BALANCE DE LEGISLATURA

Las oposiciones en Educación: las pruebas con las que Barkos logró 'enloquecer' a miles de profesionales

OPES retrasadas, recursos interpuestos y una obsesión por el euskera han marcado cuatro años de convocatorias de acceso a trabajos públicos en Navarra.

Oposiciones de Secundaria en el IES Iturrama celebradas el 23 de junio de 2018. PABLO LASAOSA
Oposiciones de Secundaria en el IES Iturrama celebradas el 23 de junio de 2018. PABLO LASAOSA  

El caos de las oposiciones en Navarra ha sido la tónica general durante estos cuatro años de Gobierno nacionalista.

El sectarismo por imponer el euskera en las plazas, el descontrol en los departamentos convocantes y las declaraciones cruzadas contra los sindicatos han supuesto las mayores trabas a estas Ofertas Públicas de Empleo (OPE).

Educación, el servicio de Bomberos de Navarra o Salud se han convertido en incómodas piedras en esta ruta marcada hace casi una legislatura por el cuatripartito y el descontento se ha instalado en la sociedad navarra al ver como se 'politizaba' el acceso a estas plazas de trabajo público.

De todos los departamentos, el de Educación, dirigido en primer lugar por el consejero José Luis Mendoza y después por María Solana, se ha erigido como la mayor 'casa de los líos' en una materia tan importante y clave como son las oposiciones.

En 2015, el consejero de Educación del Gobierno de Navarra, José Luis Mendoza, presentó a los sindicatos de la Mesa Sectorial la propuesta de aprobar una OPE de 425 plazas para los dos próximos ejercicios.

En concreto, en el año 2016 se convocarían 320 plazas de maestro (228 en euskera y 92 en castellano) y 14 de inspectores (siete en castellano y siete en euskera), confirmándose el sectarismo que desde ese momento iba a caracterizar al consejero navarro hasta su dimisión.

Inmediatamente, las reacciones no se hicieron esperar por parte de la clase política, así como de los sindicatos navarros que vieron una broma de mal gusto la convocatoria de un número tan elevado de plazas en euskera para una tierra en la que tan sólo el 7% de su población usa la lengua vasca.

Así arrancó una brutal campaña de firmas para evidenciar el rechazo de los ciudadanos ante esta propuesta de OPE educativa y el sector de la enseñanza comenzó a alzar la voz al verse como "los olvidados" de Mendoza.

Con el descontento de los afectados, el Gobierno foral decidió dar explicaciones. Así, la por entonces portavoz del Ejecutivo, Ana Ollo  culpó a Mendoza de "falta de pedagogía".

 "El propio consejero ha reconocido que las formas de presentación de la propuesta no han sido las adecuadas, quizá faltó explicar por qué se estaba haciendo", aseguró Ollo en una rueda de prensa. Sin embargo, esas supuestas 'malas formas' no invalidaron la propuesta presentada ya que, supuestamente, "estaba basada en informes y criterios técnicos". Unas explicaciones que no creyeron ni sus propios socios de Gobierno y que así se lo hicieron saber.

Pero Mendoza siguió 'en sus trece' y no dudó en culpar a su archienemigo, al Programa de Aprendizaje en Inglés, como responsable del elevado número de plazas en euskera.  "La propuesta presentada por el Ejecutivo es consecuencia de las malas aplicaciones del PAI por parte de gobiernos anteriores en la Comunidad foral", alegó en esa cruzada emprendida contra la lengua de Shakespeare.

Las polémicas oposiciones siguieron su curso y el consejero anunció que después de Navidad se aprobaría el decreto que iba a definir la OPE en sector de la enseñanza ahora bajo la sombra de la denominada 'lista única', que evidenciaba un trato de favor por parte del Gobierno a los vascoparlantes.

La falta de acuerdo dentro del propio cuatripartito hizo mella en el seno del Gobierno. Después de lanzar 'a bombo y platillo' que en 2016 cientos de profesores pasarían a ser funcionarios, las posibilidades de convocatoria se fueron mermando y un sindicato presentó el primer recurso de alzada ante las "graves deficiencias" de la convocatoria

Así se pasó 2016. Mendoza empeñado en sacar adelante unas oposiciones que no le gustaban más que al Gobierno y, por otro lado, los sindicatos pidiéndole al consejero que 'pisara el acelerador' para convocar oposiciones con unas bases diferentes.

