SOCIEDAD

El negacionismo, la corriente histórica que se reinventa desde hace siglos: de Galileo a los movimientos antimascarillas

Alertan de que estos grupos de personas "puedan terminar imponiéndose en la sociedad y verse como algo perfectamente normal".

Manifestación contra el uso obligatorio de las mascarillas en la plaza de Colón de Madrid. EUROPA PRESS
Manifestación contra el uso obligatorio de las mascarillas en la plaza de Colón de Madrid. EUROPA PRESS

Los movimientos negacionistas han vuelto a surgir estos días con fuerza en relación a la existencia del coronavirus y la necesidad de medidas sanitarias como el uso de mascarillas, pero, en realidad, es una corriente que lleva siglos estando presente en las sociedades y, tal y como han explicado filósofos y economistas, que indican que su atribución a determinados grupos es "relativo", en función del pensamiento predominante en la época.

"Echando la vista atrás, lo del negacionismo resulta bastante relativo. Desde nuestro actual punto de vista, quienes opusieron resistencia a las tesis de Harvey sobre la circulación de la sangre eran negacionistas, como lo era el cardenal Belarmino con respecto a las tesis de Giordano Bruno y Galileo", ha señalado el filósofo José Luis Pardo, autor del ensayo Estudios del malestar, premio Anagrama.

Sin embargo, Pardo ha recordado cómo a finales del siglo XVI y en el siglo XVII se consideraba "exactamente lo contrario" (es decir, negacionistas) tanto las tesis de Harvey como las de Bruno y Galileo sobre el movimiento de la Tierra, estando por entonces la Santa Sede en lo cierto.

"En el curso de esta pandemia, yo he leído que la culpa de todo lo que nos pasa la tiene algo llamado capitalismo y que las políticas de confinamiento son una estrategia para que el biopoder reaccionario encierre a sus súbditos y les impida reunirse en lugares públicos y hacer la revolución", ha ironizado el filósofo, que pone estos argumentos a la altura de los de hace cuatro siglos.

No obstante, ha alertado de la posibilidad de que estas teorías, por descabelladas que puedan parecer, puedan terminar imponiéndose en la sociedad y verse como algo perfectamente normal. "No olvidemos que Belarmino se salió con la suya y que a Galileo y Bruno no les fue demasiado bien en su tiempo", ha añadido Pardo.

"También decía eso de los partidarios del brexit, de los simpatizantes de Donald Trump y de los populistas surgidos al calor de la crisis del 2008, y hoy el brexit es un hecho, Trump es el presidente de Estados Unidos y los populistas están en muchos parlamentos y en muchos gobiernos europeos, el nuestro entre ellos", ha lamentado.

DISIDENCIAS EXTRAVAGANTES

Daniel Innerarity, primer filósofo español en publicar un libro sobre el coronavirus, Pandemocracia (Galaxia Gutenberg), coincide en señalar que toda la historia de la ciencia ha estado "acompañada de críticas y desconfianza hacia ella y sus opiniones dominantes". "De hecho, ella misma extiende y vive de la desacralización de las opiniones y el espíritu crítico", ha apuntado.

No obstante, matizando que dentro de esas disidencias las hay que son "realmente extravagantes, lo que no tendría demasiada importancia si entre ellas no hubiera algunas que, por la popularidad de quienes las suscriben o por su capacidad de difusión en las redes sociales, tienen una enorme influencia en conductas que ponen en peligro la salud pública".

Para el economista Jano García, autor de La gran manipulación (La esfera de los libros), "siempre hay un pequeño grupo de personas que trata de buscar respuestas ocultas a algo que tiene una respuesta obvia", si bien entiende que los casos de los movimientos antimascarillas a día de hoy son una "anécdota", y se tiende a "trasladar la realidad virtual a la realidad de la calle".

"Si este virus, como ocurrió con el MERS o el SARS, solamente hubiese afectado al sudeste asiático o a Oriente Medio, nadie estaría hablando de esto. El problema es que nos ha afectado a todos y, aunque el proceso ha sido el mismo, lo único que ha cambiado es el número de gente a la que le ha trastocado la vida y, por ende, es más probable que surjan este tipo de negacionistas. Debemos recalcar que son muy pocos, ruidosos sí, pero pocos", ha destacado.

OBJETIVOS QUIMÉRICOS

Sin embargo, queda pendiente la cuestión de cómo en España, uno de los países más golpeados por la pandemia, se celebre una manifestación que junte a miles de personas precisamente para rechazar todo lo que tiene que ver con este virus. Para Pardo, la respuesta es que es "por la misma causa que en este mismo país se hayan celebrado otras muchas manifestaciones, entre ellas las que defienden la independencia de Cataluña (que es un objetivo tan quimérico como el que defendían los manifestantes de Colón)".

"No me preocupa mucho esa manifestación, porque veo que, por fortuna, la inmensa mayoría de la opinión está segura de que se trata de una causa demencial. Lo que me preocupa es que no exista la misma mayoría sensata para el caso de otras manifestaciones como la que acabo de mencionar (y similares). Y me preocupa porque las guerras más cruentas libradas por la humanidad son peleas que persiguen objetos ilusorios", ha alertado.

Para Innenarity, este movimiento en España puede deberse a muchos factores y lo contextualiza junto con las manifestaciones similares que ha habido en otros países. "Es gente que reivindica una idea del ejercicio de la propia libertad como si no tuviera nada que ver con la de los demás. Suelen ser personas que tienen una menor vulnerabilidad, por edad o por condiciones económicas, y que apelan a la libertad, pero realmente es un ejercicio de poder", ha afirmado.

Mientras, García apunta a la desinformación que ha recibido la ciudadanía como uno de los motivos para el surgimiento de estas corrientes. "Cuando has estado ocultando la realidad durante meses y has convertido la tragedia en fiesta y celebración, es normal que un grupo reducido de personas crean que esto no es tan grave. El problema aquí es que se ha querido tapar la realidad y, evidentemente, eso da lugar a multitud de teorías de la conspiración", ha concluido.


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