• miércoles, 06 de julio de 2022
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PAMPLONA

Un rincón de Asturias en Pamplona: la historia de amor detrás del único hórreo de la capital

En Navarra quedan actualmente 22 hórreos que fueron declarados patrimonio de interés cultural en 1993.

Hórreo de Aranzadi. IÑIGO ALZUGARAY
Hórreo de Aranzadi. IÑIGO ALZUGARAY

Si alguna vez has visitado Asturias o Galicia, probablemente te hayas fijado en que en cualquiera de sus pueblos existen unas construcciones de madera sostenidas sobre cuatro pies de piedra.

Estas edificaciones son conocidas como hórreos y eran construcciones complementarias a la casa que servían para guardar todo lo que el campo suministraba, aunque en ocasiones hacían las veces de despensa para conservar cualquier tipo de alimento e incluso de habitación. Además, el hecho de que estuvieran en altura servía principalmente para evitar la humedad y la entrada de animales.

Hoy en día es un elemento diferenciador del paisaje noroeste de España, hasta tal punto que se ha convertido en insignia cultural y patrimonial característica de estas zonas y no es raro verlos adornados con cebollas, ajos y demás productos de la huerta menos perecederos.

En Navarra quedan actualmente 22 hórreos que fueron declarados patrimonio de interés cultural en 1993. La mayoría se conservan en el valle de Aézcoa, pero uno de ellos está en Pamplona, concretamente en el meandro de Aranzadi, y guarda detrás una bonita historia de amor.

Su origen se remonta a la segunda mitad del siglo XX, cuando Eugenio Arraiza, investigador y promotor cultural navarro nacido en el seno de una familia carlista, mandó construir este hórreo con el fin de aliviar la añoranza de su mujer, María Ángeles, por sus tierras asturianas.

Cuentan que la edificación estuvo tapada con una lona hasta que se completaron las obras para que la mujer no lo descubriera, y durante este tiempo y hasta el día de su cumpleaños, María Ángeles estuvo convencida de que estaban construyendo un cobertizo.

El hórreo se encuentra junto a la Casa Arraiza, construida a principios del siglo XX por José Luis Ybarra quien, al parecer, estaba enamorado de una joven francesa y, para demostrarlo, le construyó esta casa con cantidad de elementos que recuerdan a un cortijo andaluz. Posteriormente, fue adquirida por la familia Arraiza y en 2008 pasó a manos del Ayuntamiento de Pamplona.

El chalet de Arraiza es un edificio de dos alturas en el que destaca una hermosa buhardilla en el tejado y un pórtico al que se accede a través de tres arcos de medio punto abiertos en el centro de la fachada. Además, llama la atención una fuente con la figura del niño, que es una réplica de la conocida como el 'niño de la oca' del escultor griego Boato de Calcedonia.

Desgraciadamente, en los últimos años la casa ha estado rodeada de numerosas polémicas entre las que destacan 'okupaciones' y desalojos municipales, así como la desaparición de algunas de las huertas cercanas.


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