Osasuna gana sin jugar bien… pero gana

Sumar tres puntos sin argumentos futbolísticos suficientes es lo más importante para lograr un objetivo tan ambicioso como el ascenso.

El rojillo Quique González no celebra el gol del empate contra el Almería, su exequipo, que ha anotado en El Sadar. LFP
El rojillo Quique González no celebra el gol del empate contra el Almería, su exequipo, que ha anotado en El Sadar. LFP

La victoria de Osasuna ante el Almería la explican tres aspectos. El primero, la salida de De las Cuevas, el segundo el paso adelante que ordena el técnico Diego Martínez arriesgando con una defensa de tres para poner dos extremos, y la actitud del Almería a lo largo del partido. Hasta que les remontaron, los andaluces solo habían tirado a puerta en el gol, y ya era tarde para cortar la hemorragia festiva que embargaba a la grada de El Sadar.

Pese al pésimo partido que brindaron los pupilos de Diego Martínez durante más de una hora, sin cuajar ni una jugada, sin tirar una vez a puerta en esa segunda parte, la afición se marchó contenta. Y es que ganar cuando no se juega bien es lo realmente difícil, y cuando la victoria llega al final sabe mejor.

Osasuna jugó cinco primeros minutos vibrantes, obligando a lucirse al portero almeriense, René. A partir de ahí fue desapareciendo poco a poco, en la medida que se veía envuelto por el juego de los hombres de Ramis, que se erigieron dueños absolutos del balón y ejercieron de controladores del partido. Su posición táctica mandaba, mientras uno de sus hombres, el ex valencianista Tino Costa, llevaba la batuta del juego, excelentemente apoyado a su izquierda por el autor del gol, Fidel. Así transcurrió el partido desde el minuto diez hasta el setenta. Una hora absolutamente soporífera en la que Osasuna quería pero ni siquiera lograba hacerse con el balón.

Efectivamente a Osasuna le cuesta un enormidad jugar como aparentemente desea. El técnico Diego Martínez premió a con la titularidad, como hizo con Mateo tras la Copa, a los destacados de Vallecas, pese a salir avanzada la segunda parte: a Fran Mérida, que le movió el equipo, y a Xisco, autor de dos goles en apenas siete minutos. Sin embargo, no es lo mismo jugar con ventaja contra un rival volcado al ataque y deja espacios atrás, que empezar de cero ante otro que viene bien armado a defenderse.

Los rojillos permanecieron entregados al Almería hasta el tramo final, incapaces de zafarse de su presión o contrarrestar su juego, ni de enlazar tres pases verticales, o pisar área. Funcionaba Torró como pivote defensivo y destacaba el trabajo de Fran Mérida a la vez que resultaba insuficiente para mover un equipo plano, lento, previsible, atrancado en el centro del campo, sin juego por bandas. Cuando buscaba a quien pasar, casi nadie aparecía, el que menos Quique. En definitiva, un 4-4-2 inofensivo con Roberto Torres en la banda derecha, donde sigue sin funcionarle. Tampoco lograba moverse Mateo en la izquierda pese a intentarlo de veras.

Había que romper la dinámica o el Almería se llevaría los tres puntos. El técnico se la jugó y acertó. Le salió bien su apuesta. Primero cambió a Torres por Coris para dar más profundidad a la banda derecha, a la vez que ordenaba una defensa de tres con Oier-Aridane-Lillo, colocando igualmente un extremo en la izquierda, Clerc. Segundo, sacó a De las Cuevas con libertad de movimientos, pero con la condición de que rompiera el control rival del balón, algo que además dio oxígeno a Fran Mérida, que ahora sí podía echarse al equipo encima como intentó los 69 minutos anteriores. El partido cambió por completo.

Decíamos que el Almería también colaboró. El a-b-c del fútbol dice que cuando un equipo se adelanta y tiene el partido controlado, o lo mata o se arriesga a caer víctima de un jugadón o de un fallo cualquiera. Así le ocurrió al conjunto de Ramis. Resulta francamente difícil ganar un partido tirando una sola vez a puerta. El Almería solo pisó área en el gol. Creyó que sería suficiente, pero una gran jugada comenzada en un robo de balón de Fran Mérida pleno de rabia y posterior conducción hasta Quique adelantó a Osasuna, y seis minutos después, en medio del delirio total de la grada, un fallo defensivo propició el gol de la victoria. Además, en lugar de volver al esquema anterior, Diego Martínez siguió apostando por la defensa de tres para mantener al Almería en su campo, entre otras cosas porque estaba fundido y sin su organizador Tino Costa.

Poco más historia esconde la primera victoria liguera en El Sadar, celebrada por la grada como si de un título europeo se tratara. El aficionado quiere disfrutar y nada mejor que los tres puntos para volver feliz a casa. Las victorias hacen olvidar todo lo malo, que sigue abundando pero huele menos cuando la pelotita llega a la red. En una semana plagada de números que parecen convertir a Osasuna en la banca del deporte navarro, algo que ya disfruta el Xota, la devaluación del patrimonio sigue su curso con la depreciación de la cantera. Ante el Almería volvieron a jugar solo dos canteranos (Oier y Torres) y acabó el partido solo uno. Y Aitor Buñuel sin entrar siquiera en la convocatoria. Y Fran Canal sigue igual, sin dar explicaciones.

Te puede interesar
  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.