo justo, termina su desayuno y todos suben a sus habitaciones para coger sus respectivos equipajes y aguardar al taxi que los trasladará hasta el plató, un pequeño recorrido en coche antes de adentrarse en el espacio que se ha convertido ya en su segunda casa.

Llegan tarde. Habían quedado a las 9.30 horas en el recibidor del hotel, pero su taxi no aparece hasta las 10. En producción, ya se estaban empezando a preguntar si les habría ocurrido algo, cuando se abre la puerta de una nave industrial que alberga varios platós de concursos emitidos en Antena 3. Los Lobos entran, cada uno con su maleta, y tras saludar a parte del público que más tarde los acompañará en la grabación, suben hasta su camerino.

Los cuatro concursantes de Los Lobos valoran con una redactora de Gestmusic de qué pueden hablar durante el primero de los programas. A.G.P.

Lo primero que hacen allí es abrir las maletas y preparar las cuatro indumentarias que vestirán durante cada uno de los concursos del día. Un empleado de la productora las coloca en un perchero preparado para recoger la ropa de los cuatro para los otros tantos programas, sin perder la oportunidad de darles algunas recomendaciones. "Yo hoy me quiero poner la camiseta de la Peña Sport -anuncia Manu-, que luego me dicen que solo saco la de Osasuna", alega, en relación al club de su ciudad, Tafalla. "Esa ya te la has puesto más veces; mejor coge esa de Los Simpson".

Quien habla es la redactora que prepara con ellos los programas, un faro de dulzura. Cuando ya han escogido su ropa y se cierra la puerta del camerino, ella pide por favor (sin éxito) que no se cuente en el reportaje lo que va a suceder a continuación. Uno a uno, se funde con ellos en largos y sentidos abrazos, con los que calmar los ánimos y afrontar con toda la templanza del mundo el nerviosismo que pueda surgir a partir de ese momento.

Son 435 programas los que han estado juntos, tiempo más que suficiente para contarse confidencias y compartir un afecto procedente de la intensidad tan elevada que los concursantes han vivido en cada una de esas grabaciones. Y en ese lunes, después de un parón provocado por una noticia tan dura, ese abrazo significa mucho más.

CONOCIENDO A LOS RIVALES

Una vez acomodados en varios sofás, la redactora les explica quiénes van a ser sus primeros contrincantes de la mañana. Resulta que serán las cuatro mujeres con las que se cruzó Alberto junto al ascensor. Son licenciadas en Farmacia (precisamente, en Pamplona), por lo que comienza una lluvia de ideas sobre las historias personales que pueden contar cada uno en la fase inicial del programa. Erundino rememora las antiguas herboristerías, mientras que Manu saca a colación la serie Farmacia de guardia, emitida en los años noventa y dirigida por Antonio Mercero.

Este es el aspecto que ha hecho de ¡Boom! un concurso especial, que ha ido ganando adeptos paulatinamente hasta liderar las audiencias de esa franja horaria, en una dura pugna con su rival en Telecinco, Pasapalabra. Gracias a esos diálogos en los que los concursantes cuentan algunas de sus vivencias, la audiencia empatiza mejor con ellos y quiere seguir su recorrido, viéndolos cada tarde mientras pelean por no ser eliminados y, después, por acertar las 15 preguntas del bote.

Manu destaca, de hecho, cómo la semana anterior, el programa había registrado su primer minuto de oro de la historia, aunque había algún medio de comunicación que se lo había concedido al telediario de la noche, ya que se había producido a las 21.03 horas. "Nosotros terminamos unos minutos más tarde de las nueve, por lo que ese minuto de oro es nuestro", sentencia.

El presentador, Juanra Bonet, habla con las componentes de Las chicas de oro antes de que dé comienzo la grabación del primer programa del día. A.G.P.

