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El 'golpe de estado' de Fran Canal en Osasuna: así ha sido el asalto y la toma de control del club rojillo

La historia de la llegada del director general de Osasuna: así ha secuestrado el club a los socios, que ya no pintan lo que merecen y se les ha perdido el respeto.

Luis Sabalza, presidente de Osasuna, y Fran Canal, director general del club, durante una comparecencia anterior. IÑIGO ALZUGARAY
Luis Sabalza, presidente de Osasuna, y Fran Canal, director general del club, durante una comparecencia anterior. IÑIGO ALZUGARAY  

Fran Canal controla y dirige ya Osasuna después de un 'golpe de estado' con la connivencia de Luis Sabalza y con la desconsideración a los socios, propietarios de la entidad. El director general de Osasuna acumula decenas de puestos en más de 40 empresas mientras ha ingresado ya más de medio millón de euros de Osasuna, club al que asegura que se dedica en "cuerpo y alma". 

Su presencia e intervenciones fuera de tono en la asamblea de compromisarios sin haber sido elegido nunca por los socios, sus malas formas y una actitud más propia de una película del sur de Italia han llevado a la directiva presidida por Luis Sabalza a no poder aprobar los presupuestos de Osasuna.

Algunos grupos de socios han pedido ya la reprobación de Canal, que tiene al club en sus manos, mientras la figura del presidente Sabalza se diluye y se convierte en un mero títere. 

Francisco Manuel Canal Fidalgo ha acumulado en los últimos años más de 50 altos cargos en al menos 41 sociedades, según los datos consultados por este periódico a través del registro mercantil. De todos ellos, llama la atención su presencia como consejero delegado del Cádiz hasta el 27 de noviembre de 2017, mientras trabajaba también para Osasuna y ya como director general. 

Es decir, Canal asesoraba y trabajaba simultáneamente para Cádiz y Osasuna, dos equipos de la misma categoría, rivales en el campo y con las mismas aspiraciones de ascenso. Todo un despropósito y un desprecio al club navarro consentido por la actual directiva y sin informar a los socios. 

Su vinculación con empresas del fútbol no se limita exclusivamente al Cádiz, sino que Fran Canal tiene presencia directa como apoderado en Football Legal Management y ha tenido relaciones íntimas con Leganés y Ourense, club al que disolvió. 

Su radio de acción abarca especialmente Galicia, su tierra natal, así como Barcelona, Madrid, Andalucía, Navarra, Coruña, Las Palmas y Tenerife. Y eso que ya no aparece en entidades como el Logroñés o Mérida, donde presuntamente intervino como en el Promesas, para descenderlos ambos de Segunda B a Tercera.

Un historial apasionante. De las 41 empresas en que figura el nombre del ‘factótum’ de Osasuna sólo siete siguen activas, tres han sido disueltas, en nueve no consta actividad, otras nueve padecen un posible cierre, y 13 han cerrado. No sorprende.

En 2016, en plena pretemporada de Osasuna y cobrando del club rojillo, Fran Canal se presentó en Los Barrios como miembro del staff del Cádiz junto a Zulategui y Oliver (curiosamente sonaron como posible candidatura para Osasuna) 

Osasuna es uno más para Fran Canal, pese a sus declaraciones de entrega y amor infinito. ¿Qué busca en Pamplona?: ingresos por la vía rápida, y cómoda. “Me tomo una semana sabática” llegó a decir tras la última asamblea en la que se habían tumbado por su presencia los presupuestos del club.

Su familia, su vida y sus negocios en Roca Abogados pasan por Madrid. No está para perder tiempo en provincias, o por lo menos en una tan pequeña.

Según el Diario de Cádiz, alucinados por la doble ligazón del ‘factotum’ con dos clubes rivales en Segunda, como consejero gaditano y director general osasunista, el despacho de Fran Canal cobró de Osasuna en las temporadas 2015-2016 y 2016-1017 la friolera de 470.000 euros (260.000 en variables y objetivos). Y según Diario de Noticias, la temporada pasada facturó al club rojillo 180.000 euros, lo que supone 650.000 euros en tres campañas.  Percibe 10.000 euros al mes, más objetivos y variables, partidas con alto porcentaje de subjetividad.

