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Bildu revela que el PSN ha aceptado que los herederos de Batasuna sean su "interlocutor prioritario"

A través de una carta enviada a su militancia, la dirección abertzale indica que los socialistas han claudicado y no negociarán con el constitucionalismo durante la legislatura.

Adolfo Araiz (EH Bildu), durante una rueda de prensa en el Parlamento de Navarra. IÑIGO ALZUGARAY
Adolfo Araiz (EH Bildu), durante una rueda de prensa en el Parlamento de Navarra. IÑIGO ALZUGARAY  

La dirección de EH Bildu ha informado este sábado a su militancia el recorrido del diálogo que ha mantenido estas últimas semanas con la franquicia del PNV en Navarra, Podemos e Izquierda-Ezkerra, de cara a su respaldo (en forma de abstención durante la sesión de investidura) al futuro Gobierno foral liderado por la socialista María Chivite.

Su Mesa Política ha enviado una carta a sus bases, que complementa al comunicado que la formación abertzale ha enviado a los medios de comunicación y en el que se indica que el sentido del voto de los siete parlamentarios de Bildu lo decidirán los militantes a través de una consulta vinculante.

Sin embargo, los dirigentes abertzales ya han dejado claro que optan por la postura de la abstención, para facilitar así el Ejecutivo foral del PSN. Un gobierno que manejarán en la sombra, pues, aunque no formarán parte de él ni asumirán ninguna consejería, todas las decisiones de calado deberán contar con su visto bueno, por lo que las contrapartidas que obtendrán los herederos de Batasuna en Navarra serán cuantiosas.

Además, como ha dejado claro la dirección política a sus militantes en una misiva cuyo contenido ha publicado el diario El Mundo, los socios del PSN tienen muy claro que Bildu es el "interlocutor prioritario" del futuro Gobierno. Tanto que, no solo han convencido al socialismo navarro, sino que es una de las medidas que le han obligado a firmar para que el acceso al Palacio de Navarra de Chivite se convierta en una realidad. Algo que el PSN ha aceptado tan solo por ocupar los sillones del Gobierno, y de ahí las acusaciones que desde el constitucionalismo navarro se están lanzando, al haber traicionado los socialistas todo por lo que habían combatido durante la pasada legislatura.

"En aras de la gobernabilidad -se lee en la misiva-, (Geroa Bai, Podemos e I-E) son conscientes de que tendrán que contar con EH Bildu para conseguir la necesaria mayoría (el PSN con sus socios solo suman 23 votos, cuando necesitan 26). Eso es algo que le han repetido reiteradamente al PSN. Por otra parte, para evitar el riesgo de que el PSN trate de buscar esa mayoría con Navarra Suma, han planteado varias garantías: que la fórmula sea la de un Gobierno de coalición a tres (I-E no participa en él, aunque lo apoyará desde fuera) y no monocolor del PSN; acotar el margen de actuación que el PSN planteaba a la hora de alcanzar mayorías y consensos con otras fuerzas".

"Tienen claro que somos sus interlocutores prioritarios y tienen el compromiso de mantener relaciones continuadas con nosotros", concluye la carta que la Mesa Política de Bildu ha enviado a sus militantes.

DESAUTORIZACIÓN DE GEROA BAI

Esta estrategia de someter cualquier voluntad del PSN que sea contraria a sus intereses ya quedó clara hace unas semanas, cuando Chivite deslizó la posibilidad de dialogar con Navarra Suma, y desde la marca del PNV en la Comunidad foral se salió enseguida a la palestra para desautorizar a la que, según todo parece indicar, será la próxima presienta del Gobierno de Navarra. Una presidenta y un partido, el PSN, que no respondieron ni una palabra a esta corrección del partido que será su socio en el Ejecutivo.

El movimiento de cortar cualquier otra vía de negociación montado por los socios del PSN y de EH Bildu responde a la posibilidad de que Chivite buscara contar con sus votos para la investidura, mientras que tratara después de sacar adelante la legislatura reclamando el apoyo del constitucionalismo navarro, un espectro político que, en un principio, se encuentra mucho más cerca del PSN que el del nacionalismo e independentismo vasco en Navarra, únicamente centrado, a través de imposiciones y medidas sectarias, en conseguir que la Comunidad foral pierda su estatus y quede diluida como una región más del País Vasco.

Esta posibilidad ya fue también rechazada por el candidato de la coalición formada por UPN, Ciudadanos y PP, Javier Esparza, que tras ganar tanto las elecciones generales como autonómicas y municipales, avisó a Chivite de que no contara con sus votos si finalmente optaba por vender Navarra al nacionalismo vasco, en lugar de apostar por un gobierno constitucionalista en Navarra.

Bildu también era consciente de que esta opción podía cobrar fuerza una vez que Chivite entrara en el Palacio de Navarra, por lo que en las negociaciones con los socios del PSN (la formación de Chivite sigue sacando pecho de que ellos ni siquiera se han sentado con los abertzales, pese a que reclaman su abstención en la investidura), obligó a que se impidiera que los socialistas buscaran otros aliados. Ello hubiera dado al traste con su objetivo de manejar en la sombra el próximo Ejecutivo foral, tal y como también afirman en su carta a las bases.

"CAPACIDAD DE INCIDIR"

"Va a ser una decisión compleja la que vamos a adoptar, porque tendrá una incidencia importante de cara al escenario político que se abra, al propio proyecto político de EH Bildu y al proceso soberanista", escriben los dirigentes abertzales, que añaden: "el nuevo Gobierno necesitaría nuestros votos, no solo en la sesión de investidura, sino a lo largo de la legislatura. Eso nos daría capacidad de incidir y de inclinar la balanza en algunos temas, condicionando la acción de Gobierno".

Por último, apuntan también que la opción de la abstención en la investidura (adoptada por la Mesa Política) responde a cerrar el paso a la derecha y a impedir que se reconstruya lo que los herederos de Batasuna denominan "el Régimen". Unas afirmaciones que no se sustentan lo más mínimo, puesto que EH Bildu ha acusado con mucha frecuencia a los socialistas de formar parte de ese "Régimen".

Asimismo, facilitando la investidura de Chivite lograrían que UPN no saliera de la oposición, un escenario que, para los abertzales, supone que los regionalistas "se debiliten". "UPN es un partido del sistema y necesita poder institucional para reproducir su poder/hegemonía. Es más, cuando pierden poder institucional, sufren sobremanera, porque pierden la posibilidad de seguir alimentando sus redes clientelares", esgrimen.

Más allá de estos dos apuntes peregrinos para convencer a los militantes que puedan discrepar de la decisión tomada por la dirección política del partido, y a la que ahora le darán carta de legalidad democrática a través de una votación vinculante, el contenido de la misiva deja claro que su posición en favor de Chivite no responde a nada más que el hecho de que controlarán los movimientos del próximo Gobierno, una vez que el PSN de María Chivite haya vendido el progreso de Navarra a cambio de una presidencia y ocho consejerías maniatas por el nacionalismo vasco.


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