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CENTENARIO OSASUNA

“Boooosme, Boooosme”: cuando el ídolo de la afición rojilla era un delantero canario chiquito con bigote

Jugó cinco temporadas con el equipo rojillo, de 1974 a 1978, en plena travesía del desierto entre segunda y tercera división.

Bosmediano presionando a la defensa visitante en El Sadar. Cedida.
Bosmediano presionando a la defensa visitante en El Sadar. CEDIDA.

Antonio Rodríguez Bosmediano (Las Palmas, 20 octubre 1948), ha sido uno de los jugadores más queridos por la afición osasunista que pedía su presencia en el campo y coreaba sus goles al grito de “Booosme, Booosme…” en los años más duros con el equipo deambulando entre la segunda y la tercera división.

Su estilo no tenía nada que ver con el típico jugador canario de calidad en las piernas y poca lucha. Todo lo contrario. Era pequeño de estatura con 1,62 metros, pero peleaba como un loco al estilo “Chimy Ávila” con su melena característica, parecido a Aridane, y con su bigote que era habitual en muchos jugadores en aquella época de los años setenta.

Llegó al club navarro procedente del Tudelano en el mes de enero de 1974 con 25 años. Su debut fue el 5 de enero de 1974 en el partido Levante-Osasuna (0-1). “Creo que lo hice bien. Sin embargo no pude terminarlo por tener una pequeña contractura muscular. Noté el cansancio”, comentaba al término del partido.

“En Tudela solo entrenaba tres días por semana. Ahora lo hago todos los días y la cosa va mejor. Aunque mi puesto es extremo, me gusta correr toda la línea delantera. No me explico que ocupemos el último lugar. Hay buena gente. Estoy convencido de que saldremos hacia arriba”, señaló. Pero el equipo terminó la liga descendiendo a tercera.

Su mejor recuerdo son los cuatro goles que le marcó al Baracaldo (6-2) en El Sadar el 12 de octubre de 1977. Tras el partido manifestó: “En los goles ha habido facilidades por parte de la defensa y creo que supe aprovecharlas bastante bien. En el cuarto yo centré muy fuerte la pelota, fue a rechazar un defensa y se la metió. A medida que Iba marcando los goles me iba animando. Dani también es pequeño y mete goles”.

Bosmediano intenta el remate de cabeza ante la defensa del Baracaldo en El Sadar.

La crónica periodística del momento elogiaba al delantero canario y le señalaba como “el arma secreta” del técnico García Verdugo: “A la hora de lo verdad, el canario salió y además triunfó. Es realmente admirable que con su pequeña estatura lograra tres goles de cabeza metiéndose con habilidad entre la defensa vizcaína. Intervino también en el cuarto tanto al ser desviado su centro-chut por Abiega. Pero además de meter los goles Bosmediano jugó francamente bien”.

El último partido que jugó fue el Osasuna-Murcia (3-0) en Pamplona el 12 de mayo de 1978. Saltó al campo en lugar de Ostívar en el minuto 74 de juego. Tras el partido y con la permanencia rojilla asegurada en Segunda, el canario ya atisbaba que sería baja el 30 de junio y dejaría el club.

“No sé si será mi último partido ya que eso tiene que decidirlo la directiva. De todos modos quiero decir que la afición es maravillosa y que me he emocionado cuando ha comenzado a gritar mi nombre. La verdad es que no esperaba tanto. El resultado final debió de haber sido de cuatro o cinco a cero a nuestro favor”, reflexionó en su último partido con la camiseta rojilla. 

Bosmediano regresó posteriormente a su Las Palmas natal donde regentó, hasta su jubilación, un negocio de hostelería “Casa Ñoño”, donde se venden los mejores bocatas de calamares de la isla, en la playa de las canteras de la capital gran canaria.

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Publicada por Islanders en Viernes, 25 de noviembre de 2016


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