RÍO 2016

Llega la hora de la tudelana Estela Navascués en los JJ OO: "Estoy tranquila porque he trabajado bien"

La maratón se disputa el domingo a las 14.30 horas y la corredora de Tudela busca mejorar la marca que le llevó a los Juegos: 2h 32' 49''. 

Estela Navascués en acción. EFE.
Estela Navascués en acción. EFE.  

Es la hora de Estela Navascués, el momento para el que la atleta tudelana se ha preparado a conciencia desde hace muchos meses. Sobre todo desde que conoció, en el mes de febrero, que acudiría a Río para participar en los Juegos Olímpicos. 

La cita es a las 14.30 horas (hora española). La maratón femenina se disputa con las mejores participantes del mundo, por lo que la opción de medalla se antoja muy difícil, pero no así el intento de hacer una buena marca personal y dejar la mejor imagen: el gran objetivo de la corredora navarra.

Estela Navascués logró en febrero, en el maratón de Sevilla, la clasificación para los Juegos Olímpicos de Río. La de Tudela recorrió los 42 kilómetros de la prueba olímpica por excelencia en 2 horas, 32 minutos y 49 segundos, un tiempo que le permitió quedar tercera en la prueba, conseguir el subcampeonato de España.

Llegó a Río para participar en la ceremonia de inauguración, donde ha permanecido entrenando y aclimatándose a la ciudad. Ha pasado buenos momentos y se ha fotografiado con atletas españoles a los que ha conocido en la Villa Olímpica. 

En su blog personal, la atleta de Tudela, aunque afincada en Soria para su preparación física, ha ido desgranando los últimos momentos antes de la medalla. Este es su último post antes de afrontar la carrera del domingo. 

AL LÍO EN RÍO, por Estela Navascués

"Puuufffff. El Día D ya llega. El día más esperado está a la vuelta de la esquina. Como solemos decir, "todo llega", nada es eterno, y menos mal. Los deportistas que entrenamos, competimos y vivimos por conseguir estar en unos Juegos Olímpicos ansiamos que llegue el momento en que saltamos a la palestra, el instante en el que nos ponemos ante la línea de salida y por delante tenemos una zona de lanzamiento, de saltos o la pista de tartán y el asfalto, como es mi caso. Se abre ante nosotros, ante los maratonianos, una inmensidad que, aunque finita, porque está cifrada en cuarenta y dos mil ciento noventa y cinco metros, se puede hacer eterna. Y esa dificultad, esa supuesta eternidad, es la que hace que las dudas nos asalten en estos días finales.

Yo, en mi caso, llego tranquila, pero los nervios finales son inevitables. Y estoy tranquila porque he trabajado bien, porque no ha habido contratiempos de los que hacen saltar las alarmas. Los entrenamientos están ahí, bueno, aquí, en mis piernas, en mi cuerpo y, lo que es muy importante, también en mi cabeza. 

Atrás dejo horas y horas de esfuerzo, de dedicación, de entrega, ¿para qué negarlo?, sangre, sudor y lágrimas. Se que es muy tópico, pero es que es así. Ya lo dije en alguna ocasión: estar en Río es un premio, es un regalo que he conseguido tras muchos meses, años incluso, de dedicación. Por supuesto, no lo he conseguido sola. Precisamente hace unos días llegaron a Río dos de mis pilares más importantes: Nacho y Abel, Abel y Nacho. Aunque el atletismo es un deporte individual, el grupo que hay a nuestro alrededor es fundamental. Y yo estoy muy contenta con el mío, estoy feliz teniéndoles a ellos a mi lado. Ellos son mi sombra en mitad del desierto, la fuente que ayuda a calmar mi sed, el altavoz que me despierta cuando mi cuerpo se viene abajo. Sin ellos os aseguro que yo no estaría aquí hoy ni el domingo compitiendo en el maratón olímpico de Río de Janeiro, la competición más importante en la que un atleta puede desear llegar a participar. Mis gracias infinitas a ellos. 

Y yo estoy aquí, con mis compañeras de selección. Estamos el grupo de las chicas viendo la marcha. Estar con ellas es muy positivo, pues así el tiempo se pasa mejor y más rápido. Ahora lo que más quieres es que se dé la salida y que todo salga bien par  atisbar la meta allá al fondo. Y terminar la prueba en el mejor lugar posible, habiéndolo dado todo, habiendo intentado dejar el pabellón español lo más alto posible.

Por ganas y espíritu no va a ser. Luego el asfalto, los kilómetros, la humedad, nos pondrá a cada una en nuestro sitio. Ese es el sino que nos marcó Filípides hace unos añitos. Con ellas, con las compañeras del equipo de atletismo, me siento arropada, bromeamos, cotilleamos, animamos a todos los españoles que van compitiendo. Sin lugar a dudas, es los mejores momentos que se pasan en la Villa Olímpica. A todas ellas, gracias y ánimo y todo mi apoyo en cada una de las pruebas en las que van a participar".


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