POLÍTICA

Iñaki Iriarte, tras los ataques de Santos Cerdán: "Me duele que compañeros del PSN se queden de brazos cruzados"

Iriarte ha presentado su nuevo libro, 'Cabalas vascas y navarras' y reflexiona sobre el nacionalismo y sus intenciones con la política lingüística. 

Iñaki Iriarte, parlamentario de Navarra Suma y autor del libro 'Cábalas vascas y navarras'. IÑIGO ALZUGARAY
Iñaki Iriarte, parlamentario de Navarra Suma y autor del libro 'Cábalas vascas y navarras'. IÑIGO ALZUGARAY

El Parlamentario foral Iñaki Iriarte (Pamplona, 1971) ha publicado recientemente un libro que recoge artículos de opinión publicados en prensa entre los años 2007 y 2019. La mayoría examinan con nitidez la realidad social de Navarra y buena parte de ellos se centran en el comportamiento del nacionalismo vasco y su política lingüística.

'Cábalas vascas y navarras' (Ediciones Papeles del Duende) ya puede adquirirse en las principales librerías de Pamplona. Iriarte es Doctor en Sociología por la UPNA y Profesor Titular de Historia del Pensamiento Político de la Universidad del País Vasco.

Vascoparlante y representante de Navarra Suma en la Cámara, Iriarte ha sido noticia también en las últimas semanas por los ataques electoralistas del PSN, que tras llegar al gobierno con Bildu y el PNV le ha acusado a él de 'fascista', algo que ha terminado con una querella contra Santos Cerdán, candidato de los socialistas al Congreso en la Comunidad foral.

"Me ha dolido más en lo personal por el comportamiento de compañeros del PSN en el Parlamento, porque me conocen, saben quién soy y se han quedado de brazos cruzados. Hasta compañeros nacionalistas o de Podemos me han expresado su desacuerdo con el calificativo", señala. 

Iriarte acompañó en Leiza a unos amigos de Navarra Suma en una comida, a la que también acudieron unos carlistas, motivo suficiente para Cerdán y Chivite para el ataque. "No creo que sea un delito comer con carlistas, mis dos abuelos lo fueron. No sé en cuántas comidas familiares más habría pecado. ¿Cuántos navarros tenemos abuelos carlistas?", mantiene el Parlamentario foral. 

Su historial, precisamente, no deja en muy buen lugar a quién le califica a usted como fascista. 

He estado en muchos actos republicanos, pero al parecer en esos casos no me convertía en nada. Ha sido todo muy desagradable, porque no participamos en ningún homenaje. Y que de repente haya un Partido Socialista, con compañeros del Parlamento que me conocen, que me han escuchado hablar de mi rechazo a las dictaduras y al franquismo, que es horrible que se haya matado en nombre de España o de Euskalerria, en nombre del orden constitucional o de la República, después de todo eso, no se puede aceptar que te señalen de esta forma sabiendo las consecuencias personales que puede acarrear en mi vida profesional. Ha sido una decepción personal.

¿Busca Cerdán justificar con estos ataques sus pactos con el nacionalismo y Bildu?

No lo sé. Es posible. El problema es que con su discurso sataniza a un 40% del Parlamento, a 1 de cada 3 ciudadanos como totalitario. Y todo por por no tener la valentía de reconocer a qué tipo de alianzas has llegado y tener que pagar la factura que tengas que pagar. Me parece terrible. 

En sus artículos es habitual que reflexione sobre la política lingüística del nacionalismo en Navarra con el euskera. ¿Por qué se opone?

No se puede hacer una política lingüística que sea una carga para la inmensa mayoría. No se puede hacer de una lengua minoritaria una maldición para una mayoría que no es culpa suya no hablarla. 

Y lo dice usted, que es vascoparlante. 

Sí, pero es curioso hasta que punto una circunstancia, como es hablar euskera, se convierte en una suerte de argumento de autoridad. Hablo el idioma, le tengo cariño, pero más a las personas que a la lengua. Pero todos hablamos español y muchos no sienten una vinculación especial por hablar castellano, aún siendo su lengua materna. Y lo mismo con el inglés. Cuando lo hablas, no tienes una vinculación con las personas que lo hablan. Intento cuestionar esa mitología. Aprende la lengua que quieras, utilízala, pero no la integres en tu biografía como una especie de limpieza de sangre que te justifica o que te hace mejor ante los ojos de la tribu. 

Pero, precisamente, el nacionalismo persigue convertir la lengua en el eje sobre el que gire un sentimiento de pertenencia. 

