• viernes, 27 de enero de 2023
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COMERCIO

Maramor, el rincón de Pamplona que esconde joyas hechas con flores navarras

El matrimonio compuesto por Mara Morais Marques y Juan José Arizaleta elabora joyas con flores recolectadas en campos y bosques de Navarra

Mara Morais y Juan José Arizaleta crean joyas con flores navarra. IRANZU LARRASOAÑA
Mara Morais y Juan José Arizaleta crean joyas con flores navarra. IRANZU LARRASOAÑA

Desde pequeña, a Mara Morais Marques le han obsesionado las miniaturas. Natural de Brasil y después de vivir dos décadas en México, llegó a Pamplona hace cinco junto a su marido, Juan José Arizaleta, mexicano pero de padres navarros. Cuando recaló en la Comunidad foral, a la brasileña le sobrecogió su paisaje. "¡Es tan verde!", comenta. Por aquel entonces iba mucho de acampada con su marido y sus dos hijos. "Mientras los chicos jugaban al fútbol, yo pasaba el rato observando las flores", rememora.

Encontraba flores muy chiquititas: "Me parecían mágicas". Le llamaban tanto la atención porque en Latinoamérica no es habitual encontrarlas. "Al tener un clima tropical, la flor suele ser muy grande", explica su marido. A Morais le apenaba que la gente no apreciara esas pequeñas flores: "No reparaban en esa belleza tan minúscula y las pisaban".

Por eso, empezó a recogerlas y secarlas para colocarlas en frasquitos. Arizaleta llevaba muchos años trabajando la resina y esculpiéndola. Un día, a su mujer se le pasó por la cabeza que podían combinar ambos mundos. "Empecé a jugar un poco y saqué un par de cositas que le encantaron", afirma ella. Aunque solo se trataba de un hobby, pensó en vender alguna de las piezas en bazares. En el primero les fue mal. Pararon muy pocas personas a preguntar por estas joyas, pero las que lo hicieron compraron. Y eso animó al matrimonio a seguir intentándolo. 

Morais no quería que sus joyas llevasen químicos. Así que en esa época dedicó medio año a estudiar la resina hasta dar con una ecológica. "En el segundo bazar nos fue genial y nos quedamos muy contentos con el cariño que recibimos de la gente", relata. Poco a poco, en su cabeza fue fraguándose la idea de establecerse en un local propio

Las joyas de Maramor combinan flores naturales y resina ecológica. IRANZU LARRASOAÑA
Las joyas de Maramor combinan flores naturales y resina ecológica. IRANZU LARRASOAÑA

"Lo vimos pequeñito y en un lugar que nos gustaba". Se decidieron a alquilar este local, ubicado en la calle Mercaderes de Pamplona, en diciembre de 2019. "Teníamos la idea de reformarlo y abrir a principios de 2020", asegura Arizaleta. Sin embargo, la tienda, que recibe el nombre de Maramor, ha permanecido cerrada mucho más tiempo del esperado. Ya en enero de ese año empezaron a escuchar hablar del coronavirus. "La cosa iba a peor y nos empezamos a plantear si abrir o no". Cuando estaban a punto de inaugurarla, llegó el confinamiento.

Después, levantaron la persiana con la expectativa de cómo sería la acogida tras la pandemia. Pero su odisea no acaba ahí. A finales de 2020, a Morais le diagnosticaron cáncer de mama. "Otro año cerrados", lamenta. Aún así no dejó de crear. "Lo poco que llegaba a hacer, lo vendía por internet", confiesa. Ahora está convencida de que 2022 será su año. "Nada nos puede tumbar", le dice a su marido. 

Precisamente, esa fuerza interior le empujó a volver a perseguir su sueño apenas terminó el tratamiento. "Mi última quimioterapia fue en mayo y abrimos en junio", constata. "Entonces, mi marido ya no tenía que estar tan pendiente de mí. Así que podía compartir tiempo entre estar en la tienda y en casa ayudándome con los niños".

JOYAS ÚNICAS

El proceso de creación de cada una de las joyas de Maramor es complejo y se alarga durante días. Primero, hay que buscar las flores. "Después de tres años, ya conozco zonas de Navarra donde puedo encontrar determinadas especies en momentos concretos del año. Lo tengo todo apuntado", señala Morais. Incluso ha incorporado setas en algunas de sus creaciones. "Recolectas y, a lo mejor, salen cincuenta piezas, pero hasta el año siguiente no hay más", apunta. 

Después, empieza un proceso de secado que puede llevar entre dos días o dos semanas. "Depende el tamaño de la flor", especifica. Tras limpiarlas con una brocha, se encapsulan en los moldes. Se trata de uno de los momentos más delicados del proceso: "A la hora de incorporar la flor a la resina, dependiendo del tipo de flor, hay que hacerlo por capas para evitar que se marchite". Entonces se deja secar entre uno y cuatro días. Solo al final, su marido las pule y les da la forma con la que se colocan en los enganches. "Las partes metálicas las trabajamos con plata de ley y plata bañada en oro", destaca. 

En la tienda de Mercaderes también se pueden encargar bloques para conservar los ramos de novia. IRANZU LARRASOAÑA
En la tienda de Mercaderes también se pueden encargar bloques para conservar los ramos de novia. IRANZU LARRASOAÑA

A finales del año pasado, a Arizaleta se le ocurrió ofrecer también la posibilidad de incorporar fotografías en algunos de los colgantes. La iniciativa ha sido un éxito. "Hicimos una prueba y nos gustó. Estamos teniendo bastantes encargos", agradece él. En cuanto a la venta por internet, reconoce que en ocasiones se complica. "A veces, nos piden piezas que han visto en la web o Instagram y ya hemos vendido". En esos casos, si tienen la misma flor, Morais intenta elaborar una similar. "Nunca quedan exactamente igual, pero sí parecidas”.

Otras veces, son los clientes los que les traen las flores. Y esas son las joyas con las que más disfruta Morais. No olvida a su primera clienta, una mujer que recogió flores el día de su pedida de mano con la intención de quedarse el ramillete de recuerdo. "Cuando conoció nuestro trabajo, nos pidió que hiciéramos con esas flores unos pendientes para el día de la boda y también algún accesorio para las damas de honor", recuerda. Se acabó casando dos años después porque la pandemia le obligó a retrasar la boda. Pero ese día, Morais recibió un mensaje suyo: "¡Mira Mara! Por fin los puedo estrenar!", rezaba. Además, con el ramo de la boda encargó varias piezas para su madre y su suegra. 

"Otra chica, que vino de vacaciones desde Cataluña, nos vio y unos meses después regresó con flores del jardín de su abuela. Se hizo un colgante y unos pendientes para su hermana". Morais pone especial cariño en esas piezas porque entiende que encapsulan un sentimiento. Y pone un ejemplo: "Un collar de hortensias para mí puede ser bonito, pero para otra persona puede significar mucho más. Le viene a la mente otro caso. Es el de una vecina de Pamplona procedente del sur de España. "En una ocasión, nos compró veinte piezas elaboradas con esta flor porque le recuerdan al jardín de su casa cuando era pequeña". No ha dudado en lucirlas porque, cada vez que Morais se ha cruzado con ella en la calle, llevaba puesto algo de Maramor. 

Morais se refiere a su trabajo como "una terapia". De hecho, cada día se levanta emocionada por ir a trabajar. "Espero que esto dure mucho tiempo", desea con todas sus fuerzas. Y revela que no lo pide porque aspire a hacerse grande: "Lo que quiero es compartir un poco más de esta alegría con la gente".


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