• lunes, 04 de julio de 2022
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COMERCIO LOCAL

60 años de las coronillas de Torrano en Pamplona: "La clave es dar la máxima calidad"

José Torrano abrió una pequeña tienda de dulces y caramelos que continuó su hijo Josetxo y ahora dirige Gersán Valdés.

Gersán Vargas en la pastelería Torrano en la calle Castillo de Maya de Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY
Gersán Valdés en la pastelería Torrano en la calle Castillo de Maya de Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY

La historia de la pastelería Torrano en Pamplona está unida a las famosas 'coronillas' que conocen todos los pamploneses desde los años 60.

José Torrano abrió en 1960 una pequeña tienda de dulces, bollos y caramelos en el segundo ensanche, en la calle Castillo de Maya. Se llamaba 'Dulces Torrano'. Con el paso del tiempo se hicieron famosos los pasteles de hojaldre y sobre todo las coronillas que cogieron fama entre todos los pamploneses.

Ya en la antigua Radio Requeté de Navarra, actual Radio Pamplona Ser, patrocinaban algunos programas como micrófono infantil con el popular locutor Don Goyo dando como premio unas coronillas de Torrano a los chavales que participaban en los concursos.

La prensa navarra recoge un anuncio el 22 de enero de 1961 en el que se puede leer lo siguiente: "Dulces Torrano, hoy domingo apertura. pastelería fina, postres de encargo, fábrica de caramelos, coronillas riquísimas".

Las riendas del negocio las tomó el hijo de José Torrano, Josetxo, en 1988. Continuó trabajando en la misma línea de su padre bajo el nombre de 'Pastelería Torrano'. Josetxo se jubiló en el año 2011 y el negocio se traspasó. Acudió a la llamada el asturiano de Oviedo Gersán Valdés, que procede también de familia pastelera.

Interior de la pastelería Torrano en la calle Castillo de Maya en Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY
Interior de la pastelería Torrano en la calle castillo de Maya en Pamplona, IÑIGO ALZUGARAY

Su bisabuelo fundó la pastelería Gersán en Pola de Laviana (Asturias) en 1912, aun en funcionamiento. En 1946 sus abuelos se trasladaron a Oviedo y abrieron la 'Pastelería Asturias' que, bajo la dirección de su padre, se convirtió en uno de los actuales templos del dulce en la capital asturiana.

Los clientes que entran ahora en la pastelería Torrano encuentran un local más amplio que el antiguo, ya que en 2019 se añadieron unos metros hacia la calle Amaya donde ahora hace esquina. Más acogedor, más luminoso, más moderno, con más sitio y mesas para sentarse y disfrutar de un buen rato con el café con leche y los dulces.

Gersán Valdés tiene 56 años. Ha explicado a Navarra.com cómo fue su llegada a Pamplona: "Llegué a Pamplona en el 97 trabajando en Magnesitas Navarras y a caballo entre Pamplona y Asturias con una empresa de impermeabilizaciones y otra de mantenimiento de equipos de electricidad en los hospitales".

"Ya me cansaba tanto viaje y me enteré que Josetxo Torrano traspasaba la pastelería y como yo soy de familia de pasteleros desde mi bisabuelo ayudando en casa un día vine a hablar con él. Me lie la manta a la cabeza y al final llegamos a un acuerdo. Estuve unos meses trabajando con él para ver cómo funcionaba la pastelería y no dar un salto muy brusco a la hora de cambiar y así empezó todo".

Exterior de la pastelería Torrano en la calle Castillo de Maya en Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY
Exterior de la pastelería Torrano en la calle castillo de Maya en Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY

"Yo sigo siendo asturiano y ovetense, y del Real Oviedo", asegura con orgullo. "Al principio cambiamos muy pocas cosas en la tienda porque la clientela era muy tradicional. El café no me gustaba y quería cambiarlo. Había mucho torrefacto y lo quería eliminar, pese a que hubo muchas quejas", asegura Valdés.

"Queríamos cambiar un poco la imagen del local. Quedó libre una esquina, cogimos dos locales y los juntamos. Sobre todo la mentalidad sería partir de cero aunque perdiera la clientela".

Gersán Valdés tiene muy claras sus ideas en este negocio: "La clave es dar la máxima calidad, buen producto y hacer algo en lo que yo creo. Yo te vendo lo que yo me llevo para mí casa. Más no puedo demostrar. Si no soy capaz de hacerlo no lo hago. Ahora ya hemos aprendido y lo hacemos nosotros casi todo", explica. 

"Fue un cambio de mentalidad absoluto. Máxima calidad aunque tengamos que subir precios. No estoy dispuesto a dar algo en lo que no creo. Lo único viable para este tipo de negocio es ser el número uno en calidad y en buen producto", indica Gersán Valdés.

Coronillas, bombas y cruasanes a la vista de los clientes en el interior de la pastelería Torrano. IÑIGO ALZUGARAY
Coronillas, bombas y cruasanes a la vista de los clientes en el interior de la pastelería Torrano. IÑIGO ALZUGARAY

Nos explica un pequeño secreto de las famosas coronillas de Torrano: "A las coronillas les hemos cambiado alguna cosa. El hojaldre es de mantequilla, que es más saludable que la de manteca de cerdo, si no es natural, y en esa línea intentamos que el cambio sea lo menor posible, que se mantenga el sabor y la forma del hojaldre".

En cuanto a la respuesta de los clientes, asegura: "Estamos contentos. Con el Covid-19 al principio nos asustó un poco. Hubo que cerrar y el susto fue gordo, pero la gente respondió muy bien. Vendimos muchísimo café para llevar".

"En cuanto abrimos de nuevo la gente está viniendo y volviendo. Se demanda mucho el pastel jesuita de toda la vida y las milhojas. La gente más joven va a los mushers de chocolate, de limón y de queso y también tenemos clientela de productos veganos, así como las tostadas".

"Sigue habiendo algún recelo con el Covid, pero ya estamos muy cerca de volver a la normalidad. En cuanto al relevo en el negocio estamos trabajando para que sea dentro de la casa", asegura el responsable de la pastelería.

Gersán Valdés también es el propietario de la pastelería Larramendi desde 2018: "Necesitábamos un obrador y Víctor Larramendi quería traspasar el negocio. De esta forma podemos suministrar arreglando los temas logísticos. Estamos en marcha funcionando perfectamente".

Además de Valdés, hay cinco empleadas en la pastelería: Mónica, Débora, Tania, Cintia y Esther, "que es una institución, incluso más que las famosas coronillas, porque lleva casi 40 años en la tienda".


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