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Una ruta por el Casco Viejo enseña la importancia de la mujer en Pamplona

El itinerario, promovido por la Casa de la Juventud e IPES, podrá realizarse, en compañía de una guía, hasta el viernes.

Casco Antiguo Pamplona.
Casco Antiguo Pamplona.  

Estratonice, Festa y Rustica son los tres primeros nombres de mujer hallados en Pamplona. Desde la época romana hasta la contemporánea han sido miles las mujeres que han desempeñado papeles y "han construido" el Casco Viejo de la ciudad, hecho por el que merecen ser recordadas.

La Casa de la Juventud, en colaboración con Instituto de Promoción de Estudios Sociales (IPES), recorre desde este martes hasta el viernes un itinerario por las calles de Pamplona, principalmente por el Casco Viejo, en el que la guía Ana Díez de Ure da a conocer las mujeres que han habitado la ciudad y el contexto social en el que vivieron.

El itinerario se basa en el libro "Ellas, las mujeres en la historia de Pamplona", de las investigadoras son Ana Díez de Ure, Silvia Fernández, Sonia Pinillos y Paco Roda.

La historia de las mujeres de Pamplona comienza a estar documentarse con una estela hallada en la calle Navarrería, en el transcurso de unas obras realizadas en 1895.

Aquellas obras desvelaron la conmemoración romana de Festa y Rustica -las herederas- a sus hermanos fallecidos, Estratonice y otros dos hombres.

"Se puede interpretar que Festa y Rustica, al no ser nombres al uso romano, habían comenzado a romanizarse y que tenían capacidad económica para poder hacerlo", explica a EFE Díez de Ure.

HALLAZGOS EN LA CATEDRAL

Desde el año 75 antes de Cristo hasta el 711 después de Cristo, los descubrimientos más importantes respecto a las mujeres que vivían en la ciudad son piedras de hilar, un peine y unos anillos hallados en la Catedral, además de las figuras de las diosas Juno y Ceres encontradas en la calle Navarrería.

De la época medieval y moderna, Díez de Ure resalta la aparición de las mujeres judías y en ese colectivo, asentado en Tejería, se distinguen mujeres prestamistas, artesanas y occitanas, éstas últimas en el burgo de San Cernin.

"Las mujeres aparecían en los negocios al quedarse viudas, en un tiempo en el que los matrimonios eran arreglados y se casaban con hombres mayores", remarca Díez de Ure.

La gran parte de las mujeres que regentaban negocios procedían del textil. Una de las más importantes fue Flandina Cruzat, una occitana que vivía en la calle Mayor y elaboraba testamentos en occitano y tenía propiedades "prácticamente en toda Pamplona y en los pueblos".

NOBLES CON PODER

Las mujeres solían llevar los puestos de frutas y verduras del mercado de la fruta, que se instalaba en la plaza del Ayuntamiento, y en el mercado del trigo -calle Chapitela- en donde Ochanda, mujer viuda, vigilaba y hacía cumplir las normas.

Las mujeres de la nobleza en Pamplona tuvieron mucho poder, como las reinas Toda, Margarita de Navarra y Blanca de Navarra, entre otras, e incluso hubo una obispa en la Edad Media, "hermana de uno de los primeros reyes de Pamplona", indica Díez de Ure.

Muchas mujeres con capacidad adquisitiva y propiedades optaron por ingresar en los conventos al no querer casarse y así "aprendían a escribir, leían, hacían poesía", explica la autora, que remarca que las mujeres en los conventos de la Edad Media "tenían mucho más poder que las casadas".

ADELANTADAS A SU TIEMPO

Ya en la época contemporánea, el colectivo de las maestras representó el grupo de mujeres más avanzado de Pamplona. "Empezaron a leer, viajar, dar clases, ganar dinero y ostentar una posición", relata Díez de Ure, quien cita como ejemplo a la pedagoga María Ana Sanz como una mujer "muy adelantada a su tiempo".

También destaca, "con cariño", al grupo de lavanderas, mujeres de clase baja que trabajaban lavando para las familias con dinero y bajaban al río Arga con sus hijos.

Díez de Ure distingue de entre todas las mujeres de la ciudad de distintas épocas a la funambulista Remigia Echarren, quien cruzaba con una cuerda y cestos en los pies la Plaza del Castillo o la Plaza de Toros, además de a la compositora Emiliana Zubeldia, que vivió en la calle Mayor y murió en México, donde una escuela de música lleva su nombre, y la escritora Carmen Baroja, quien nació en la calle Nueva y fue hermana de Pío Baroja.


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