Es así de simple. En el origen se presumía de la raza. Cuando, tras Auschwitz, ya no se puede pregonar la raza, lo que queda es recrear la comunidad en torno a la lengua. Gil Bera habla de como la lengua funciona como una comunión. Tomad y comed todos de esta lengua. Y es sólo una lengua y claro que crea una comunidad de hablantes, pero no puede ser el eje de tu vida ni son tus ideas, la lengua no te hace bueno. Da la impresión de que con el pack del euskera coges ya una forma de vida. 

Bueno, esa es la impresión. Por eso hasta se hacen fiestas en torno a una lengua.

No es casual que estemos en una tierra donde la religión ha tenido tanta importancia. El nacionalismo es como una religión de sustitución cuya esencia es creerse una comunidad, no una sociedad. Una sociedad implica que somos distintos, pero nos reconocemos como iguales. La comunidad significa ser una familia, una especie de calor de establo. El objetivo es crear una comunidad de vascoparlantes ideológicamente homogénea. Pero cuando las ideas cambien, esa lengua correrá el riesgo de extinguirse, porque se habrá convertido sólo en algo litúrgico.

¿Por qué el euskera genera hostilidad y rechazo en parte de muchas personas en Navarra?

Si dices que Euskalerria es el país del euskera y te propones como objetivo político crear el país del euskera, pues es normal que el 87% de la población se pregunte que va a ser de mí si yo no hablo esa lengua. ¿Cómo puede ser que el país pertenezca a la lengua y no pertenezca a quiénes vivimos en él? Para contrarrestar esto hay que dar una batalla de las ideas, no hay varitas mágicas. El nacionalismo, el vasco o el español, es un monstruo. Hay que hacer un esfuerzo para entender que todo forma parte de nuestra cultura y también es nuestro. 

¿Por qué la izquierda es tan benévola en Navarra con el nacionalismo cuando representa justo lo contrario de sus ideales?

Lo hacen por dos cosas. Una, por cálculo y a corto plazo. Para ellos es mero marketing. Algunos son partidos pequeños y ven una gran masa de peces que podrían estar en sus redes. Si estos peces quieren vasco, yo se lo doy. Y por otro lado, hay un motivo más profundo. Si el nacionalismo es la nueva iglesia y sustituye a la religiosidad, es que la izquierda también aspira a ser una religión. Lo que más le gusta a la izquierda es juzgar, una actitud muy de sacerdote, los buenos y los malos, con ese aire misionero de salvar el mundo. No entienden el mundo como una gobernanza de diferentes, sino que aspiran a la sociedad como un proyecto moral. Y ahí admiran al nacionalismo. 

¿Qué recorrido o consecuencias puede tener en Navarra la fusión de izquierda y nacionalismo?

Si ofreces un proyecto de sociedad asentado en valores racionales y por otro lado un proyecto como comunidad de sentimientos morales, a la larga quién se impone es la idea de comunidad, es mucho más fuerte. En el País Vasco el nacionalismo se ha comido la margen izquierda, ofrecen una dosis de comunidad mucho mayor. Conforme hay más miedo al futuro, algo que cada vez es mayor, la gente busca más refugio en religiones, que ahora son feminismo, animalismo o nacionalismo. Esa unión tiene mucho futuro, aunque traerá la guerra. 

¿Hemos visto ya un avance en Cataluña? 

Es el fantasma de las Navidades futuras. Es lo que nos viene. Si concibes la sociedad como una comunidad de sentimientos con amigos, los que quedan fuera son los enemigos. Pensar la sociedad en esos términos es tensar la cuerda del arco. Al final, la flecha sale. Le costará más o menos, pero al final sale. 

¿Tiene lo vivido en los Balcanes alguna cercanía con Cataluña?

En 1986 se celebraron los JJOO de invierno en Sarajevo. Cuatro años después, la ciudad estaba sitiada. No eran más irracionales que nosotros. Con unas ideas trabajadas a conciencia lo que ahora  conoces puede estallar. 

¿Cuál es la respuesta o mejor salida para Cataluña?

No sé si el instrumento inmediato es la Ley de Seguridad Nacional o el 155. Pero lo que es seguro es que esas medidas necesitan algo más, porque el tipo de fractura ya no se puede solventar solo con instrumentos jurídicos. El desaguisado de 30 o 40 años necesita otros tantos. Llegado un nivel de odio, es más probable la ruptura, que las cosas terminen mal a que terminen bien. Tal vez no se pueda solventar el problema de Cataluña, pero sí tenemos instrumentos para que no se propague.


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