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El insulto definitivo: una celda en Pamplona reclamó que la sociedad empatizara con los asesinos etarras

Los partidarios de los terroristas, con el beneplácito del consistorio regido por Bildu, montó una cárcel simulada para humillar a los asesinados, extorsionados y secuestrados por los etarras.

Sare montó una celda en el paseo de Sarasate para que los ciudadanos pudieran empatizar con lo que siente un asesino etarra. ARCHIVO
Sare montó una celda en el paseo de Sarasate para que los ciudadanos pudieran empatizar con lo que siente un asesino etarra. ARCHIVO  

Ocurrió en los últimos días del 2018. Los partidarios de los asesinos etarras, involucrados bajo la denominación Sare, acabaron haciendo oídos sordos a todo el rechazo que se había mostrado de múltiples sectores desde que se anunciara lo que iban a organizar, precisamente en las fiestas de Navidad y en el centro de Pamplona. El edificio del Parlamento de Navarra fue testigo directo de uno de los mayores insultos que el colectivo de apoyo a los presos de ETA ha perpetrado contra la sociedad en los últimos tiempos. Frente al inmueble, en pleno paseo de Sarasate, montaron una celda con el infame objetivo de que los ciudadanos pudiesen meterse en ella y empatizar con lo que siente un asesino al estar encarcelado por sus crímenes.

Esta terrible humillación, como no podía ser de otra manera, contó con el beneplácito y el respaldo del partido que todavía hoy continúa sin condenar la violencia terrorista. El Ayuntamiento de Pamplona, regido por EH Bildu y con Joseba Asirón a la cabeza, autorizó que los seguidores de los etarras, los mismos que organizan eventos para recibirlos con honores de héroe cuando terminan sus condenas, insultaran a las víctimas con un acto deplorable.

El viernes 28 de diciembre, se colocó desde primeras horas de la mañana una celda de ocho metro de largo para reclamar a la población, tanto a los vecinos de Pamplona como a los múltiples visitantes en fechas tan concurridas, que se introdujera dentro para sentir en sus carnes la soledad que padece un etarra que ha cometido delitos de sangre. Al mismo tiempo, volvían a exigir que los asesinos se acercaran a cárceles de Navarra y el País Vasco. No solo eso, sino que de algunos se llegó a pedir directamente su excarcelación.

Una vez montada la celda, los organizadores pusieron en funcionamiento su maquinaria teatral y escenificaron un acto en el que un joven, con la parsimonia suficiente para tratar de dar a su labor un aura de trascendencia de la que carecía completamente, fue colocando en el suelo, junto a la celda, diversos carteles en los que se exponía la distancia en kilómetros de las prisiones donde los etarras condenados por arrebatar la vida a personas inocentes, por secuestrar o por extorsionar a la sociedad, cumplían sus penas.

Para completar el insulto, dos representantes de los presos verbalizaron que el objetivo del acto no era humillar a las víctimas, sino "acabar con la política penitenciaria, que vulnera los derechos de los presos y de sus familias". Uno de ellos era el exconsejero vasco de Justicia Joseba Azkarraga, que indicó que se había llegado a "una fase de urgencia", en la que había que "eliminar las medidas de excepción y conseguir un nuevo marco jurídico acorde con el proceso de paz".

Más allá, desde el colectivo de partidarios de los etarras se incidió en que había llegado el momento de los presos y que se necesitaba "llegar a una paz en la que todos sean vencedores", intentado blanquear el final de la banda terrorista y todo el sufrimiento que causaron los asesinos durante decenas de años.

REPULSA DE LAS VÍCTIMAS

Junto al Parlamento foral, las víctimas se habían reunido a la misma hora para mostrar su repulsa ante semejante insulto a la memoria de sus familiares fallecidos. Sin embargo, esa humillación no iba a terminar ahí, porque los defensores de los terroristas hablaron en su nombre, alegando que ellas les habían pedido que no se infligiera más dolor a los presos y que no se las manipulara. "Ningún partido debería patrimonializar el dolor de las víctimas", aseguraron.

No obstante, la verdadera respuesta de las víctimas era clara y diáfana, y sonaba muy alta pese a decirse en silencio. A 50 metros de la celda simulada, cientos de personas protestaron por la humillación que contra la memoria de los asesinados estaban protagonizando los partidarios de los presos. "Verdad, memoria, dignidad y justicia" se leía en la pancarta tras la que se manifestaron frente al atropello al honor de cientos de muertos a manos de la barbarie etarra.

Durante dos días (el 28 y el 29 de diciembre) se estuvo insultando a las víctimas desde el corazón de Pamplona y bajo el auspicio del consistorio de Asirón, que se escudó en argumentos técnicos para permitir que ese acto de humillación se celebrara en el centro de la capital navarra. Su equipo municipal votó en contra de una propuesta que UPN llevó a la Junta de Portavoces (y que contó con el voto a favor de los regionalistas y del PSN) para que se prohibiera el evento. Pero el político abertzale alegó que negarse al acto era un cometido de la Delagación del Gobierno en Navarra.

Sin embargo, desde UPN subrayaron que se había llegado a esa situación después de que la concejala de Seguridad Ciudadana y Convivencia autorizara el acto de los partidarios de los asesinos en el paseo de Sarasate. El cuatripartito rechazó la propuesta sirviéndose de la excusa puesta por Asirón, cuando era más que evidente que el alcalde podría haber actuado con muchísima más sensibilidad hacia las víctimas de ETA. Pero, de nuevo, los abertzales y, con ellos, los miembros de la marca blanca del PNV en Navarra, volvían a colocarse en el lado contrario al de las víctimas.

PROTAGONISTAS DE LA HUMILLACIÓN

No fueron los únicos que prefirieron mostrar a la ciudadanía que se colocaban en el lado de los asesinos. Por la celda simulada instalada en el paseo de Sarasate fueron pasando diversos personajes públicos, anunciados en la página web de la organización del acto, en la que se destacaba a Julio Soto (bertsolari), Anabel Arraiza (actriz), Maider Ansa (cantante); a organizaciones como LAB, ELA, Hiru, Steilas, EH Bildu, Salhaketa, Etxerat o Sortu; o a trabajadores de medios de comunicación afines como Reyes Ilintxeta (Euskalerria Irratia), Joseba Santamaria (Diario de Noticias), Joxerra Senar (Berria), Martxelo Diaz (Gara-Naiz), Miguel Ángel Llamas Pitu (Ahotsa.info).

Faltaba, sin embargo, la política de Navarra que ha demostrado varias veces en esta legislatura defender a los que emplean la violencia e infringen la ley. La parlamentaria de Podemos Laura Pérez (que también se puso del lado de los radicales que ocuparon en Pamplona el palacio del Marqués de Rozalejo) también entró dentro de la celda para participar en la humillación a las víctimas de ETA. Lo hizo, además, justo en el momento en el que muchas de ellas se concentraban junto al Parlamento de Navarra para mostrar su indignación ante la infamia y el insulto, uno de los peores lanzados desde la órbita de los asesinos etarras durante los últimos años.


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