Diego Martínez juega a mínimos

Osasuna no crea una sola ocasión porque no juega a ganar, da por bueno un punto en su campo ante un rival directo, y no se comporta como el equipo norteño que se le supone por tradición en un partido que lo pedía  a gritos

Diego Martínez, durante el partido entre Osasuna y Granada en El Sadar,
Diego Martínez, durante el partido entre Osasuna y Granada en El Sadar,

Tarde lluviosa, dos rivales directos al ascenso en un terreno de juego no embarrado pero rápido, guión perfecto para una tarde de fútbol norteño, además en horario clásico, a las seis.  El Granada estaba claro que no se ajustaría a la previsión de intentarlo por fuerza en lugar de por técnica.

Se trata de un equipo ágil, veloz y con gol. Sin embargo, a un Osasuna de hechuras clásicas  sí se le habría exigido ese empuje, esa brega, esa lucha necesaria para imponerse a las circunstancias adversas del temporal y la calidad del contrario. A un equipo andaluz, nazarí para más señas, no se le puede pedir un comportamiento norteño, pero a uno navarro se le supone ajustarse a ese guión y no justificar la pérdida de dos puntos en las inclemencias del tiempo. Ni una tarjeta amarilla enseñó el a los rojillos el árbitro canario Juan Luis Pulido. Tampoco la merecieron. Tacones en vez de tacos.

Diego Martínez aseguró que los dos equipos salieron a ganar, y no es cierto. Los dos querían ganar, eso sí, pero sin poner los medios adecuados para ello. Ambos hicieron un partido muy táctico, con choque de trenes en el centro del césped, sin salir para nada de la parcela central ni pisar área bajo ningún concepto, porque más importante era que el rival no la pisara que hacerlo cada cual. A pesar de todo, los nazarís trazaron un fútbol más veloz, intencionado y dominador, donde Machís apareció al final. En cambio, en Osasuna no sobresalió nadie, a excepción del trabajo defensivo de Lucas Torró. En un contragolpe de libro durante los minutos finales, Miguel de las Cuevas tuvo que parar el balón mientras se reconstruía la alcazaba granadina, porque no veía compañeros que se ofrecieran en ataque. 

En el otro lado, algo más de lo mismo, pero con diferente semblante. Los chicos de José Luis Oltra se hicieron más poseedores del balón y, sobre todo, más generadores de juego, aunque con demasiadas salvaguardas . Trazaron alguna jugada al menos, mientras que los de Diego Martínez ni una. Duele decirlo, pero Osasuna no contabilizó ni una sola elaboración, a excepción de la consabida del gol anulado.

Otro dato: los granadinos realizaron sus tres cambios a cámara lenta, hecho que no esconde su complacencia con el empate, pero es que Osasuna ni siquiera los agotó. El técnico gallego hizo el primero por lesión de Sebas Coris, todo un espectador de lujo, y culminó con el de David Rodríguez  por Xisco. Ninguno más. Debía estar satisfecho con el empate.

Decepcionó Diego Martínez. Sumó su cuarto empate, sin tratar de darle la vuelta. Se amilana. Justifica la igualada porque no sale a por la victoria. Está a la defensiva también en las ruedas de prensa post partido. Habla de las virtudes del contrario porque no trata de imponer las suyas. Juega a mínimos. Está bien sumar un punto en Zaragoza o Tenerife, pero algo falla al dejar escapar cuatro seguidos en casa ante Barça B y Granada, a quien regaló el liderato.

Ni siquiera presentó una variable para intentar algo diferente. Sigue con sus catorce habituales, descartando a todos los demás. Los jugadores cantan las excelencias del técnico, cosa lógica. No se conoce en la historia del fútbol un jugador que haga lo contrario si tiene ambiciones de jugar. Sin embargo, a falta de Fran Mérida, por ejemplo, ¿dónde están los Otegui y compañía para intentar una estrategia diferente en el asalto de la fortaleza nazarí?

Aunque esto no ha hecho sino empezar, es un hecho que avanza la competición y las cartas de cada cual se aclaran. En Osasuna asoman dos caras, la del equipo alegre y combativo o la del huraño y especulador. Se trataría de compensar ambas. Ir a por todas en casa y a sumar fuera, por ejemplo.  Sin embargo, Diego Martínez abusa de la segunda, de la más huraña. No pierde, pero tampoco suma como debiera.

Un repaso a los partidos disputados lo demuestra. Son más los empates que debieron terminar en tres puntos que al contrario, sin olvidar la única derrota sufrida en León por los mismos motivos. Además, juega con una plantilla de catorce jugadores cuando dispone de 25, es decir, variables tiene para intentar cosas diferentes, pero prefiere partidos tan planos como la visita nazarí. Muy tácticos y todo lo que se quiera, pero absolutamente insoportables, y menos bajo la lluvia, que también afectó a los más de quince espectadores presentes en El Sadar. Para nada merecieron tal trato bajo semejante temporal.

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