PREMIUM  MUNDIAL 2018

Dos fanáticos de 60 y 61 años van detrás de la selección de Portugal en furgoneta

Carlos y Pedro llevan desde finales de mayo por la carretera. Miles de kilómetros recorridos. Una media de 600 cada día.

PO6002JPG. SARANSK (RUSIA), 23/06/2018.- Carlos Brum de 61 (d) y Luis Lobito de 60 años, aficionados de la selección de Portugal, posan junto a su furgoneta en Saransk, Rusia, hoy, 23 de junio de 2018. Carlos y Luis viajan en furgoneta desde Lisboa a las ciudades donde los portugueses juegan en la Copa del Mundo de Rusia 2018, en cada lugar paran y venden camisolas y bufandas de la selección para pagar la gasolina y la comida. EFE/Esteban Biba.
PO6002JPG. SARANSK (RUSIA), 23/06/2018.- Carlos Brum de 61 (d) y Luis Lobito de 60 años, aficionados de la selección de Portugal, posan junto a su furgoneta en Saransk, Rusia, hoy, 23 de junio de 2018. Carlos y Luis viajan en furgoneta desde Lisboa a las ciudades donde los portugueses juegan en la Copa del Mundo de Rusia 2018, en cada lugar paran y venden camisolas y bufandas de la selección para pagar la gasolina y la comida. EFE/Esteban Biba.  

Carlos Brum y Pedro Lobito acondicionaron su vieja furgoneta, agarraron unos enseres y unos cuanto objetos mundialistas para sobrevivir en el asfalto y tiraron carretera al frente.

Los peculiares fanáticos, de 60 y 61 años respectivamente, seguidores habituales de la selección de Portugal, han realizado en Saransk su nueva parada. Han instalado su vehículo en la plaza central de la ciudad, al lado de la 'fan fest' y próxima a la catedral de Catedral de San Teodoro Ushakov.

No pasa desapercibida la furgoneta, pintada con los colores rojo y verde del combinado luso. Con llamativos reclamos de ánimo a Portugal y cientos de fotos agolpadas, adheridas a su chapa. Imposible de disimular.

Tampoco ellos podrían mezclarse sin más ente el gentío. Una vistosa peluca uno, un pintoresco sombrero el otro. Sin complejos, echados para adelante, con un puestecillo de bufandas, banderas y camisetas no oficiales de Portugal a la venta. Vino portugués para regalar y bacalao para repartir a una hora determinada.

"Vendemos estas camisetas y bufandas para poder pagar la gasolina", indicó uno de ellos a EFE. "Llevamos años siguiendo a la selección. Tenemos en Portugal tiendas de ropa, ahorramos y nos vamos a seguirlo bien y a apoyar a la selección. Este va a ser nuestro mundial, seguro".

Carlos y Pedro llevan desde finales de mayo por la carretera. Miles de kilómetros recorridos. Una media de 600 cada día. Primero fue Sochi, donde jugaron contra España. Después ante Marruecos, en Moscú. Y ahora en Saransk, frente Irán. A continuación, si Portugal avanza a octavos también tienen garantizada la entrada independientemente del escenario que sea. "Tenemos entrada hasta la final".

No falta nada en el interior. Una cama habilitada para los dos, una cocinilla y provisiones en una especie de despensa creada en la parte superior. Y música. Rock and Roll a toda pastilla para animar la situación.

Se quejan de las carreteras rusas y de los accidentes que se ven en ellas. "Portugal es mucho más pragmático que antes. Llega tres veces y gol. El equipo está implicado", aseguran confiados en que esta es la gran ocasión del vigente campeón de Europa hace dos años.

Entre las historias que cuentan a la gente que se agolpa alrededor del vehículo narran una con la policía. "Yo fui preso por la venta, porque no tenemos licencia. Se quisieron quedar con nuestra mercancía y tuvimos que pagar una multa en Moscú", narra Pedro.

Lamentan la lentitud de la burocracia rusa, que les obligó a tener que esperar "seis horas en la frontera" antes de continuar su camino.

Ahora disfrutan en Saransk mientras tratan con simpatía a los aficionados y curiosos que se agolpan alrededor de la furgoneta. Les piden fotos, vídeos y ellos les reclaman un poco de apoyo para Portugal y que, de paso, compren alguna de las camisetas que les sirven de mantenimiento.


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