España no es un país corrupto

Escribía recientemente Enric González en el diario "El Mundo" una columna de opinión titulada "La gente", donde abordaba el fenómeno de la corrupción en España y decía, entre otras cosas: “No hagamos tantos aspavientos, porque quizá las personas decentes son minoría”.

Su opinión provocó airadas reacciones en muchas personas, acostumbradas a llamar corrupta a toda la clase política, olvidándose del resto de la sociedad, como si los políticos fueran una especie distinta. Es cierto que algo de razón tiene Enric González, puesto que la corrupción, a lo grande o en forma de triquiñuela, anida allí donde hay personas y dinero, y afecta a albañiles, políticos, periodistas, abogados, empresarios, sindicalistas, camareros, etc.

Pero en mi opinión, viviendo en persona la realidad de otros países, no se puede decir tan alegremente que España es un país corrupto, puesto que en nuestro país la corrupción está socialmente mal vista, se denuncia, principalmente en los medios de comunicación, se persigue, se detiene a gente, se juzga, etc. Algo que es impensable en naciones como México o Argentina, en los que la corrupción es algo instalado en todas las esferas sociales, hasta el punto de no ser conscientes o no distinguir ya si algo es corrupto o no.

Sirva como ejemplo una conversación personal hace unos meses en el país azteca con una madre de familia de clase media. Me preguntaba si el expresidente Zapatero había robado mucho durante su mandato, a lo que respondí que no, que los presidentes de gobierno en España no robaban y además es muy difícil que roben. Su respuesta fue, en forma de pregunta: “¿Y entonces qué interés tenía en ser presidente?” Es decir, no conciben que un político no robe y, si por lo menos “hace hospitales, carreteras, etc.”, queda exculpado. El drama, de muy difícil solución llegados a este punto, es que la realidad es así.

Como se quedaron boquiabiertos unos amigos, sin entender absolutamente nada, cuando les conté el caso del concejal Ignacio Polo, que todos conocemos, y su ejemplar reacción pidiendo perdón y renunciando a todos sus cargos públicos. Algo imposible en otros país, que ni siquiera se les pasa por la imaginación.

Por todo esto, en los medios de comunicación mexicanos se pone a España como ejemplo de lucha contra la corrupción, de independencia y eficacia policial, de indignación ciudadana cuando se destapan casos, etc. Por eso creo que España no es un país corrupto, ni mucho menos, aunque sí urge tomar medidas anticorrupción más eficaces y castigos más contundentes.

 

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