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Pedro Sánchez pasa de no poder "dormir" con Iglesias en el Gobierno a pactar que sea su nuevo vicepresidente

El líder socialista lo rechazó en julio, y durante siete meses no lograron llegar a un acuerdo. Ahora, dos días después de las elecciones, han escenificado su pacto.

Intervención del líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, ante el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EUROPA PRESS
Intervención del líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, ante el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. EUROPA PRESS  

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, será vicepresidente del Gobierno de coalición que conformarán PSOE y Unidas Podemos, a pesar de que, en julio, el propio Sánchez lo vetara recalcando que era el único escollo para el acuerdo.

En su momento, Sánchez aseguró que no podría dormir por las noches con miembros de Podemos en el Ejecutivo, algo que ya ha olvidado. 

La estructura completa de ese Ejecutivo se concretará una vez tenga lugar la sesión de investidura en el Parlamento, si bien ambos líderes han avanzado este martes en una comparecencia conjunta que comenzarán a trabajar en estas semanas para cerrar acuerdos programáticos y un organigrama de Gobierno, que se elaborará atendiendo a qué perfiles son los adecuados para cada cargo.

Este preacuerdo entre socialistas y morados llega dos días después de la celebración de las elecciones generales, comicios en los que tanto el PSOE como Unidas Podemos perdieron escaños con respecto a los que obtuvieron en los comicios de abril.

Con este documento de diez puntos, los de Iglesias ven cumplido el principal objetivo que se marcaron cuando Pedro Sánchez decidió que se celebraran las elecciones generales de abril. Entonces, Iglesias, que regresaba de su permiso de paternidad, señaló que para que todas las medidas que pactaron PSOE y Podemos tras la moción de censura contra Mariano Rajoy se aplicaran, era necesario que tocaran poder y entraran en el Consejo de Ministros.

Tras esto, y durante la precampaña y la campaña de abril, los morados insistieron en esta idea, y fundamentaron su discurso en lograr que los artículos más sociales de la Constitución se cumplieran. Para eso, insistían en que se debía hacer frente a los poderes económicos subiéndoles los impuestos, a la oligarquía que maneja las grandes empresas energéticas creando una empresa pública que lograra bajar el precio de la luz, y que era preciso acabar con las puertas giratorias que permiten que ministros y presidentes acaben en sillones de consejos de administración de multinacionales.

A pesar de las malas encuestas, los morados remontaron gracias a la irrupción en la campaña de su líder y se alzaron con 42 escaños y 3,8 millones de votos en las generales. Pero a pesar de que la coalición era posible, acabó frustrándose tras meses de negociaciones y malentendidos.

MANO TENDIDA A SÁNCHEZ

Tras el fracaso, y con los líderes de ambas fuerzas enfrentados gracias a acusaciones y declaraciones subidas de tono en los medios de comunicación, la posibilidad de que ambos llegaran a entenderse tras el 10 de noviembre parecía alejada. Pero entonces Iglesias, en sus intervenciones de campaña, tendió la mano de nuevo al líder socialista y lo invitó a olvidar reproches atendiendo "a la emergencia del auge de la extrema derecha".

Además, sostuvo la carrera hacia las urnas pidiendo que los morados estuvieran fuertes el 10-N, porque, de esa manera, el PSOE se vería obligado a un acuerdo de gobierno con ellos, a pesar de que Pedro Sánchez no quisiera. Llegó a afirmar Iglesias que, si Vox aumentaba apoyos, esto impediría una gran coalición de PP y PSOE, y abriría la puerta del Consejo de Ministros a Podemos.

Ese cálculo electoral finalmente se cumplió y Vox logró 52 escaños. Y dos días después de las generales, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias escenificaban un preacuerdo, con firma en el Congreso de los Diputados y con abrazo para sellar la alianza.

Además de la propuesta de crear una empresa pública de energía, los de Iglesias han insistido durante la campaña en que, si llegaban al Gobierno, derogarían la reforma laboral, intervendrían el mercado de la vivienda de alquiler, fijarían la subida de las pensiones al IPC por ley, implantarían la jornada laboral de 34 horas semanales, crearían una banca pública o pondrían coto a las casas de apuestas, entre otras. Está por ver cuántas de estas pueden llegar a cumplir desde los ministerios que logren fruto de la negociación.

MINISTERIO DE TRABAJO

En cuanto a esas carteras que los morados ostentarán, hasta el momento solo se sabe que el propio Iglesias tendrá una vicepresidencia. Pero atendiendo al documento que desde Unidas Podemos enviaron al PSOE para desbloquear la negociación en agosto, uno de los que aspiran a llevar es el de Trabajo.

En ese documento de Propuestas para retomar el diálogo por un acuerdo integral de gobierno de coalición, los morados señalaban como primera opción una vicepresidencia de Derechos Sociales e Igualdad, el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, el Ministerio de Sanidad y Consumo y el Ministerio de Vivienda y Economía Social.

En ese mismo documento, el único posterior a la investidura fallida en el que hablan de carteras, los morados presentaban otras cuatro combinaciones posibles de ministerios, y en ellas, además de las citadas carteras, incluían el Ministerio de Transición Ecológica, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, el Ministerio de Agricultura, Pesca y España Vaciada, y el Ministerio de Cultura.


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