La tensión ya empieza a asomar en sus rostros. Sentados en su camerino, repasan datos en sus teléfonos móviles. "¿Habéis echado un ojo a la lista de Manu?", pregunta Erundino. Con esa lista, se refiere a una recopilación de informaciones curiosas que el tafallés elabora cada semana, y en la que apunta posibles respuestas a preguntas que podrían surgir en el concurso, como los últimos premiados en los Óscar o cuál ha sido el videojuego más vendido durante el último año. Cuestiones que podrían decidir si finalmente acceden a un bote que asciende en esos momentos a 3.785.000 euros.

Sin embargo, en la mente de los cuatro está la bomba plateada, el momento en el que se lo juegan todo. Se trata de la antepenúltima ronda, en la que uno de los dos equipos queda eliminado después de contestar a una batería de preguntas con dos posibles respuestas. Las conversaciones en esos minutos en el camerino recuerdan programas en los que lo pasaron mal y a punto estuvieron de abandonar ¡Boom!. Por eso, todos ellos tienen claro que la tensión no puede bajar de unos niveles que los hagan estar alerta y concentrados. Manu incide de nuevo en uno de sus mantras, heredado de unas declaraciones del que fuera uno de los mejores entrenadores que ha tenido Osasuna, Pedro Mari Zabalza: "Si nos confiamos, somos muy malos".

¡A PONERSE GUAPOS!

Tras los repasos de última hora para refrescar la memoria, llega el turno de la peluquería y el maquillaje. En los trasiegos por los pasillos, los integrantes de Los Lobos saludan afectuosamente a todos los trabajadores con los que se encuentran. Algunos, incluso, llegaron al concurso cuando ellos ya llevaban decenas de programas a sus espaldas. No es difícil, ya que van camino de cumplir los dos años, desde que el 16 de mayo del 2017, iniciaran su andadura en el programa realizado por Gestmusic.

En ese tiempo, en su haber queda haber batido un Récord Guiness, al haber permanecido más que nadie compitiendo en un concurso de televisión. Sucedió en octubre del 2018, durante un programa especial en el que, además, se les hizo entrega de la mitad del dinero que llevaban acumulado.

Manu Zapata, en la sala de maquillaje y peluquería, justo antes de dar comienzo la grabación de '¡Boom!'. A.G.P.

En la sala de maquillaje, hacen acto de presencia también el presentador, Juanra Bonet, y las cuatro concursantes del equipo rival, que se han unido bajo el nombre de Las chicas de oro. A diferencia de la determinación con la que se mueven Los Lobos, a sus contrincantes se les adivina un estado de nerviosismo mucho mayor, tanto por enfrentarse a ellos, como por grabar por primera vez. Dan las 11 horas y los profesionales del maquillaje trabajan en los últimos retoques. Los nombres ya lucen en las etiquetas de cada uno de los concursantes y todo el mundo se dirige hacia el plató.

Allí esperan las 82 personas que componen el público de cada programa, sentados en dos plateas y que asistirán a las dos grabaciones de la mañana (otras dos se llevarán a cabo por la tarde). Se cambian de asientos en el intermedio entre las dos ediciones, mientras que un animador dirige sus aplausos y sus reacciones, además de introducir notas de humor para que los tiempos muertos no se hagan pesados.

Un equipo de alrededor de 80 personas saca adelante la grabación de los programas de ¡Boom! en el plató, a los que habría que añadir los redactores que preparan las preguntas, según confirma la productora. Todos, desde el último guardia de seguridad hasta el regidor, siguen con admiración a Los Lobos.

EL CORRALILLO, LA ÚLTIMA FRONTERA

A las 11.10 horas, los cuatro amigos llegan a una pequeña y oscura zona, ubicada junto al armazón del decorado y a solo un paso de las escaleras que dan acceso al plató. Conocida como "el corralillo", se trata de un rincón con varias sillas y un monitor, en el que a los concursantes se les colocan los micrófonos y donde tratan de relajarse durante los diversos descansos que se suceden a lo largo de un programa.