Llegó en octubre de 2015, fue presentado como director general externo en diciembre de 2016 y, hasta octubre del año siguiente, Sabalza no se atrevió a dar a conocer sus emolumentos. Tiene contrato, siempre sin horario, hasta junio de 2019, cancelable con 60 días de antelación, y anunció que desea seguir hasta el centenario. Lógico, un chollo. En Pamplona funciona a su aire. Hace lo que quiere.  

Nadie sabe si entra o sale, o qué hace en su despacho, ni cuando está. Ni Sabalza. Si el presidente es un hombre de palabra, no podrá negarlo. “Si los compromisarios piden el cese de Fran Canal, lo acataré”, declaró a Natxo Matxin hace unos meses, y lo ha cumplido… pero sin dejar que ninguno de los dos intentos de solicitud por parte de los socios prosperen. 

UN “ROTTWEILER” PARA OSASUNA.

El ‘factotum’ llegó a Pamplona de la mano de Luis Sabalza. Les presentó (¿casualidad, intención?) el consejero delegado del Numancia, según relato del mandatario rojillo, en la sede de Liga de Fútbol Profesional (LFP).

Corría el 2015 y Osasuna necesitaba, en palabras de su presidente, “un rottweiler” para acometer el recorte de gastos y el ERE de personal dentro de un club descendido, expropiado, judicializado, y con más de 50 millones de deuda. “Aquí tenéis el rottweiler” dijo Sabalza a sus directivos.

Tres personas, Fran Canal y otras dos, una de ellas su yerno, aterrizaron en Pamplona para realizar una auditoría jurídica, una más de las que proliferaban por aquel entonces.  De aquella quedó contratado el ‘factotum’ como asesor externo, principalmente para gestiones ante la LFP y RFEF.

Comenzó por el ERE, donde ya apuntó maneras. Despidió a personas relevantes dentro del club, sin acuerdo previo de la Junta Directiva, pidiendo después la firma a los directivos por riguroso orden de anuencia.

Primero eligió a Juan Ramón Lafón como su lugarteniente. Luego, tras discrepar por intereses dispares, eligió a Pedro Baile, con quien también pronto chocó. Tampoco le servía. Bastó una reunión con el Cuerpo Nacional de Policía, con los Indar Gorri de fondo, para ponerle la cruz. Había entrado ya Alfonso Ramírez en sustitución del despedido Lafón, y Canal no dudó en elegirlo como su hombre. Le nombró portavoz, así fue presentado en Diario de Navarra, sin previo acuerdo de Junta. El portavoz oficial era Pedro Baile.  Otro detalle más de sus actuaciones dictatoriales.

Ya en el seno del club también percibían sus maneras, caso del presunto seguidismo y control de correos electrónicos o sus criticadas actuaciones en las asambleas.. “Usted no puede hablar, según los estatutos”, recriminó a un socio desde la mesa, cuando la misma ordenanza se lo impedía igualmente a él.  No merece la pena entrar, por sabidos, en otros pasajes más desagradables. Baste recordar la reunión de Indar Gorri con el entrenador y director general, gallegos como él, sin conocimiento de la Junta Directiva. A sus espaldas, algo que desveló Navarra.com

PRIMER ACTO: LAS LISTAS DE COMPROMISARIOS

Acostumbrado a maniobrar en las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), el ’factotum’ no tenía ni idea de la idiosincrasia de Osasuna cuando llegó, y sigue igual. ¿Quién manda aquí?: la asamblea. ¿Cómo la controlo?: a través de su grupo más organizado, aunque ni siquiera sea legal. Así cayó en manos de los Indar-Gorri (I-G). Pactó con ellos y creyó poseer el control del club. El problema fue ya el precio a pagar. Al menos, entonces le servía. Así llegó una de las decisiones más importantes en la historia de Osasuna, cuando Indar Gorri le pidió un sistema de listas de cerradas.

Por primera vez en Osasuna, la elección de compromisarios se hizo a través de listas, algo que benefició a los grupos organizados, caso de Indar Gorri para controlar la asamblea. El sometimiento de Sabalza a Canal rozó el ridículo cuando el presidente pidió a sus directivos entrar en listas, algo no necesario. Como tales ya pertenecían a la asamblea. Otro detalle: La noche anterior a las votaciones, Pedro Baile, martillo de Fran Canal dentro de la Junta, desapareció de su lista y, por tanto, no resultó elegido.

Fran Canal creía tener la asamblea controlada a través de sus acuerdos con Indar Gorri. El dominio del ‘Bundestag’ rojillo le permitió también un segundo paso para el asalto al control total del club a través de la modificación de la normativa estatutaria.