En febrero de 2017, Educación se dio por vencido y decidió suspender la convocatoria de oposiciones de docentes de Secundaria. Pero el calvario aún no había acabado y el frente se abrió en relación a otra OPE ya celebrada y en la que se denunciaron "errores en las puntuaciones definitivas"

Después del verano, el Gobierno foral anunció una nueva 'lluvia de oposiciones' para profesores de Secundaria y Formación Profesional, así como la convocatoria de OPE para inspectores del departamento de Educación.

Sin embargo, este nuevo anuncio aún sin conocer especialidades fue acogido con cautela por los sindicatos del sector que volvieron a pedir el atraso hasta 2018 ya que las bases vaticinaban de nuevo la implantación de la 'lista única' que beneficiaba a aquellos candidatos con euskera.

De nuevo, el sindicato Afapna se lanzó a la carrera por recoger firmas en contra de esta nueva oposición por entender que iba a tener un "efecto llamada" al no haberse convocados en otras comunidades y, además, exigieron al departamento que anunciara las especialidades de las plazas.

Finalmente, el 21 de noviembre de 2017, el departamento ya dirigido por la consejera María Solana reculó y anunció el traslado de las oposiciones a 2019.

Así, con un carro de oposiciones aplazadas, el Gobierno del cuatripartito avanzó a finales de año las OPE previstas para 2018.

Unas oposiciones que iban a tener el mismo temario, pero se dotaba de mayor puntuación a la experiencia laboral lograda hasta la fecha. Sin embargo, en Navarra iban a ser de nuevo unas pruebas para maestros marcadas por el euskera a pesar de que el Gobierno foral puntualizara de que se trataba de un "reparto provisional".

Además, Barkos también anunció la convocatoria de más de 1.000 plazas para las denominadas oposiciones de estabilización.

PROBLEMAS CON EL CERTIFICADO DE APTITUDES PEDAGÓGICAS

La fecha del 23 de junio fue marcada por cientos de profesores en sus calendarios como el día en el que, por fin, la OPE de Secundaria iba a desarrollarse, pero hasta la fecha, los problemas siguieron creciendo dentro del departamento de Educación ahora por no exigir el Máster o Certificado de Aptitud Pedagógica, el antiguo CAP.

Además, Solana seguía apostando por dar un trato de favor a aquellos que hablaban euskera convocando dos exámenes a diferentes horas en lo que fue tachado de 'doble oportunidad' para que los vascoparlantes pudieran presentarse a ambas convocatorias y, no sólo eso, también reservó los mejores horarios para los ciudadanos que hablan euskera.

La fecha llegó y los resultados no se hicieron esperar: una 'escabechina' con menos aprobados que plazas disponibles. Unas calificaciones por las que hasta Bildu pidió explicaciones a su socio en el poder.

"Tras conocer los datos y reunirnos con varias personas que han participado en el proceso han recibido sorprendidos los suspensos y la diferencia que ha habido de un tribunal a otro", señaló la formación abertzale. Algo que también recriminaron algunos sindicatos como UGT, que recogió firmas para dotar a estos procesos de una "mayor transparencia y corrección".

MÁS PROBLEMAS CON LA NUEVA OPE DE MAESTROS PARA 2019

El sector de Enseñanza de UGT denunció que, en la primera reunión de la Mesa Sectorial, se incumplió la promesa de la Presidenta del Gobierno, que se comprometió a hacer un análisis y una reflexión para solventar los problemas de la convocatoria de la OPE docente de 2018.

“Lejos de cumplir esta promesa, en esa primera reunión se aportó la valoración del Departamento sobre la OPE, sin querer admitir el más mínimo contraste de opiniones”, añadió el sindicato. Y entre disputas sindicales por esta nueva convocatoria, el Gobierno de Barkos anunció la fecha de las últimas oposiciones para maestros, que se celebrarán el próximo 22 de junio de 2019.

De nuevo ahora la sombra del 'efecto llamada' planea sobre esta oposición también criticada por los sindicatos, que la han considerado recientemente como "el continuo correveidile" de la Administración foral ya que la manera nefasta de confeccionar este proceso merma la preparación de los aspirantes y dificulta su concentración para obtener buenos resultados y evitar otra 'escabechina'.


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