• lunes, 18 de octubre de 2021
  • Actualizado 16:21

 

 
 

PAMPLONA

La festividad de San Blas 'esquiva' la Covid en Pamplona con una atípica edición y cambio de escenario

Los 21 puestos del mercadillo se han colocado en una sola línea en la parte central del Paseo Sarasate, con aforo máximo de 165 personas.

Bendiciones de los puestos con motivo de San Blas, esta vez en el paseo Sarasate a consecuencia del coronavirus. PABLO LASAOSA
Bendiciones de los puestos con motivo de San Blas, esta vez en el paseo Sarasate a consecuencia del coronavirus. PABLO LASAOSA

El colorido de los roscos, tortas y otros dulces típicos de la festividad de San Blas han sorteado un año de restricciones por la Covid y han vuelto a ocupar las inmediaciones de la iglesia de San Nicolás de Pamplona en la que se guardan las reliquias y la efigie de este santo protector de las enfermedades de garganta.

La tradición está arraigada en Pamplona, aunque también en otras localidades navarras como Peralta, como una de las más entrañables del calendario, con la que muchos siguen cumpliendo pese a no observar otros preceptos religiosos, en este caso por tradición familiar y por ofrecer una ocasión para compartir y consumir postres y dulces.

En el caso de Pamplona, y pese a la suspensión por la pandemia de la Covid de otras celebraciones que suelen conllevar aglomeraciones de público, se ha mantenido el mercadillo de puestos con dulces que siempre se ubica en la plaza de San Nicolás, aunque este año se ha trasladado a un escenario más abierto, el cercano Paseo de Sarasate, para dar espacio a vendedores y compradores.

Los geles hidroalcohólicos en los puestos, los guantes de los vendedores, el conteo estricto de quienes acceden al recinto acotado por vallas para no saturar la afluencia, y las mascarillas en el rostro de todos ellos han compartido este año espacio con roscos, tortas de txantxigorri, rosquillas, pastas, pirulís y caramelos de formas diversas que, como marca la tradición, protegerán la garganta de quienes los ingieran.

Para ello han tenido que ser previamente bendecidos en una mañana en la que se ha suspendido la tradicional procesión que con la imagen de San Blas pasea en este día por los puestos, por los que sin embargo ha pasado el párroco de San Nicolás, César Magaña, esparciendo agua bendita con el hisopo y buen humor.

Poco antes, en mitad del Paseo de Sarasate y ante la atenta mirada de vendedores y un buen número de curiosos y compradores que habían hecho cola antes de la apertura del recinto a las 9.00 horas, Magaña ha exhibido las reliquias de San Blas y ha implorado su protección y bendición para los productos.

Los 21 puestos del mercadillo se han colocado en una sola línea en la parte central del paseo, desde la zona frente a la iglesia de San Nicolás hasta el entorno del Monumento a los Fueros, un espacio abierto al aire pero perimetrado con 200 vallas.

Cuatro personas vigilan los accesos para poder controlar los aforos, las distancias y las medidas preventivas establecidas por la normativa para evitar contagios, con un aforo máximo permitido de 165 personas dentro de todo el recinto del mercadillo de San Blas.

El mercadillo, abierto desde las 9.00 horas hasta las 20.30 horas, ha contado con una entrada y una salida diferenciadas, la entrada ubicada en la zona cercana a la puerta de la iglesia de San Nicolás y la salida, junto al Monumento a los Fueros.

La normativa municipal para estos puestos exige que solamente se expongan a la venta productos alimenticios típicos de la fiesta de San Blas (roscos y dulces), con la documentación acreditativa de su origen, de forma que se prohíbe la venta de pan, así como la venta de productos con nata o crema pastelera.

Todos los productos, que se sirven con pinzas o guantes, se deben mantener protegidos fuera del alcance del público mediante vitrinas o dispositivo similar y, en su caso, debidamente envueltos o envasados, respetando las fechas de consumo preferente.


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