Colaboradores

Hace unos pocos días mi hijo de cinco años regresó del colegio muy contento, me contó que sus profesoras Marta y María habían formado un club y que toda su clase formaba parte de él. 

Ayer me tomé un café en el el café Lisboa. Me senté en la barra y el camarero me vio jodido y en vez de un corazón en la taza me dibujó una castaña. Por el otoño y tal, me dijo, te pega más con esa cara mustia, me soltó el jodido imbécil.

Cada vez que se decía o se intentaba decir que en algunos colegios o institutos se educa en el odio hacia quienes no piensan de una determinada manera, el entorno radical abertzale echaba balones fuera y tachaba estas afirmaciones de mentiras y exageraciones.

Creo, porque soy optimista, o quiero creer, porque soy posibilista, que habrá grandes pactos en esta Legislatura que se ha iniciado de forma irregular, pero con vocación de permanencia. 

Rita Barberá era todo un carácter, una política de armas tomar, sin pelos en la lengua a quien le gustaba llamar a las cosas por su nombre sin aderezos fatuos. 

Algunos dirigentes del PP intentan cargar sobre los medios la responsabilidad moral de la muerte de Rita Barberá, pero la realidad es más compleja. 

Las declaraciones del empresario navarro Antonio Catalán donde dice que si hay que "ganar más a base de sacrificar al personal prefiero que ganemos menos" han sacudido las redes sociales.