REFORMA ESTATUTARIA, SEGURO DE VIDA EN EL PODER

Cuando llegó esta Junta Directiva en 2014, lo hizo con la promesa de reformar los Estatutos. Cumplió un año después, en noviembre de 2015. Tras muchas horas de trabajo y reuniones se aprobó un texto con deficiencias, pero de todos y para todos. Luego, dos años después, vino el “Canal electoral” con la rebaja.

Las asambleas habían funcionado con arreglo a lo pactado. Las preparaba el ‘factotum’ con Indar-Gorri dentro de una entente que iba más lejos. Tú me das el voto, yo te reparto entradas, te salvo de la policía, asistencia ilegal a palcos, viajes, megafonías, colocación de pancartas sin control policial, etc. etc. El sistema funcionaba. Era el momento de dar el siguiente paso: la reforma de los Estatutos aprobados dos años antes.

Los compromisarios fueron citados el 23 de marzo de 2017 para votar una reforma estatutaria sobre socios y abonados. La Junta Directiva aprobó un jueves el texto a presentar, referente a lo solicitado y acordado. Todo en orden, hasta que ese viernes Fran Canal se reunió con Indar Gorri y pactó introducir el euskera obligatorio en los trabajadores del club, a cambio de la aprobación de su ‘paquete bomba’.

El ‘factotum’ aprovechó a su vez para introducir un mínimo de cinco años de socio para los directivos, aunque tuvo que recular porque ‘su directivo’ Alfonso Ramírez no los cumplía y, sobre todo, la exigencia de un aval financiero para concurrir a elecciones.

El lunes siguiente la Junta Directiva quedó estupefacta ante el nuevo texto, indignada al conocerlo a través de la web de Indar-Gorri, donde se le calificaba a Fran Canal como el representante de Osasuna, algo para lo que no tenía el permiso de una Junta. Nadie le había pedido a Canal el nuevo texto. Incluso el presidente lo conoció a posteriori. La Junta ya había aprobado su texto definitivo y lo había dado por definitivo... Las formas dictatoriales del factótum volvieron a imponerse. 

Fue la redacción definitiva de Fran Canal la que llegó a la asamblea, donde tampoco admitió discusión. A un socio interesado por la nueva exigencia de avales para concurrir a las elecciones apenas se le dieron explicaciones. Al insistir, escuchó que no se votaría cada punto de manera individual sino la reforma en bloque. Nada que hacer, ni siquiera hubo debate. El ‘golpe de Estado’ estaba atado y bien atado.

CONTINUIDAD ASEGURADA

Nadie fue consciente de las gravísimas consecuencias que traería aquella aprobación. No es momento de hablar de ‘preavales’ (que ni existen), avales (lo que realmente piden ahora los estatutos) o simples garantías (que es lo que había). La explicación de evitar los problemas que sufrió para avalar Sabalza tras ser elegido en 2014 no convence (Osasuna está a dos años de su centenario). Mucho peor es lo que ha venido, la práctica imposibilidad de que haya candidatos. El ‘pucherazo’ sin elecciones. Nadie está dispuesto a perder un millón si no gana las elecciones.

El 19 de noviembre de 2017 fueron convocados comicios, concurrieron tres candidaturas y, como resultaba previsible, solo prosperó la de Sabalza, la que no necesitaba avalar. Las otras dos ‘preavalaron’ como siempre, pero los estatutos habían cambiado… Encima, Fran Canal, en su más puro estilo, masacró a una, la de Lafón. Cuentas pendientes. Como Nicolás Maduro, otro dictador. Inhabilitada la oposición, sigo y hago lo que quiero.

Así llegó la perpetuación de Luis Sabalza en el poder, cocinada por el ‘factotum’, que también asegura así su continuidad, haciendo y deshaciendo, conformando el club a su antojo. Ingobernable. El presidente cada vez pinta menos en la dirección real del club. Ambos son sabedores que no hay alternativa posible para un hipotético futuro electoral si no media un nuevo cambio estatutario, que hoy ni se plantea. Después del centenario, ya veremos.

De hecho, lo que Sabalza baraja para entonces es la posibilidad de dar entrada a algún directivo que cumpla antigüedad para sucederle. Mientras el sangüesino da palos de ciego, el ‘factotum’ también maniobra y ya sabemos en quién piensa para esa plaza de rector. Pero eso ahora es otra historia.


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