En ese lugar, junto a botellas de agua para los miembros de los dos equipos, aguarda un retén de maquilladores y personal de limpieza, necesario cada vez que explota una de las bombas de la parte inicial del programa. El regidor da el primer grito de la mañana y todo arranca: los nervios están a flor de piel y el público espera ansioso a que Los Lobos se coloquen tras sus atriles.

Manu Zapata y Alberto Sanfrutos beben agua antes de acceder al plató para la grabación del concurso. A.G.P.

Erundino, Valentín, Manu y Alberto se han reunido al pie de las escaleras. Se dan ánimos los unos a los otros como los jugadores de un partido de fútbol que aguardan en el túnel de vestuarios. Su entrada no está tan programada como la de sus rivales, ya que, cuando comienza el programa, ellos ya están colocados en el plató, al contrario que el otro equipo, que accede desde el corralillo.

Mientras Los Lobos esperan a que aparezca el presentador, Juanra Bonet ha juntado a Las chicas de oro y les explica el funcionamiento del concurso y algunas normas básicas, además de intentar rebajar los nervios que padecen. ¿Serán ellas las nuevas víctimas de Los Lobos, o conseguirán superarlos y acceder al bote? Todo está en el aire. Ahora ya no importa el bagaje anterior, no hay historia que valga, como bien había comentado Erundino durante el desayuno: cada programa es único y cualquier equipo puede convertirse en el ganador.

CIFRAS MILLONARIAS

Una vez finalizadas las explicaciones, el presentador accede al plató y da inicio a la grabación del primer programa de ¡Boom! del día. El equipo técnico, comandado por las directrices del regidor, actúa rápido, haciendo valer la experiencia acumulada tras cientos de concursos realizados. En el monitor del corralillo no se perciben diferencias con lo que después se ve en el televisor, ya que la fluidez protagoniza el ritmo con el que Bonet dirige las presentaciones de los concursantes y subraya los datos que acompañan a Los Lobos: 436 programas, 2.208.100 euros ganados y 3.785.000 euros que les esperan en el bote, si eliminan antes a sus nuevos contrincantes. Aplausos y ovaciones, y, enseguida, las primeras preguntas.

Las chicas de oro compiten primero y en la fase inicial sufren la primera explosión de una bomba. En ese momento, todo se detiene. Juanra Bonet les pide que se queden quietas, ya que el líquido que suelta la bomba es viscoso y, aunque se solidifica pronto, resbala mucho cuando todavía no se ha endurecido. El regidor grita "¡cortamos!" y, acto seguido, los maquilladores suben al plató para quitar de los rostros de las concursantes los restos de la explosión que puedan molestarles. No son los únicos en entrar. Varias personas provistas de escobas limpian en un tiempo récord el suelo y consiguen que todo esté a punto para iniciar de nuevo la grabación.

Erundino, Alberto y Manu descansan durante un corte de la grabación. A.G.P.

No pasa mucho tiempo en que el concurso esté detenido, pero algunos de Los Lobos bajan al corralillo para refrescarse la garganta. Son interrupciones breves, diferentes al primer gran parón de la grabación, que dura diez minutos y que se sucede antes de que comience la bomba estratégica.

Erundino es el único eliminado en las cuatro preguntas con las que comienza el concurso, mientras que dos de las integrantes de Las chicas de oro tendrán que ver desde el atril cómo sus compañeras luchan por sobrevivir ante el volumen de conocimientos que demuestra el equipo que lleva más de 400 programas a sus espaldas. A pesar de esa mínima ventaja en el número de concursantes salvados, Manu, Alberto y Valentín tienen muy claro que no pueden bajar la guardia. "Hace falta mantener la tensión y la concentración. Es algo fundamental, porque como te despistes, te vas", subraya el navarro.

RELACIÓN PERSONAL

Cuando vuelen a subir a plató para afrontar la bomba estratégica, los trabajadores que se encuentran en el corralillo hablan de la relación que han ido adquiriendo con Los Lobos. "Se crea un vínculo muy intenso, porque nos vemos muy a menudo, y lo que empieza como algo profesional termina convirtiéndose en algo personal, ya que nos contamos vivencias y cosas que nos ocurren", expresa uno de los maquilladores, que también tiene un recuerdo especial para José Pinto: "Nos afectó muchísimo su marcha y, después, su fallecimiento, ya que lo habíamos llegado a conocer mucho. Fue un palo muy grande".

