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Condenado en Zaragoza por apuñalar a un hombre a quien confundió con su atracador

Mientras corría por la calle en busca de los ladrones, vio a un hombre con la cabeza cubierta por una capucha y lo apuñaló.

Calle Manuel Escoriaza y Fabro (Zaragoza), vía en la que tuvieron lugar los hechos.
Calle Manuel Escoriaza y Fabro (Zaragoza), vía en la que tuvieron lugar los hechos.  

El Tribunal Supremo ha confirmado la pena de 17 años de cárcel que la Audiencia Provincial de Zaragoza impuso a un hombre que apuñaló por la espalda y mató a otro, a quien, a causa de que llevaba la capucha de su abrigo sobre la cabeza, confundió con quien le había atracado unos minutos antes.

En su fallo, el alto tribunal rechaza el recurso del acusado contra su condena, que ya había sido confirmada por el Tribunal Superior de Justicia de Aragón.

El Supremo considera que hay pruebas suficientes de cómo sucedieron los hechos y de que hubo alevosía en el homicidio.

Los sucesos ocurrieron a las 7 del día 14 de diciembre de 2014 cuando el reo volvió a su domicilio y, al llegar a su portal, fue abordado por dos individuos que le arrojaron al suelo y le pegaron para robarle. Sin embargo, pudo zafarse de ellos y subir a su domicilio, relatar a su mujer lo que había sucedido, pedirle que avisara a la Policía, coger dos cuchillos y volver a la calle en busca de sus agresores.

Entonces, mientras corría por la calle en busca de los ladrones, vio a un hombre que llevaba puesta una chaqueta cuya capucha le cubría la cabeza. Se acercó a él y le habló por la espalda, algo de lo cual no fue consciente la víctima, debido a que portaba unos auriculares puestos. El reo le retiró uno de los cascos, a lo que la víctima le respondió que "no llevaba nada" que pudiera darle y siguió su camino.

"Sin mediar más palabras sacó de la parte trasera de su pantalón uno de los cuchillos que había cogido en su domicilio y sin posibilidad de que aquél pudiera defenderse se lo clavó con gran fuerza y violencia por detrás", lo que le causó la muerte.

Según el Supremo, no cabe duda de la existencia de alevosía, circunstancia que agrava la conducta del condenado: "La víctima fue sorprendida por lo inesperado de la agresión, de suerte que, no avisado del peligro, no tuvo ocasión de articular una efectiva defensa".

El recurrente argumentaba también en su defensa la circunstancia de embriaguez, pero el Supremo recuerda que los policías que lo detuvieron no dieron cuenta de signos de que estuviera bebido.

El alto tribunal rechaza también que el culpable actuara bajo condiciones psíquicas que le privasen del control de sus actos, porque, dice, "la complejidad del proceso que precede a la agresión es poco compatible con ese descontrol".

"Ni perdió el control, ni fue la actitud de la víctima al proseguir su marcha" la que desató esa falta de dominio de sí por parte del agresor, concluye el alto tribunal.


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