FERIA DE SANTA ANA

Doble puerta grande en Tudela con el toreo de quilates de El Cid y el valor y el arrojo de Daniel Luque

Juan José Padilla se quedó a medio camino después de no querer ver a su primer toro y esforzarse lo justo en el cuarto. 

Daniel Luque y El Cid salen a hombros de la plaza de toros de Tudela. MIGUEL OSÉS
Daniel Luque y El Cid salen a hombros de la plaza de toros de Tudela. MIGUEL OSÉS  

FICHA

Toros de Aldeanueva y el sexto con el hierro de Valdefresno. Bien presentados para Tudela, alguno de ellos más justos de cara, pero de comportamiento noble y con movilidad. Destacaron tercero, quinto y sexto, que fueron también aplaudidos en el arrastre. 

Juan José Padilla; verde hoja y oro: silencio y oreja.

El Cid; obispo y oro: oreja y oreja.

Daniel Luque; verde hoja y oro: oreja y dos orejas.

Presidencia: Jorge Sáenz Gil, asesorado por Francisco Sagardia y Rosa López. Cumplió bien su cometido, si bien se precipitó en los cambios de tercio en el caballo, en algunos casos sin salir el toro todavía del peto. Puede y debe la presidencia cambiar el tercio tras el primer puyazo si lo considera, pero lo normal es esperar al menos ver salir al toro del caballo tras el encuentro. Padilla se encaró por ello con el presidente en el cuarto toro. 

Incidencias: Primera corrida de la Feria de Santa Ana de Tudela con media entrada y buen ambiente en los tendidos. Las peñas estuvieron bulliciosas durante toda la corrida. 

El Cid y Daniel Luque han abierto la puerta grande de Tudela gracias a un toreo de mucha clase del primero y al valor y el hambre del segundo. Han cortado dos y tres orejas respectivamente en una buena corrida de Aldeanueva. Juan José Padilla ha sido el único espada que ha salido a pie a pesar de cortar una oreja en el cuarto de la tarde. 

Estuvo especialmente torero Manuel Jesús El Cid con el quinto de la tarde, un toro noble y de embestida larga y profunda. Se llamaba Jiraldillo y con él El Cid trazó los mejores momentos de la tarde, en especial con la mano izquierda, con unos naturales de toreo de muchos quilates. 

Toreo el sevillano muy despacio, como en sus mejores momentos, templado, tomando su tiempo y dando al toro la distancia exacta. Fue una faena con momentos de mucha brillantez, de mano baja y toreo cadencioso. 

Pinchó El Cid a la primera, pero consiguió una estocada completa y fulminante a la segunda. Recibió sólo una oreja, en una faena merecedora del doble premio a pesar del pinchazo con el estoque. Fue sin duda lo mejor de la tarde. Sumó de esta manera la puerta grande gracias a la oreja conseguida en su primero, en un toro que salía suelto de los lances y con los que no terminó Manuel Jesús de acoplarse como lo hizo con su segundo. 

También salió a hombros Daniel Luque, un torero de clase que triunfó gracias al arrojo y el valor en el sexto, un toro parado al que consiguió doblegar en la distancia corta, metido entre los pitones entre la algarabía del público por el valor y los desplantes en la misma cara del animal. 

No fue, sin embargo, la faena premiada con dos orejas la de más hondura, pero si la de más hambre y disposición, algo que contrastó, aún más, con la displicencia y escaso interés de Padilla. Luque toreó también despacio en los momentos que el toreo se movió algo y ligó una buena tanda de naturales profundos.

Tuvo que recurrir por obligación al arrojo y a los desplantes para no desperdiciar la oportunidad de la puerta grande, hasta el punto de lanzar la muleta y colocarse literalmente entre los pitones y el hocico del toro. 

Tuvo Luque también la oportunidad de lucirse con el tercero de la tarde, un toro bravo que se empleó en todos los tercios y que embistió con codicia. El toro se rajó al final pero Luque consiguió sacarle una buena tanda de naturales. Cortó una oreja. 

Para olvidar fue el primer toro de Padilla, al que no quiso ver ni en pintura. Un animal con una herida en la pata desde su salida de chiqueros, al que no banderilleó y con el que abrevió de manera excesiva,

En su segundo se reconcilió Padilla con el público, deleitó en banderillas y efectuó una faena despegada y sin fondo. Mató de una estocada tendida y el agradecido público de Tudela le premió con una oreja. 


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