FERIA DEL TORO

Adiós al guardián de la plaza de toros de Pamplona: Mariano de la Iglesia se jubila tras 25 años como conserje

Durante el último cuarto de siglo ha vivido todo el año en la casa junto al patio de caballos con su mujer y sus dos hijos. 

Mariano de la Iglesia recibió como despedida la visita de los zaldikos de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona.
Mariano de la Iglesia recibió como despedida la visita de los zaldikos de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona.  

Mariano de la Iglesia Peña se conoce cada rincón de la plaza de toros de Pamplona. A sus casi 70 años, ha dedicado los últimos 25 de su vida al coso taurino, donde ha vivido desde 1991 en la casa junto al patio de caballos. De la Iglesia se jubila ahora y cambia de tercio, a otra vida más serena y tranquila. 

Salmantino de nacimiento, conoció a su mujer Rosamari en San Sebastián, donde se casaron. Al tiempo vinieron a vivir a Pamplona y comenzaron sus trabajos en la Casa de Misericordia, donde incluso se empleó como auxiliar de enfermería. A principios de los 90 se trasladaron al paseo de Hemingway junto a sus dos hijos, donde han sido los auténticos "guardianes" de la plaza de toros los 365 días del año.

Mariano ha sido un hombre discreto en su trabajo, y así desea que sea su despedida. Sin ruido, sin palabras, aunque con agradecimiento. No quiere hablar ni conceder entrevistas, como tampoco lo ha hecho durante todo este tiempo. Buen conversador, Mariano de la Iglesia ha visto pasar por las puertas de su casa a toreros, ganaderos, personajes más o menos conocidos, políticos, veterinarios, policías, periodistas. A todos los ha atendido y todos guardan buen recuerdo del hombre de la chaqueta azul con el bordado rojo en su bolsillo: "Conserje. Plaza de toros". 

No han sido necesarios más galones en su pecho para convertirse en el mejor aliado de la Casa de Misericordia durante este tiempo. Durante el año preparaba y mantenía la plaza. Él sólo. Descontaba los días del calendario para que, llegado julio, el coso reluciera y pasaran otros Sanfermines como si nada hubiera pasado. 

La plaza luce ahora reluciente en su despedida. El patio de caballos es, en realidad, un patio andaluz encalado y brillante con los geranios y las enredaderas serpenteando por las paredes de un lugar mágico cada mes de julio.

LA NOCHE POR PASILLOS Y TENDIDOS

Pero allí Mariano ha pasado las estaciones del año, todas durante 25 años. De noche paseaba a veces, como un fantasma, por los pasillos de los tendidos por si alguien se había colado en la plaza después de algunas de las fiestas o ferias que se montan en la arena en otoño y primavera. Y algún susto ha tenido, pero pocos en tantos años. Y los días del año pasaban mientras De la Iglesia arreglaba pequeños o grandes daños en la plaza, pintaba burladeros y barandillas o coordinaba con otros gremios obras mayores que se han llevado a cabo en este tiempo: ascensores, nuevas salidas, etc. 

Mariano ha estado siempre presente para abrir y cerrar las puertas de la plaza en momentos de conciertos, en carreras o espectáculos. Por allí han pasado artistas de alto nivel para actuar en la plaza de Pamplona.

Y qué decir de San Fermín. Muchos aún se preguntan cuándo dormía Mariano entre el 5 y el 14 de julio. La plaza se abría a las 6 para los primeros movimientos del encierro, pero antes, toda la noche, se llevaban a cabo las labores de limpieza o el montaje de las pantallas para las imágenes de la carrera. Sin tiempo para el descanso, tras el encierro venían las vaquillas, luego los festivales taurinos, el apartado, la corrida y vuelta de nuevo a la limpieza antes de preparar todo para el siguiente encierro. Y todo con Mariano atento y vigilante a cada movimiento. 

Porque todo pasaba en su casa, la plaza de toros de Pamplona que ahora despide a su 'fantasma', el que ha paseado por los tendidos y sus pasillos cuando el invierno de Pamplona apenas recordaba que dentro de la plaza también había vida.


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