Los Lobos han vencido también en la antepenúltima prueba, en la que escogen como premio diez segundos más para afrontar con más posibilidades la bomba plateada. Ahora, tanto ellos como sus contrincantes disponen de unos 25 minutos para relajarse antes de jugarse el todo por el todo.

Cada uno trata de evadirse como puede. El primer impulso es resguardarse en el móvil y consultar los mensajes recibidos o repasar los últimos datos. Otros comentan las intervenciones y se apenan de haber fallado algunas de las respuestas o, en el caso contrario, muestran la satisfacción de haber dado con la contestación correcta. Juanra Bonet, mientras tanto, también se afana en consultar su teléfono, desconectar de la presión de la grabación jugando una partida con una consola portátil de videojuegos o comentar con sus compañeros de trabajo cómo ha ido el fin de semana.

Los miembros de Los Lobos conversan durante uno de los cortes de la grabación del programa. A.G.P.

En el plató, durante esos cortes, un animador conversa con el público, al que ameniza con chistes y ocurrencias graciosas que aligeren los tiempos muertos, en los que la grabación está detenida y los concursantes descansan en el corralillo. El animador cuenta con la inestimable colaboración de Juanra Bonet, que demuestra una inmensa habilidad en ganarse el favor del respetable, incluso cuando, a través de burlas, los compara con los públicos de otros programas en los que él ha ejercido asimismo de presentador.

Los nervios están en su punto álgido para los concursantes, puesto que van a competir en la ronda definitiva. Los Lobos parten con ventaja y, por fortuna, en esta ocasión no sufren demasiado. Con 4.600 euros, se hacen con la victoria y, de nuevo, tratarán de llevarse el bote. Pero el triunfo definitivo en la fase final del concurso vuelve a mostrarse esquiva y los emplaza a seguir participando en ¡Boom!

UN ESCALÓN MÁS

Son las 13 horas. Los miembros de los dos equipos pasan a una zona anexa al plató para, situados delante de un panel del programa, tomarse una fotografía de despedida junto a Juanra Bonet. Para Las chicas de oro, es el final de su aventura televisiva, pero para Los Lobos, supone solo un escalón más en su ascenso hasta una cifra millonaria, pese a que nadie sabe todavía si será la del bote o tan solo la del dinero que llevan acumulado. En este caso, la palabra "solo" se antoja casi ridícula, puesto que hablamos de más de dos millones de euros.

No hay apenas descanso para los integrantes del equipo de los récords. Del plató, se trasladan hasta su camerino, donde la redactora les está esperando para preparar el siguiente programa. En la habitación de al lado, con la puerta entreabierta, los próximos rivales acechan en el horizonte de una trayectoria que se antoja sempiterna, ávidos por encontrar algún resquicio de debilidad que les permita superar su sabiduría y quebrar su destino en el programa, que todo el público espera que finalice con ellos ganando el bote.

Fotografía de familia con Los Lobos y Las chicas de oro, junto a Juanra Bonet, tras terminar la grabación del primer programa del día. A.G.P.

Bajo el nombre de The Teteatles, cuatro hombres procedentes de Valencia quieren derrotar a Los Lobos y, con el hipotético dinero que se llevarían si vencieran en el concurso, abrir un centro de ocio juvenil. Como en el anterior programa, Manu, Erundino, Alberto y Valentín conversan con la redactora de ¡Boom! para dilucidar qué anécdotas pueden contar acerca de su vida relacionadas con centros juveniles. Han relatado tantas experiencias personales que, como se ha reflejado anteriormente, muchos espectadores, los más fieles, los consideran como miembros de sus propias familias.

No ha pasado ni media hora desde que finalizara el anterior programa cuando vuelve a escucharse en el plató el grito de "¡grabando!" del regidor. Los Lobos han pasado nuevamente por maquillaje y se han cambiado de ropa, pero todos admiten que ha pasado ya la parte más complicada. Después de tantos días sin competir, cuesta reencontrarse con las sensaciones de seguridad que proporciona la experiencia de tantas ediciones superadas. A partir de ahí, el camino debería ser más sencillo. Pero como se vuelven a repetir Los Lobos, "cada programa no tiene historia". Una sentencia que a punto está de hacer realidad los peores presagios.

UNA PUGNA APASIONANTE

El equipo valenciano se revela como un hueso duro de roer. Les explota la segunda bomba, pero acaban empatados la primera fase después de un fallo de Los Lobos, que se vuelven a quedar sin Erundino. Los parones en esta segunda grabación del día muestran cómo Alberto, Manu y Valentín no se encuentran tan confiados de cara a la bomba plateada, a la que llegan con los mismos números en el marcador que sus rivales.

Han superado el primer escollo, porque los The Teteatles, que respondían primero, acertaron las dos últimas bombas, por lo que se habían colocado con una renta importante en el marcador. Sin embargo, saben que tienen que darlo todo en la fase definitiva. Juanrra Bonet echa más leña al fuego: "Por primera vez en el concurso, podéis llevaros más de seis millones de euros, si superáis a los rivales y ganáis el bote", les anuncia. Una muesca más que añadir en su revólver, siempre que superen a los valencianos, los contrincantes número 437. Las cifras asustan: 1.748 personas se han enfrentado a Los Lobos y han compartido la desilusión de no poder ser capaces de derrotarlos.

Manu y Alberto conversan con los miembros del equipo rival del segundo programa en uno de los descansos. A.G.P.

Pero los últimos cuatro de esa larga lista están dispuestos a plantear una dura batalla. Para incrementar la tensión, el regidor anuncia más parones debido a problemas técnicos, unas interrupciones que no se habían dado durante el primer programa. "¡Qué vergüenza de equipo!", bromea el presentador con el público. "Esto nunca pasa, nunca hay que parar", continúa Juanra Bonet, que se dirige entonces a los espectadores que repiten como público: "¿Verdad que aquí nunca falla nada? ¡Qué raro que tengamos que parar!".

Antes de la lucha definitiva, los componentes de los dos equipos comparten espacio y comentarios en el corralillo. En los diálogos entre Los Lobos, se lamentan por los errores cometidos, pero cuando se juntan con los rivales, las conversaciones escapan de las referencias a ¡Boom! para tratar de minimizar los nervios. Manu y uno de los integrantes del equipo valenciano incluso comienzan a departir acerca de Osasuna y su gran racha en El Sadar, con (en ese momento) diez victorias consecutivas en Pamplona.

SUPERAR LA PRESIÓN

Finalmente, Los Lobos demuestran su capacidad para soportar la presión de poder quedarse fuera y siguen ampliando sus números. Un programa más superado, aunque el bote continúa esquivo para estos cuatro talentos de los concursos. De nuevo, se produce la foto conjunta de rigor, que esta vez atrapa unos rostros más reconfortados, ya que han sentido el peligro más de cerca. Faltan diez minutos para que sean las 15.30 horas y la comida aguarda en la cantina, donde se reúnen con los empleados de Gestmusic antes de embarcarse en la vorágine de otros dos programas.

No hay más descanso previsto que una pequeña cabezada en el camerino, puesto que otros dos grupos esperan ansiosos su oportunidad de protagonizar titulares, de enfrentarse al equipo invencible, de batir a Los Lobos. Ellos se erigen como una torre de cristal espigada, alta como 437 programas superados, pero quebradiza como una ronda desafortunada. "Cada programa nace sin historia", se afanan en acentuar. La historia ya la han escrito, pase lo que pase.


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Máxima emoción en el plató: así es la lucha de Los Lobos por ganar un bote de más de 3,7 millones de euros